The bakery next door

Un hermoso desastre

CAPÍTULO 27—

Cuando escaparon del café, Ha-eun todavía escuchaba a lo lejos:

—¡¡JISOO, SUÉLTAME EL PANTALÓN!!

—¡¡ES QUE SE TE PEGA, DOHAN!!

Pero en cuanto salieron por la puerta de vidrio, el ruido quedó atrás y el mundo se volvió mucho más silencioso.

Kang caminó a su lado sin hablar, serio, pensativo, como si estuviera midiendo cada paso con precisión quirúrgica.

Ha-eun estaba aún más nerviosa. Podía sentir sus manos sudar y su corazón latir tan fuerte que temía que él lo escuchara.

Llegaron a un pequeño parque detrás del centro comercial.

Había un sendero con árboles, una banca solitaria y el aire olía a flores y arena mojada.

Kang se detuvo.

Ella también.

El silencio era tan grande... que Ha-eun casi gritaba por dentro.

Kang inhaló profundamente.

—No sé muy bien por dónde empezar —admitió, inclinando la cabeza, sus ojos fijos en el suelo.

Ese gesto —tan humano, tan vulnerable— le quitó el aliento a Ha-eun.

—Puedes... intentar con lo que sea —dijo ella, aunque su voz temblaba.

Kang levantó la mirada.

Se veía nervioso, y ese hecho... era suficiente para desestabilizarla completamente.

—Ha-eun... —comenzó él, con voz grave pero suave— he estado evitando el bakery no porque no quiera verte... sino porque... verte me hace sentir cosas que no sé manejar.

Ha-eun pestañeó.

—¿C-cosas...?

—Sí —asintió él, más serio—. Me desconcentras. Me alteras. Me sacas de mi eje. Cuando pienso que ya te entendí, miras hacia otro lado y vuelvo a confundirme.

Y desde la excursión... todo empeoró.

Ha-eun tragó saliva.

—Kang yo...—murmuró, pero no pudo seguir.

—Y cuando Dohan mencionaba que deberíamos pasar por el bakery... yo... —desvió la mirada, avergonzado— huía.

Ha-eun parpadeó sorprendida.

Kang Min-jae.

El hombre que jamás huía.

Huyendo.

De ella.

Él respiró hondo y dijo, finalmente:

—No quería seguir evitándote... así que voy a decirlo. —La miró directo a los ojos— Me gustas, Ha-eun.

El mundo dejó de existir.

—Me gustas —repitió él, todavía más firme— y mucho más de lo que es sano.

Ha-eun abrió la boca...

pero no salió nada.

El aire se le trabó en los pulmones.

El pecho se le apretó.

Las manos le sudaron.

Y su visión empezó a nublarse.

—Ha-eun —dijo él, dando un paso al frente— ¿estás...?

Ella respiraba rápido, demasiado rápido, como si el corazón fuera un tambor enloquecido.

—N-no... puedo... —jadeó.

—¿Ha-eun? —preguntó él acercándose más— ¿Te sientes mal?

Ella colocó una mano en su pecho, como si no encontrara el aire.

—¿Estoy... soñando? —preguntó con voz temblorosa y llorosa.

Un segundo después, Ha-eun perdió el equilibrio.

Kang la atrapó al vuelo.

Sus brazos firmes rodearon su cintura, sosteniéndola contra él, sujetándola con tanto cuidado que parecía tener miedo de romperla.

—Respira —susurró— tranquila. Estoy aquí.

Ha-eun lo miró con ojos gigantes, todavía en shock.

Él sonrió apenas, una sonrisa pequeña, rara, preciosa.

—Eres un desastre, Ha-eun —dijo en voz suave, con ternura inesperada— pero un hermoso desastre que llegó para hacerme enloquecer.

Ella sintió que el alma le daba una voltereta entera.

Kang acercó su rostro.

Lento.

Muy lento.

Ella sintió su respiración.

Su perfume.

Su cercanía.

Estaban a milímetros.

El ambiente era perfecto.

El momento, mágico.

Hasta que...

¡PAM!

¡La frente de Ha-eun chocó contra la de Kang!

—¡Aaaay! —gritó ella agarrándose la cabeza.

—¡Ah! —Kang se llevó la mano a la frente, frunciendo el ceño— ¡¿Qué haces?! Tienes la cabeza más dura del mundo Ha-eun...

—¡Perdón, perdón, perdón! ¡No fue mi intención! —Ha-eun agitaba las manos, roja, temblando— ¡Mi cabeza se movió sola! ¡Mi cuerpo es torpe! ¡Dios mío, arruiné el momento!

Kang soltó un suspiro largo...

y luego una risa suave.

—No arruinaste nada —dijo él, todavía sobándose— estoy acostumbrado a tus colisiones inesperadas.

Ella lo miró, avergonzada.

Él dio un paso, acercándose otra vez.

Esta vez, él tomó su rostro con ambas manos, despacio.

Cálido.

Seguro.

—Ven aquí —susurró.

Y la besó.

Un beso tierno.

Lento.

Suave.

Cálido.

El tipo de beso que hace que el corazón haga fuegos artificiales y que el alma se derrita.

Ha-eun sintió que flotaba.

Kang también.

Todo parecía estallar dentro de ambos, como luces brillantes, como el inicio de algo que ninguno sabía cómo detener.

Cuando se separaron, los dos estaban rojos, respirando rápido, con los corazones desbocados.

—...Wow —susurró Ha-eun.

—Sí —respondió Kang, sorprendido por su propia felicidad— wow.

Al volver al café, la escena era puro caos.

Jisoo seguía disculpándose mientras abanicaba a un pobre Dohan con una servilleta rota que más bien parecía un fósil.

—Jisoo... —decía Dohan agotado— ya te disculpaste mil veces.

—¡Lo sé, Dohan, pero me siento muy mal! —respondió ella, con ojos cristalinos— ¡Te quemé las piernas!

—Estoy bien —insistió él.

—¡ESTÁS TOSTADO! —gritó dramáticamente ella.

En eso, Jisoo vio algo por el rabillo del ojo.

Se dio la vuelta.

Y se quedó en shock.

Kang y Ha-eun...

entraban al café...

tomados de la mano.

La mandíbula de Jisoo cayó.

Sus ojos se abrieron gigantes.

Parpadeó tan rápido que parecía una mariposa aleteando.

—¿Qué...?

¿Pero...?

¿Perdón...?

Ha-eun sonreía tímida.

Kang... un poco menos tímido, pero igual de rojo.

Dohan los vio, sonrió grande y dijo:

—Ah, por fin.

Jisoo apuntó con el dedo.

—Ustedes...

¡Ustedes!

¡¡USTEDES!!

Ha-eun apretó más la mano de Kang.



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En el texto hay: romance, kdrama, jefeyempleada

Editado: 22.01.2026

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