The Academy

11: Te ves mejor de lo que esperaba, Mallory

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— Te ves mejor de lo que esperaba, Mallory.

Su mirada abandonó los documentos que revisaba con tanta sutileza al verme entrar.

— El negro es tu color, papi. — Acaricié el cabello de la menor, quien solo se reía sutilmente.

— ¿Es tu traje para el Dark Night o para tu boda?

— Dark Night. Lucifer me dará algo más extravagante que esto.

— Bien, te queda bien. Comencemos, antes de que venga Lucifer.

Aquellos papeles de adopción contaban con casi cinco hojas; en su mayoría, eran cláusulas que sí o sí se tienen que cumplir, como asegurar el bienestar, felicidad, salud y crianza de la niña, más otras dos con todavía más cláusulas para la titular (Uriel) y el interesado.

— Puedes ir leyendo las demás hojas si quieres; primero hay que llenar el acta para certificarla.

— ¿No está registrada? — Tomé las hojas con una de mis manos mientras cargaba a la de cabello rosado, acomodándose en mi brazo. Nunca la había visto así de nerviosa.

— No. Busqué en todos los archivos. Incluso pedí que la buscaran en las oficinas de María Magdalena, pero no se encontró nada.

— Ya veo. — Trataba de ocultar mi pequeña tristeza por la menor. Si no la hubiera rescatado ese día, no la habría visto sonreír con tanta alegría e inocencia como ahora mismo lo hacía. La sala se quedó en silencio por un momento, mientras la pluma de Uriel se movía sobre el papel.

— ¿Ya pensaste en su nombre, Mallory?

— Maehwa.

— ¿Maehwa? ¿Cómo la flor?

— Así es. — Miró a la menor en mis brazos, quien parecía encantada con su nuevo nombre. Esta niña no puede ocultar sus emociones, por más que quisiera.

— Le queda muy bien.

El acta de nacimiento quedó lista en cuestión de minutos, al igual que los papeles de adopción, que Maehwa también tuvo que firmar con uno de sus dedos por la falta de una firma válida.

— Bienvenida a la familia, Maehwa. — La de cabellera blanca quería tomar la pequeña mano de la menor y estrecharla por educación, pero el pelo rosa se lanzó sobre ella, dejándole a Uriel sólo el motivo de abrazarla.

— ¿Quieres que Kenna firme los papeles?

— No quiero meterla en problemas, no es necesario.

— Bien, si así lo deseas. Mañana te entregaré los papeles originales y le haré llegar la copia a Lucifer.

— Está bien. — Miré a la niña, gustosa por ser correspondida por Uriel, quien aprovechó la situación para purificarla, lo que provocó un par de muecas en la pequeña.

— Y respecto al cordero...

— Hablaré con Lilith en el Dark Night. Sería sospechoso ir a Kaida ahora mismo.

— Manténme informado, por favor. —Dudé en preguntar; las palabras de Leonor aún retumbaban en mi cabeza.

— ¿Qué te atormenta? — A pesar de ser un arcángel y no convivir bastante tiempo conmigo, aún me sorprende cómo es que puede conocerme.

— ¿Has hablado con Leonor?

— Ni siquiera lo veo. Sale de la casa a primera hora de la mañana.

— Ya veo.

— ¿Eso te inquietaba?

— Un tanto. Se me hacía raro no verlo.

"Sea lo que esté haciendo, ojalá lo retrase hasta mañana."

— Ve a descansar, Mallory. El carnaval es pasado mañana; lo mejor es que recuperes energías. — Y con esa pequeña recomendación, salí de su despacho, casi corriendo a mi recámara para evitar toparme con Lucifer, que apareció después en la oficina de Uriel.

— ¿Qué es el Dark Night, papá?

— Es un festival que realizamos en Gehenna.

— ¿Y podré ir?

— No... no lo sé.

La duda parece no inquietarla como a mí; solo fue cuestión de segundos para cambiar de tema, comenzando a dar varios brincos por toda la cama.

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— ¡¿Adoptaste un qué?! — Gritó Leonor junto a Lucifer, ambos poniéndose de pie a la par. A diferencia de la naturaleza de ambos, no cabe duda de que Leonor también es hijo de Lucifer.

— ¿Y por qué aceptaste la adopción, madre? — Dijo mientras apretaba el mantel con tanta fuerza que movió varios platos y tiró un vaso con agua sin querer, aunque poco importó el desastre que había en la mesa.

— ¿Por qué debería haberme negado?

— Mallory ¿Estás idiota? ¿Qué crees que pensarán todos cuando sepan que tienes una hija ilegítima?

— ¿Eso me debería importar?

— ¡Claro que sí, imbécil!

— ¡Leonor! — La cara del albino comenzaba a tornarse roja a cada segundo, al igual que la de Lucifer. Había estropeado todos los planes de Leonor y parte de los de Lucifer. Empezamos muy bien esta semana.

— ¿De dónde mierda sacaste a un querubín, Mall? — Trataba de relajarse, pero podía notarse que el anuncio no le gustó para nada, pues no bajó la voz y su cara aún estaba roja.

— En la capital, cerca del centro cívico.

— ¡Y tenías que haberla dejado ahí!

— ¿Y dejarla morir? ¡Solo tiene 10 años!

— ¡Tenga la edad que tenga, es un querubín y no voy a aceptar esta adopción!

— Ya la aceptó Uriel, no necesito tu permiso.

— ¡¡¡URIEL!!!— Gritaron los dos al mismo tiempo, llamando la atención de todos en la casa, o al menos los que no estaban en el comedor




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