The bakery next door

La cita que casi empieza con una propina

CAPÍTULO 33—

Kang abrió la puerta del auto de Ha-eun con una delicadeza que hizo que ella sintiera mariposas y terremotos al mismo tiempo. Todo parecía perfecto: la noche era suave, el viento fresco, el restaurante elegante y la cita prometía ser inolvidable.

O eso pensaron.

Apenas dieron tres pasos, una ancianita en la acera llamó la atención de Ha-eun. Estaba intentando bajar una andadera del asiento trasero de un taxi. La pobre mujer resoplaba, luchando contra el peso.

Ha-eun apretó el brazo de Kang.

—Ay... deberíamos ayudarla, ¿no crees?

Kang suspiró como quien sabe que va a quedar atrapado en algo raro, pero igual asintió.

—Espérame aquí.

Fue hacia la ancianita con toda la intención de quedar como un caballero.

Pero no contó con que bajar esa andadera iba a ser un proceso tan lento que podría competir con el envejecimiento natural.

—Con cuidado... —decía Kang, inclinado—. No se preocupe, yo lo agarro...

La anciana no escuchaba bien.

—¿AH? ¿QUE LO AGARRE MÁS FUERTE?

—No, no, solo relájese...

La andadera casi le cae en el pie.

La ancianita casi se cae encima de Kang.

El taxi quiso arrancar y Kang tuvo que sostener todo con una sola mano.

Desde lejos, Ha-eun se tapaba la boca para no reírse pero... se le escaparon varias carcajadas.

Cuando al fin logró bajar la andadera y acomodar a la señora, ella le sonrió con ternura.

—Ay, muchachito tan bueno... —le pellizcó la mejilla con fuerza— Ten, para que te compres un dulce.

Kang, horrorizado:

—No, de verdad, no es neces—

La anciana, con fuerza sobrehumana, le metió un billete doblado en el bolsillo delantero.

—¡Cállese y recíbalo! —dijo, dándole otro pellizco en la mejilla antes de irse caminando a un ritmo sospechosamente rápido para alguien con andadera.

Kang quedó petrificado.

Ha-eun estaba roja, pero de risa.

Cuando él regresó, ella ya estaba temblando tratando de no explotar.

—¿Lo... lograste? —preguntó, mordiéndose el labio como quien contiene un tsunami.

Kang frunció el ceño, totalmente avergonzado.

—No hablemos de esto jamás.

Ha-eun no pudo más y soltó la carcajada.

—¡Kang, te dieron propina! ¡Propina! Parece que le caíste bien a la abuelita.

—Ha-eun. —La miró serio, pero los ojos le brillaban— Hagamos nuestra cita... antes de que regrese y quiera darme otra.

Por dentro, el lugar era precioso... y carísimo.

Columnas, luces suaves, decoración minimalista y mesas demasiado blancas como para no dar miedo.

Ha-eun tragó saliva. Ella nunca había pisado un sitio así.

Un camarero entregó los menús.

Los nombres parecían escritos en latín mezclado con hechizos de Harry Potter.

Confit de volaille aux éclats de perles marines.

Risotto de trufa negra con esencia de luna otoñal.

Carpaccio de ostra viva en lágrimas de sal del Himalaya.

Perle Noire

Auréole de Champagne

Silence du Chef

Ha-eun abrió los ojos como platos.

Kang... ¿qué es esto? ¿Una prueba de lectura avanzada?

Kang la observaba muy tranquilo.

—Pide lo que quieras.

—Sí... sí... claro —dijo Ha-eun, fingiendo seguridad como actriz ganadora del Baeksang—. Yo... siempre pido estas cosas cuando salgo con Jisoo.

Kang levantó una ceja, sin creerlo ni un poco.

—¿Sí?

—¡Por supuesto! —mintió descaradamente.

Cerró los ojos y apuntó algo al azar.

—Quiero... esto.

Kang miró el menú y luego la miró a ella.

—¿E-estás segura?

—Sí. Claro. Lo amo. Lo pido siempre.

Kang bajó la mirada con una media sonrisa divertida.

—Perfecto, entonces.

Cuando el camarero se fue, Kang lo llamó de vuelta discretamente y le susurró algo.

Ha-eun no se dio cuenta. Porque estaba ocupada contemplando a Kang con ojos borrego enamorado.

Ha-eun intentó relajarse. Y poco a poco lo fue logrando.

Kang entrelazó sus manos sobre la mesa.

—Me gusta esto —dijo él.

—¿Qué cosa?

—Verte así... nerviosa, intentando fingir que no lo estás.

—¡No estoy nerviosa! —soltó ella con voz más aguda de lo normal.

Kang rió bajo.

—Ha-eun...

Ella lo miró.

—Hoy quería llevarte a un lugar especial porque... tú eres especial para mí. Mucho más de lo que creo que te imaginas.

El corazón de Ha-eun dio un salto mortal.

—Kang...

—Me gusta estar contigo —añadió él, con honestidad suave—. Me gusta cómo hablas, cómo te ríes... y hasta cómo tropiezas con el aire. Haces que todo sea... diferente.

Ha-eun sintió que se derretía como mantequilla caliente.

Se miraron un momento largo, bonito, dulce.

Hasta que llegó la comida.

Y eso prometía ser un desastre gastronómico

El camarero dejó el platillo de Kang primero.

Delicioso. Hermoso.

Parecía salido de una revista.

Luego dejó el de Ha-eun.

Ha-eun bajó la mirada...

...y casi gritó.

Era un plato de mariscos exóticos.

Pero no cualquier marisco.

Ese bicho todavía... SE MOVÍA.

Ha-eun tragó saliva.

Sonrió.

Su labio tembló.

Su ojo derecho empezó a parpadear solo.

Kang, muy tranquilo:

—Buen provecho. Cómetelo rápido antes de que se enfríe.

Ha-eun murmuró entre dientes:

¿Enfriarse? ¡Deberían enfriar a este animal! Esto está más vivo que tu abuela...

Ha-eun pensaba mirando su platillo con una sonrisa de esas que parecen que tienes indigestión.

Kang estaba conteniendo la risa, la verdad le generaba cierta gracia ver la cara de Ha-eun cuando contemplaba su plato.

—¿Apetitoso, cierto?—cuestionó él y ella asintió demasiado rápido y exageradamente.

—¿Eh? Sí, sí, Apeti...toso...—terminó la frase como quien cuenta una mala experiencia vivida.

—¿Te sucede algo, Ha-eun?

—No, no... todo bien... —dijo ella con sonrisa nerviosa.

Tomó el tenedor.



#2761 en Novela romántica
#823 en Otros
#322 en Humor

En el texto hay: romance, kdrama, jefeyempleada

Editado: 11.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.