CAPÍTULO 28—
La tarde se había convertido en noche y, después de toda la tragedia cómico-romántica en el café, era hora de volver a casa.
Kang tomó las llaves de su auto.
Ha-eun lo miró con un rubor que todavía no se le quitaba desde el beso.
Dohan se levantó con un movimiento exagerado, como si aún le doliera el incidente del café.
Y Jisoo... Jisoo intentaba no derretirse al verlo caminar.
—Te llevo a casa —dijo Kang a Ha-eun con voz tranquila.
Ella asintió, suave, tímida, con la sonrisa más dulce del mundo.
Dohan vio esto y no se quedó atrás.
—Yo llevo a Jisoo —declaró, acomodándose la chaqueta con una exagerada dignidad.
Jisoo abrió los ojos como si le hubieran anunciado que ganó la lotería.
—¿E-en serio? ¿Me... me llevas tú? ¿Tú me llevas? Tú. ¿A mí?
Dohan sonrió, encantado con su torpeza.
—Claro. No voy a dejar que tomes un taxi sola, ¿verdad?
Jisoo estaba a segundos de evaporarse de pura emoción.
—Ah... claro... digo sí... síclaronoclarobue... sí —balbuceó, moviendo las manos como si hiciera señales de tránsito incomprensibles.
Dohan rió por lo bajo.
El golpe de café aún lo dolía, pero su interés por ella dolía más... en el buen sentido.
Mientras Kang y Ha-eun caminaban hacia un auto, Dohan y Jisoo hacia el otro, Dohan se inclinó hacia ella y dijo:
—Por cierto...
Jisoo se congeló.
—Aún está pendiente nuestra cita —susurró con media sonrisa.
Jisoo se puso roja.
Roja tomate.
Roja bandera de Corea.
Roja fuego.
—CI... ¿CI...? ¿CITA? ¿NOSOTROS? ¿LOS DOS? ¿TÚ Y YO Y... Y... Y...? —sus palabras eran una mezcla de sonidos sin sentido.
—Exacto —respondió él, disfrutando cada segundo—. Y tengo... planes para ese día. Planes importantes.
Jisoo casi se desmaya.
—¿Planes? ¿Qué planes? Digo... no, no me digas. O sí. No sé. Yo... —ella hacía movimientos tan inútiles con las manos que parecía un pollo atrapado en una coreografía.
Dohan se acercó un poco más.
—Te lo diré cuando salgamos —guiñó.
Jisoo soltó un chillido interno que apenas logró contener.
Asintió exageradamente, a tal punto que casi se golpea el mentón con el pecho.
—Sí. Sí. CIEN POR CIENTO SÍ. ¡SÍ TOTAL!
Dohan se rió.
Y ambos se subieron al auto con el aire de una pareja de serie que está a punto de iniciar una temporada completa de tensión romántica.
***
El silencio entre Kang y Ha-eun era...
Un silencio suave.
Cómodo.
Tímido.
Pero lleno de electricidad.
Las manos de ambos descansaban cerca... demasiado cerca... y aún así ninguno se atrevía a tocarlas otra vez.
Ha-eun miraba por la ventana, con la sonrisa boba de alguien que todavía procesa que su crush le dedicó un beso digno de OST de drama.
Kang manejaba tratando de actuar normal...
Pero su corazón estaba corriendo una maratón.
Finalmente, él habló.
—Ha-eun.
Ella saltó un poco.
—¿Sí? —preguntó con esa voz suave, todavía enamorada.
—Mañana... —Kang tragó saliva, intentando sonar casual— ¿te parecería bien ir a algún lugar... después del trabajo en el bakery?
Ha-eun se puso roja inmediata.
—¿A... un lugar?
—Sí —su voz era calmada, pero su mano en el volante lo traicionaba con un ligero temblor señorial—. Pensé que... podríamos hablar con tranquilidad. Salir. No sé... hacer algo juntos.
Ella casi grita, pero se contuvo.
—Sí —dijo con una sonrisa enorme—. Me gustaría mucho.
Kang inhaló, aliviado, como si hubiera cargado un piano y por fin lo soltara.
—Bien —respondió.
El resto del camino fue un silencio dulce, lleno de sonrisitas furtivas y corazones bailando invisibles entre ellos.
Llegando al edificio de Ha-eun
Kang estacionó, bajó del auto y, como siempre, caminó a su lado hasta la puerta del edificio.
Ha-eun caminaba con la misma pose de un borrego enamorado que no sabe si huir o abrazar al lobo.
Llegaron a su puerta y se quedaron ahí, frente a frente.
Ella lo miraba.
Él la miraba.
Ambos parecían derretirse un poquito.
Ha-eun sonrió tímida.
Kang la observó un momento... y luego, como si recordara algo, se cruzó de brazos.
—Ha-eun.
Ella abrió los ojos enormes.
—¿Sí? —dijo con una voz tan suave que parecía un suspiro enamorado.
Kang frunció el ceño y preguntó con total seriedad:
—¿Te parece que tengo cara de acidez?
Ha-eun se congeló.
—Y-yo... yo... es decir... bueno... no así de acidez, acidez, sino que... o sea... tu... tu rostro es... es... muy expresivo y... a veces... —empezó a rascarse el cuello, nerviosa— pue... puede parecer... un poquito... ácido... pero no es malo, es lindo... digo no lindo-lindo sino que... oh, Dios...
La torpeza alcanzó nivel máximo.
Kang la miró...
Y sonrió.
—Estoy bromeando.
Ella abrió la boca, tensa, y luego soltó un suspiro largo.
—No vuelvas a hacer eso —pidió, llevando una mano al pecho como si el alma se le hubiera escapado.
Kang inclinó un poco la cabeza, acercándose a ella.
—Buenas noches, Ha-eun.
—Bue... bue... buenas... noches... —susurró, perdida.
Él dio un paso atrás.
Ella abrió la puerta.
Y justo antes de entrar, lo miró una vez más.
Kang estaba ahí.
Mirándola.
Con esa sonrisa leve que solo ella le provocaba.
Ella sonrió también.
Y cerró la puerta, apoyando la espalda en ella mientras sus rodillas casi se deshacían.
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Awww que lindos, el romance se respira en el aire, y es que, díganme que no les encanta esta pareja??? Son muy tiernos, ahora veremos que sigue aquí, no podemos quedarnos con las intriga 🤭