The bakery next door

Maniquíes, confesiones y un espía accidental

CAPÍTULO —

Los días pasaron... y para Ha-eun, cada uno se sintió más largo que el anterior.

Desde la excursión, y los desastres en el bakery el señor Kang no había aparecido de nuevo por la panadería.

Ni un mensaje.

Ni una visita inesperada.

Ni una de esas miradas que la dejaban sintiéndose más torpe que una gallina en patines.

Nada.

Y ese "nada"... la estaba enloqueciendo.

Dohan era el único puente entre ambos, así que Ha-eun lo acorraló una tarde en el bakery:

—¿Has visto al señor Kang?

Dohan se rascó la nuca, incómodo.

—He intentado hablar con él, pero... me evade. Cada vez que menciono venir al bakery, dice que está ocupado. O que tiene que irse. O finge una llamada, aunque claramente su celular está apagado.

Ha-eun abrió los ojos, preocupada.

—¿Y está... raro?

—Muy raro —asintió Dohan—. Desde la excursión parece otra persona. Como si cargara algo en la cabeza.

Ha-eun sintió un nudo en el pecho.

¿Y si... había pasado algo?

¿Y si él... estaba evitando verla?

El pensamiento la acompañó toda la semana, como una nube gris flotando sobre su cabeza.

Sábado sin bakery

El sábado, Ha-eun no trabajaba porque tenía el día libre.

Y eso significaba más tiempo libre para... pensar.

Algo fatal.

Jisoo lo notó apenas la vio salir del cuarto, arrastrando los pies como un fantasma adorable.

—Ok, esto no puede seguir así —dijo Jisoo cruzándose de brazos—. Vamos al centro comercial. Necesitas distraerte.

—No quiero—

—Vamos —insistió Jisoo, agarrándola de la muñeca como si fuera un globo que estaba a punto de volar.

Y allá fueron.

Entre luces brillantes, vitrinas llenas de vestidos caros y gente caminando con cafés en mano.

Jisoo intentaba hablar de todo... menos de él.

—Ese vestido azul se te vería divino —decía.

—Mmm.

—Mira esos zapatos, parecen sacados de un drama.

—Ajá.

—¡Ay, esto me recuerda a la vez que Kang dijo que te—!

Ha-eun bajó la cabeza y Jisoo se mordió los labios.

—Lo siento —susurró.

Estaban en una tienda elegante, probándose ropa "solo para ver", cuando Jisoo dejó de fingir.

Ha-eun se veía derrotada, sosteniendo un vestido beige sin alma.

—Ok, basta —dijo Jisoo, plantándose frente a ella—. Te amo, amiga. Pero te estás pudriendo por dentro. Necesitas soltar lo que sientes.

—No quiero hablar de eso...

—No. Necesitas hablarlo. Y si no quieres hablar conmigo... —Jisoo giró lentamente y señaló algo detrás de Ha-eun— entonces háblale a él.

Ha-eun frunció el ceño.

Se giró.

Y vio un maniquí.

Un maniquí alto.

Con postura rígida.

Una camisa blanca perfectamente doblada.

Y una expresión de cara seria que... oh, por favor.

—¿En serio? —preguntó Ha-eun con una ceja levantada.

—¡Se parece a Kang! —dijo Jisoo emocionada—. Mira esa cara de acidez. Idéntico. Dale. Desahógate. Terapia express. Ha-eun estaba a punto de negarse, pero Jisoo la empujó suavemente.

—Te hará bien.

Ha-eun suspiró.

Miró al maniquí otra vez.

Y sí... ahora que lo pensaba... era increíblemente parecido a Kang Min-jae.

Incluso tenía ese aura de: "Estoy molesto y no sé por qué".

Por primera vez en días, Ha-eun sonrió.

—Ok... solo un poco —dijo finalmente.

Se paró frente al maniquí.

Nerviosa.

Tonta.

Ridícula.

Pero abrió la boca.

—No sé qué te pasa —comenzó—. No sé por qué no vas a la panadería. No sé por qué me evitas. Y... ni siquiera sé por qué me afecta tanto.

Jisoo asentía como coach motivacional.

—Es que... —continuó Ha-eun, más suave— cuando no estás, algo me falta. Me siento... extraña. Como si el aire fuera diferente.

Se tapó la cara con ambas manos.

—Estoy siendo tan ridícula...

Jisoo la aplaudió en silencio, muy emocionada.

—Y lo peor —siguió Ha-eun, con un hilo de voz— es que... creo que me gustas. Mucho. Más de lo que debería.

Y cada vez que pienso que te estoy molestando o que estás evitando verme... me duele.

Jisoo estaba al borde de llorar de emoción y orgullo.

Ha-eun suspiró:

—Listo. Ya está. Fue mi momento más absurdo de la semana, gracias a ti.

Pero lo que ninguna sabía era que...

del otro lado del panel de ropa

a solo un metro

y completamente inmóvil,

estaba Kang Min-jae.

Había venido al centro comercial.

Y justo se había detenido a ver unas camisas cuando escuchó su nombre.

Se acercó sin querer.

Y luego, cuando reconoció la voz de Ha-eun, se quedó congelado.

Escuchó todo.

Cada palabra.

Cada suspiro.

Cada confesión temblorosa dirigida al maniquí.

No sabía si salir corriendo, si esconderse dentro de un perchero o si fingir que estaba ciego y sordo.

Y fue justo cuando estaba intentando recomponerse, que Dohan apareció alegremente a su lado con un abrigo en la mano.

—Kang, ¿crees que este color me queda bien? —preguntó.

Kang dio un brinco como si estuviera cometiendo un crimen.

—¿Te pasa algo? —preguntó Dohan frunciendo el ceño.

Kang sonrió.

Un poco demasiado grande.

Un poco demasiado falso.

—¿Yo? No. Nada. Todo bien. Perfecto. Maravilloso.

—Pareces un maniquí con convulsiones —murmuró Dohan.

Kang lo ignoró y dijo rápido:

—Vamos a tomar un café.

—¿Eh? Pero no íbamos a ver—

—Café, Dohan. —Y casi lo empujó fuera de la tienda—. Ahora.

Dohan lo siguió, confundido.

Kang no mencionó nada de lo que había escuchado.

Pero mientras caminaban, no pudo evitarlo:

Su mano estaba temblando ligeramente.

Y su pecho... estaba lleno.

Demasiado lleno.

Jisoo abrazó a Ha-eun por detrás.

—¿Ves? ¡Funcionó! ¿Cómo te sientes?

Ha-eun respiró profundo.

Y por primera vez en días...

—Un poquito mejor —admitió.



#4716 en Novela romántica
#1631 en Otros
#503 en Humor

En el texto hay: romance, kdrama, jefeyempleada

Editado: 22.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.