Aria permanecía tranquila, observando a los invitados. Sabía que, en su vida anterior, aquel banquete había sido el inicio de su desgracia.
De pronto, una voz firme rompió el murmullo del salón.
—¿Me concedería este baile, señorita Roscent?
Aria levantó la vista.
Frente a ella estaba el príncipe heredero, con una expresión serena y una mano extendida hacia ella.
Los nobles quedaron atónitos.
—¡El príncipe ha invitado a bailar a Aria!
—Eso nunca había ocurrido…
Mielle apretó los puños bajo su vestido, ocultando su enojo tras una sonrisa.
Aria aceptó la invitación con una elegante reverencia.
—Será un honor, Su Alteza.
Mientras bailaban, el príncipe habló en voz baja.
—He escuchado muchos rumores sobre usted, señorita Roscent.
Aria sonrió con calma.
—No siempre los rumores cuentan la verdad.
El príncipe la miró con interés.
—Eso mismo pensé al conocerla.
Desde el otro extremo del salón, Mielle observaba la escena con los ojos llenos de celos.
—¿Por qué todo está cambiando? —pensó—. Ese baile debía ser mío.
En ese instante, recordó que si no podía controlar a Aria con engaños, tendría que recurrir a métodos mucho más peligrosos.
Cuando terminó la música, el príncipe besó cortésmente la mano de Aria.
—Espero volver a verla muy pronto.
Aria sintió que el futuro acababa de desviarse aún más de lo que imaginaba.
Y, entre la multitud, alguien sonrió en silencio… preparando el siguiente movimiento contra ella.
Continuará...