Capítulo 21—
La excursión había llegado a su fin.
La familia Kang estaba reunida frente a la cabaña, despidiendo a los dos con abrazos, sonrisas y comentarios que deberían estar prohibidos por la ley.
Kang ya estaba guardando las maletas en el auto cuando Ha-eun se acercó a la abuela.
—Gracias por todo, abuela —dijo inclinándose amablemente.
La abuela la abrazó con más fuerza de la esperada, hasta casi quitarle el aire.
Y entonces, inclinándose hacia su oído como una villana profesional de un drama, susurró:
—No olvides los bisnietos.
Ha-eun se quedó congelada.
—Co... ¿co... cómo? —tartamudeó, nerviosa.
—Ya sabes, muchos. Varios. —La abuela le guiñó un ojo sin vergüenza alguna.
Ha-eun soltó una risa nerviosa.
—Jajaja... cof cof cof —tosió, casi ahogándose con su propia saliva.
La abuela la palmeó en la espalda con cariño.
—Cuida bien de mi nieto. Es torpe, pero tiene buen corazón.
Ha-eun sonrió tímidamente, sin saber si responder o correr.
El camino de vuelta fue más tranquilo de lo que Kang esperaba.
Él manejaba con expresión serena, sin la clásica cara de acidez que llevaba al bakery cada mañana.
Incluso parecía... suave.
Ha-eun lo notaba de reojo.
No quería mirarlo directamente, pero era imposible no fijarse.
—Llegamos —dijo Kang al detenerse frente al edificio de Ha-eun.
Ella se quitó el cinturón.
—Gracias por traerme —murmuró.
—Nos vemos en la mañana —respondió él, con una leve sonrisa.
Una sonrisa real.
Sin acidez.
Sin juicio.
Sin crítica.
El corazón de Ha-eun dio un pequeño salto.
—S... sí. Mañana —dijo, tratando de no sonar tan sorprendida.
Bajó del auto, se despidió con una reverencia torpe y entró al edificio.
En el ascensor, se miró en el reflejo: mejillas rojas, ojos brillantes y una sonrisa que no quería admitir.
—Contrólate, Ha-eun... —susurró golpeándose suavemente la cara—. Contrólate.
El Regreso al Departamento...
Cuando abrió la puerta.
—¡HA-EUUUUUN! —gritó Jisoo como si estuviera en una película de acción.
Ha-eun lanzó un grito igualmente largo:
—¡¡JISOOOOO!!
Ambas corrieron la una hacia la otra... en cámara lenta.
Dramáticas.
Con música imaginaria épica.
Con el viento inexistente moviendo sus cabellos.
Pero justo cuando estaban a punto de abrazarse, Ha-eun tropezó con una piedra invisible —o aire, quién sabe—.
—¡NOOOOOOOO! —gritó Jisoo.
—¡SÁLVAAAATEEE! —gritó Ha-eun.
Y ¡CLONC!
Chocaron cabeza con cabeza y terminaron en el suelo hechas un nudo humano.
—Ayyyyy... —se quejó Jisoo, sobándose la frente—. ¡Pero qué cabeza tan dura tienes! ¡Parece que tienes una piedra ahí adentro!
—¡Ay, mi cabeza! ¡Me duele la vida! —se quejó Ha-eun sobándose.
Cuando lograron ponerse de pie —medio cojeando— Jisoo cruzó los brazos con expresión feroz.
—Bien. Cuéntalo. TODO.
—¿Q-qué cosa? —intentó evadir Ha-eun.
Jisoo la miró con ojos entrecerrados.
—No te hagas. Fueron a una excursión romántica no oficial con tu jefe, la abuela es psicótica y tú estás actuando como si hubieras visto un fantasma, pero guapo.
Ha-eun abrió la boca...
y todo salió como un volcán.
Le contó sobre la tormenta.
Las historias de terror.
El susto de la abuela.
La noche abrazados sin querer.
La pesca.
La caída al agua.
El momento mágico.
La interrupción de la abuela.
La cena incómoda.
La despedida suave.
LA SONRISA DE KANG.
Jisoo estaba congelada, con ojos enormes.
—¿Durmieron... juntos... de verdad? —preguntó con sonrisa perversa.
—¡NO! —gritó Ha-eun tapándose la cara—. ¡No pasó nada! No pasó nada. ¡Nada!
Jisoo la observó, luego sonrió lenta, peligrosamente.
—Ha-eun... ¡estás súper enamorada!
Ha-eun sintió que el alma se le iba.
—¡NO LO ESTOY! ¡Creo! ¡No sé! ¡Estoy confundida! —dijo agitándose como si estuviera poseída.
—Ay por favor —respondió Jisoo rodando los ojos—. ¿Quién se confunde después de compartir casi un beso bajo el agua con su jefe guapo? Eso no es confusión, es romántico.
—¡No fue un casi beso! —mintió Ha-eun con descaro.
—Ajá, sí, claro. Y yo soy la presidenta del país.
—ELLO SOLO FUE... UN MOMENTO EXTRAÑO EN EL AGUA, ¿OKAY?
Jisoo se acercó, la tomó por los hombros y declaró como si estuviera en una telenovela:
—Ha-eun.
Toda esa excursión fue como un drama romántico acelerado.
Y tú estás claramente sintiendo algo.
Ha-eun abrió los ojos como platos.
—¿Y si... si... si él no siente nada? ¿Y si lo arruino todo? ¿Y si me rechaza? ¿Y si hago el ridículo? ¿Y si me quedo sin trabajo y sin dignidad? ¿Y si...?
Jisoo la empujó hacia la cama.
—¡ALMOHADASSHOCK! —gritó señalando el cojín.
Ha-eun se dejó caer dramáticamente sobre la cama, enterrando la cara en la almohada.
—¡NO QUIERO ESTAR CONFUNDIDAAAA! —gritó desde ahí.
—¡Pues aclárate! —dijo Jisoo, golpeándola con otra almohada—. ¿Te gusta o no te gusta?
—¡NO SÉÉÉÉÉÉ! —gritó Ha-eun igual de dramática.
—¡Sí sabes! —insistió Jisoo.
—¡NOOOOOO! —repitió sofocada contra la almohada.
Jisoo suspiró y se sentó a su lado, dándole palmaditas suaves en la espalda.
—Estás enamorada, Ha-eun.
—Ha-eun dejó de moverse. —Y él también está raro —añadió Jisoo—. Eso significa que algo pasó. Algo REAL. No te hagas.
Ha-eun levantó la cabeza lentamente, con los ojos brillantes de preocupación.
—¿De verdad crees... que le gusto?
Jisoo sonrió con ternura y orgullo de mejor amiga.
—Creo que Kang Min-jae ya no te ve solo como su empleada.
Y tú ya no lo ves solo como tu jefe.
Ha-eun tragó saliva.
Se tapó la cara.
Suspiró larguísimo.
—Estoy muerta —declaró—. Muerta emocionalmente.