The Academy

02: ¡Por favor, Mall! ¿Qué te puede pasar?

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— ¡Por favor, Mall! ¿Qué te puede pasar?

— A ti no te van a castigar, Ryder.

— En serio, no pasará nada. Es tu cumpleaños y quiero darte un detalle. ¿Lo vas a rechazar?

— Si no fuera porque nos vamos a ir a otra región, con gusto lo aceptaría.

— Cálmate, Terra no está tan lejos si sabes cómo llegar. Además, ¿Cuántas almas has cazado últimamente?

— Ninguna. No me dejan salir de mi casa.

— Pues ¡Este será tu festín! Sabes que un demonio sin almas no es un demonio.

— Pero yo no las necesito.

— Vamos, amigo, ¿Ahora la sangre de Uriel te mantiene puro? No sé tú, pero 80 es más que 20. Además, ¡Hay de todo! Puedes escoger lo que más te apetezca. Cualquier demonio quisiera esta oportunidad.

Ahí está mi primer problema: yo no soy cualquier demonio, porque no quiero serlo. Estoy seguro de que Lucifer quedaría encantado con la noticia, ya que en total solo tengo tres almas recolectadas, las que mi padre me hizo cazar para aprender cómo se hace, y lo odie desde la primera vez.

— Digamos que acepto y nos descubren, ¿Qué harás si me castigan?

— Yo soluciono eso, tú no te preocupes. ¿Acaso olvidas quién es mi padre?

— El conde Aedan, ¿Quién podría olvidar ese nombre?

Así como entre los reyes hay jerarquía, también entre condes y marqueses, y el padre de Ryder, Daelan Aedan, era el primero de todos. Destacaba no solo por su apariencia atractiva y su increíble lealtad hacia Mammón Brielle, el duodécimo rey demonio, sino también por su gran dote de manipulación y chantaje.

— No me dejarás tranquilo si me sigo oponiendo, ¿Verdad?

— No.

— Te hago responsable de todo lo que pase.

Y con los ojos brillantes ante mi respuesta, me desvié de mi rutinario camino, dejando que Ryder divagaba acerca de lo que podría llevarme y su opinión respecto a esa pequeña zona de la Terra a la que iríamos.

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— No creo que esto sea seguro — Dije, mirando la enorme entrada, tallada en un arco con la palabra "Terra" en casi toda la estructura. A diferencia de lo que nos habían contado, eso se veía más aterrador que pacífico.

— Relájate. Se ve así porque aún estamos en Gehenna.

— No lo decía por la estructura — La zona donde se ubicaba estaba alejada de todo, en medio de un bosque. No era buena idea hacer esto, porque no estábamos saliendo por la entrada principal y tampoco teníamos permiso.

— ¿Y a dónde vamos?

— A donde esta cosa quiera.

— Espera, ¡¿Me estás diciendo que nos va a mandar a un lugar al azar?!

— Cálmate, no pasará nada, miedoso. Como no es una salida oficial, no se tiene la capacidad de elegir.

“Hasta aquí se acaba mi libertad. Uriel me va a quemar vivo”

— Bien, ¡Entremos! — Dejé que él entrara primero, por precauciones, aunque no parecía haber fallo alguno; funcionaba como cualquier entrada oficial. El arco era similar, solo que este parecía más deteriorado. Muchas personas se meterían en problemas si se descubre esta entrada.

Dudé varios segundos sobre si entrar; aún estaba a buen tiempo para retroceder y largarme, pero mi curiosidad era más grande. El lugar donde Lucifer me llevó fue en Roma, un sitio que parece muy reconocido y aclamado entre los terranos de religión católica y cristiana, y por ello logré atrapar a mis tres almas bastante rápido. Si mi memoria no me falla, hay un total de 195 lugares a donde ir y 193 zonas por explorar, 194 países y 193 estados de los cuales no sé nada.

Crucé el portal dudoso. A comparación de la última vez, la sensación se sintió más pesada, desesperada, desolada y enojada, dejándome con la sangre helada; eso no traía buenas noticias. Dependiendo del lugar al que vayas es cómo se comportan las entradas, como si tuvieran vida propia, con el objetivo de indicar qué es lo que te suele esperar al llegar, y cuando la desesperación y el odio son las emociones dominantes, no es bueno, nunca lo es.

Antes de que se casara, Lucifer, junto a Lilith y Amón, entraron a la Tierra, encontrándose en medio de una guerra liderada por un hombre alemán que aterrorizó a gran parte del mundo, dejando a Lilith bastante incómoda ante el accionar de aquel humano de apellido "Hitler", jurando ante la corte que no volvería a Terra sin un motivo de vida o muerte. Amón realizó el mismo juramento al presenciar los experimentos que se llevaban a cabo en el "Laboratorio de Investigación y Prevención de Enfermedades Infecciosas del Ministerio Político Kempeita" del escuadrón 731 en Japón, que gracias a la guerra se estaban realizando; Lucifer hizo el trato al presenciar cómo los humanos decidieron matarse entre ellos en lugar de negociar por parte de las tierras, afirmando que era bastante incómodo ver toda la masacre que se desarrollaba en ese lugar.

Al salir del portal, lo primero que pude ver fue un campo, o lo que parecía uno, rodeado de algunos árboles y un par de bancas recibiendo poca luz de unas cuantas farolas colocadas a distancias algo alejadas, siguiendo un camino que la noche cubría lo mejor posible.




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