CAPÍTULO —
Kang Min-jae nunca pensó que terminaría escondido detrás de una fila de abrigos color beige, inmóvil como un ladrón torpe.
Pero ahí estaba.
Todo empezó porque había ido al centro comercial a comprar camisas, intentando despejar la cabeza.
No quería pensar en Ha-eun.
Ni en la excursión.
Ni en lo que no podía explicar.
Pero, por supuesto, la vida lo odiaba.
Apenas escuchó su voz, se quedó quieto como si alguien hubiera apuntado un láser a su frente.
¿Ha-eun?
Aquí.
En la misma tienda.
A unos pasos.
Se asomó apenas entre dos perchas y la vio frente a un maniquí.
Jisoo estaba detrás de ella, emocionada como una gallina empoderada, empujándola a hablar.
—Este maniquí se parece a Kang —dijo Jisoo.
Kang sintió cómo el alma se le caía al piso.
¿A un maniquí?
¿EN SERIO?
Arrugó la frente.
Un tic le tembló en la ceja.
—Insensata —murmuró entre dientes.
Pero entonces Ha-eun abrió la boca.
Y él dejó de respirar.
—No sé por qué no vienes al bakery —decía ella con voz suave—. Ni por qué me evitas. Ni por qué... me afecta tanto.
Kang apoyó la mano en un estante para no perder el equilibrio.
—Qué estás haciendo... —susurró para sí mismo, sintiendo el corazón golpeando como si quisiera huir.
Cada frase era un golpe directo.
—Creo que me gustas... mucho —confesó ella.
Kang casi se tragó la lengua.
Si hubiera tenido agua en la boca, la habría escupido sobre las camisas de diseño.
"¿M-me... gusta?"
Su cerebro dejó de funcionar por completo.
Ella siguió hablando.
Sincera.
Temblorosa.
Hermosa.
Y Kang...
Sentía que el piso temblaba.
Hasta que...
—Kang, ¿te gusta este abrigo? —dijo de repente DOHAN, apareciendo a su lado como un espíritu maligno.
Kang dio un brinco. Literal. Como un gato sorprendido.
Casi tumba un perchero entero.
—¿Te pasa algo? —preguntó Dohan, entre preocupado y divertido.
—¿Yo? No. Nada. Perfecto —sonrió Kang, con una sonrisa tan falsa que parecía que le dolían los dientes—. Vamos a tomar café.
—Pero estaba viendo—
—Café —repitió Kang, empujándolo rumbo a la salida—. AHORA.
Dohan lo siguió sin entender nada.
Kang no miró atrás.
Si lo hacía, su corazón explotaría.
Se sentaron en una mesa junto al ventanal.
Kang pidió un americano, que sabía horrible.
Pero al menos mantenía las manos ocupadas.
Dohan lo observaba fijamente.
—Kang... ¿quieres decirme qué te pasa?
—Nada.
—Has estado raro toda la semana.
—Estoy bien.
—No has ido al bakery.
—Estoy ocupado.
—Mentira.
Kang apretó los dientes.
—No es nada.
Pero Dohan levantó una ceja.
—Tiene que ver con Ha-eun, ¿verdad?
Kang casi se atraganta con el café.
—¿Qué? No. No. Claro que no.
—Min-Jae , te tiembla un ojo.
—Estoy bien.
—Pestañeas muy rápido.
—Estoy PERFECTAMENTE bien.
Dohan iba a seguir presionando cuando alguien detrás de él llamó su atención.
—Oh... mira quiénes están allí.
Kang giró apenas la cabeza.
Y su alma abandonó su cuerpo.
Ha-eun y Jisoo.
Caminando hacia la cafetería.
Directo hacia ellos.
Dohan, con sonrisa maliciosa, se levantó de la silla y agitó una mano para saludarlas.
—¡Jisoo! ¡Ha-eun! ¡Vengan!
Kang agrandó los ojos tanto, que casi se le salieron.
—¿Qué estás haciendo? —susurró aterrado.
—Ayudándote.
—¡NO necesito ayuda!
Pero ya era tarde.
Ha-eun, al verlo, frenó como si hubiera visto un fantasma.
Retrocedió un paso, pero Jisoo la atrapó del brazo.
—Ah, no —dijo Jisoo—. No huyas, querida. Vamos.
La arrastró literalmente.
Ha-eun casi lloraba.
Kang se enderezó en su silla, puso cara seria, y lo único que logró fue parecer aún MÁS nervioso.
Jisoo saludó con una reverencia exagerada.
—Ho-hola —dijo Ha-eun, roja como un tomate.
Kang tragó saliva.
—...Hola.
Sonó como si hubiera olvidado cómo se habla.
Dohan estaba encantadísimo.
Jisoo también.
Y Jisoo, malvada como siempre, dijo:
—Voy por el café.
Ha-eun se levantó de inmediato.
—¡Excelente idea! Yo voy contigo.
Pero Jisoo la empujó de vuelta a la silla con precisión militar.
—No, por supuesto que no.
Tú te quedas.
Yo iré con Dohan, ¿verdad, Dohan?
Dohan sonrió como si hubiera ganado la lotería.
—Por supuesto.
Ambos se fueron felices, casi bailando.
Y de pronto...
Kang y Ha-eun quedaron solos.
Frente a frente.
Sin hablar.
Sin moverse.
Respirando demasiado fuerte.
Ha-eun miraba sus manos.
Kang miraba cualquier cosa menos a ella.
El silencio era tan intenso que podía verse flotando sobre la mesa.
Finalmente, Kang respiró hondo.
Había llegado el momento.
—Ha-eun... —dijo suavemente— tenemos que hablar.
Y el corazón de ambos dio un vuelco tan grande que se habría escuchado incluso desde el pasillo del centro comercial.
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Ahhhh este capítulo está de muerte lenta, amé a Dohan y Jisoo sirviendo de cupidos jajaja, ahora quiero y necesito una confesión de Kang que diga algo, lo necesito!!!! Quíen más se siente como yo? Necesito saber que pasará, como queda esto????