The bakery next door

Yes, yes… ¿me vio una niña?

CAPÍTULO 29—

La puerta del departamento se cerró con un clic suave.

Y en cuanto el sonido desapareció...

Kang Min-jae perdió absolutamente cualquier rastro de compostura humana.

Levantó los puños.

Los agitó como un boxeador novato celebrando una victoria.

Dio un saltito.

Y luego otro.

—YES. YES. YES —susurró con la emoción mal contenida de alguien que acaba de ganar la lotería emocional de su vida.

Agitó los brazos.

Hizo un gesto extraño con las manos, como si tocara una guitarra imaginaria.

Y remató con un paso de baile tan ridículo que ni él sabía qué estaba haciendo.

Había logrado que Ha-eun sonriera así.

Había logrado que aceptara la cita.

Había logrado... algo.

No sabía qué, pero era GRANDIOSO.

Hasta que sintió la mirada.

Una de esas miradas que perforan la nuca.

Kang se giró muy lentamente.

Una niña de unos 8 años lo miraba desde el pasillo, chupando un helado y sin parpadear, como si estuviera presenciando un documental sobre adultos comportándose como pájaros en pleno apareamiento.

Kang se congeló.

La niña levantó las cejas.

Él abrió los ojos como si acabara de ser atrapado por una cámara de seguridad.

Intentó recuperar dignidad.

Se aclaró la garganta.

Se acomodó la chaqueta.

Se enderezó.

Demasiado.

La niña siguió mirándolo.

Kang inclinó la cabeza en un saludo incómodo.

Y huyó.

Literalmente huyó por el pasillo como si el aire ardiera alrededor suyo.

El amor, pensó, mientras escapaba del juicio silencioso de una niña, nos hace hacer cosas MUY tontas.

A los pocos minutos, Jisoo entró al departamento.

—¡¡AAAAAAMIGAAAAAAA!! —gritó Ha-eun apenas la vio.

Se abalanzaron la una sobre la otra.

Gritaron.

Saltaron.

Bailaron un bailecito ridículo digno de TikTok, moviendo los brazos como molinos humanos y girando como trompos emocionados.

—¡¡YO TENGO UNA CITA CON DOHAN!! —gritó Jisoo, agitando los brazos como bandera en desfile.

—¡¡Y YO TAMBIÉN TENGO UNA!! —respondió Ha-eun, dando un salto torpe.

—¡¡¡¡AAAAAHHHHH!!!!

—¡¡AAAAAHHHHHH!!

Choque de manos.

Vuelta sincronizada.

Saltito final.

Hasta que...

¡BAM BAM BAM!

Golpes en la pared del vecino.

—¡CÁLLENSE, ESCANDALOSAS! —gruñó una voz masculina del otro lado.

Ambas se quedaron tiesas.

Se miraron.

Y al mismo tiempo, se llevaron las manos a la boca, tratando de contener carcajadas culpables.

Y ahora la preocupación más adorable del mundo...

Jisoo, con la seriedad de una estilista preparando a una actriz para un estreno, declaró:

—Debemos lucir espectaculares. ES-PEC-TA-CU-LA-RES.

Ha-eun asintió, nerviosa.

—Sí... porque oficialmente... ya tengo novio —susurró, medio orgullosa, medio insegura.

Jisoo abrió grande los ojos.

—¿Es-oficial-CÓMO?

Ha-eun se mordió el labio.

—Bueno... no lo dijo... pero hubo un beso... y me miró así... con esos ojos... y dijo cosas... y... —empezó a respirar rápido— Jisoo, ¿y si no somos novios? ¿Y si yo asumí mal? ¿Qué tal si él solo quería un vaso de agua y yo interpreté un contrato matrimonial?

Jisoo entrecerró los ojos.

Se transformó.

De amiga normal a presidenta del universo.

—BIEN.

—HAREMOS QUE MAÑANA LUZCAS TAN INCREÍBLE... TAN IRRESISTIBLE... TAN OMG... QUE ÉL SOLO PUEDA DECIR "SEAMOS NOVIOS AHORA MISMO"

Apuntó al aire como si diera un discurso histórico.

Ha-eun casi lloró.

—¿De verdad...?

—DE. VERDAD. —sentenció Jisoo con solemnidad heroica.

La mañana siguiente

Ha-eun despertó antes de la alarma.

Milagro divino.

No se sintió miserable.

Ni agotada.

Ni destruida por madrugar.

Estaba... feliz.

Muy feliz.

Miró a Jisoo, que dormía como una piedra.

—...Dohan... tus pantalones... el café... yo soplo... —murmuraba ella dormida chupándose el dedo como un bebé.

Ha-eun se llevó una mano a la boca para no morirse de risa.

—Ay, Jisoo... —susurró mientras tomaba su bolso.

Y salió rumbo al bakery.

El mundo ahora se veía distinto, porque claro a través de los ojos del amor todo se ve diferente y positivo.

Puedes volar, saltar de un edificio imaginario claro, puedes hacer muchas cosas, mayormente tontas, pero por amor al fin y al cabo.

Apenas abrió la puerta, lo vio.

Kang estaba acomodando unas cajas detrás del mostrador.

La luz de la mañana caía sobre él de una forma tan cinematográfica que parecía que el cielo mismo lo estaba iluminando.

Ha-eun sintió que el corazón se le volvía pudín tibio.

Él levantó la cabeza.

—Buenos días, Ha-eun —dijo con esa voz suave que la desarmaba entera.

Ella sonrió como tonta.

—Bu... buenos días.

Trató de concentrarse en el trabajo.

Lo intentó.

De verdad.

Pero cada vez que Kang pasaba cerca...

Modo estatua enamorada.

Modo suspirito.

Modo sonrisa boba.

Dohan, desde la caja, la observaba con compasión.

—Creo que deberías tomarte un descanso —comentó, apoyando el codo.

—No —dijo ella, seria por medio segundo—. Hoy trabajo sin distracc—

Kang pasó.

Ella salió detrás de él como hipnotizada.

Dohan suspiró.

—Y luego dicen que soy yo el dramático...

Después del trabajo

Ha-eun se acercaba a Kang para irse juntos.

Él también parecía listo para acompañarla a casa.

Todo iba perfecto...

Hasta que la puerta del bakery se abrió.

El viento —que NO existía dentro del local— decidió entrar.

La luz pareció aumentar sola.

Y una silueta alta, delgada y peligrosamente llamativa cruzó la entrada como si pisara una alfombra roja invisible.

Se quitó las gafas de sol.

Sacudió el cabello.

Posó sin querer.

Ha-eun sintió que se hacía pequeña.



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En el texto hay: romance, kdrama, jefeyempleada

Editado: 24.04.2026

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