The bakery next door

Patinando hacia el desastre (y hacia el amor)

CAPÍTULO 34—

Jisoo se miró en el espejo del baño por décima vez.

No, por vigésima.

Quizá por centésima.

Seguía sin creérselo.

Va a salir con Dohan. Con DOHAN. Con el hombre más guapo de Corea, según ella misma.

(El segundo lugar era para Kang, y Ha-eun seguía indignada por eso.)

Llevaba veinte minutos practicando sonrisas.

—Muy falsa... —murmuró, borrándola.

—Muy "me duele una muela"...

—Muy "acabo de ver un fantasma"...

Suspiró dramáticamente.

—Ay, Jisoo, concéntrate. Hoy es el día.

***

Más tarde después de que finalmente llegaron Dohan y Kang al mismo tiempo, cada uno se fue a su respectiva cita, ella estaba encantaba como viviendo un sueño de Alicia en el país de las maravillas. Veía a Dohan con ese hermoso abrigo azul marino, su sonrisa tímida, y esos ojos dulces que parecían derretir hasta el hielo del Ártico.

Definitivamente Jisoo iba a desmayarse en los brazos de Dohan, y esperaba que con suerte le diera respiración boca a boca.

—¿Lista para nuestra cita?

Lista para ser enterrada después, pensó ella.

Pero asintió, entusiasmada como si fuera a entrar a Disney.

Después de un camino lleno de preguntas de Jisoo sobre mil cosas de la vida de Dohan, finalmente llegaron a su destino. La pista de patinaje.

Hermosa, gigante, llena de luces.

Y llena de gente que patinaba como si hubiesen nacido con patines en los pies.

Jisoo parpadeó.

—Dohan... —susurró muy despacio— ¿Vamos... a patinar?

Él la miró confundido.

—Claro. Me dijiste que te encantaba patinar. ¿No te acuerdas? Te pregunté hace tres días, cuando estábamos en tu departamento y tú estabas... eh... gritando por algo que había en TikTok.

Jisoo abrió los ojos horrorizada.

Claro que no lo recordaba.

Ese día ella estaba tan emocionada por tener una cita que... simplemente asintió a todo como una idiota enamorada.

—¿Te pasa algo? —preguntó Dohan, inclinándose un poco para verla mejor.

—¿A mí? —dijo ella, con una sonrisa que temblaba más que gelatina— Para nada. ¡AMO patinar! Soy... profesional. Nivel olímpico. Me llaman "la reina del hielo".

Dohan rió bajito, encantado.

—Eso suena increíble. Vamos entonces.

Ella sintió su alma dejar su cuerpo.

Y claro que eso iba a ser la tragedia sobre hielo.

Se puso los patines con manos temblorosas.

Se levantó.

Casi se cae solo al intentar enderezarse.

No, no, no... esto estará bien.

Todo estará bien...

Creo que Dios me odia hoy.

Dohan la miraba con ternura.

—Te espero dentro, ¿sí?

—S-sí... claro.

Dio un paso en el hielo...

Y el hielo la traicionó como una novela de traición familiar.

Su pie se fue hacia la izquierda.

El otro hacia la derecha.

Su alma hacia arriba.

Si no fuera porque Dohan la sujetó del brazo, ella habría hecho un split involuntario digno del circo.

—¿Estás bien? —preguntó él, acercándola hacia sí.

Demasiado cerca.

Jisoo sintió que dejaba de respirar. Sus caras quedaron a solo centímetros, tanto que podía contar las pestañas de él. (Largas. Perfectas. Ilegales.)

—Sí... sí... sí... —dijo ella, con voz quebrada.

Pero apenas intentó moverse, volvió a resbalar. Otra vez él la sujetó.

Y otra.

Y otra.

—Jisoo... —dijo él suavemente— ¿Sabes patinar?

Ella juntó los labios.

Tragó saliva.

—No.

—¿Nada?

—Nada. Estoy aquí sobreviviendo por pura suerte y porque usted es muy fuerte.

Dohan soltó una carcajada suave.

—No tienes que disculparte.

Pero ella ya estaba cubriéndose la cara con las manos.

—¡Qué pena! ¡Me siento una estúpida! ¡No quería defraudarte!

Él negó con la cabeza y suavemente tomó sus manos para bajarlas de su rostro.

—Oye... mírame.

Ella lo hizo.

Los ojos de él estaban llenos de cariño.

—No pasa nada. Te puedo enseñar. Estoy feliz de estar aquí contigo, aunque tengamos que avanzar medio centímetro por minuto.

El corazón de Jisoo explotó.

Literalmente.

Ella casi cae otra vez.

Dohan se colocó detrás de ella, sosteniéndole las manos.

—No te preocupes —dijo él—. Solo sígueme el ritmo.

—Ok... —susurró ella, sintiendo que sus rodillas eran gelatina.

A cada paso, él la guiaba.

A veces la sostenía por la cintura cuando se inclinaba demasiado.

En un momento, él la atrapó de la mano y ella quedó a centímetros de su pecho.

Jisoo estaba perdida.

Literalmente en las nubes.

Él sonrió al verla tan roja.

—Eres muy bonita, Jisoo.

Ella no reaccionó.

Solo lo miró con la boca un poco abierta.

Como si se hubiera olvidado del lenguaje humano.

—Muy bonita —repitió él.

—¿Yo? —susurró ella.

—Sí. Tú.

Ella sonrió como tonta.

Como enamorada.

Como si las ruedas de los patines fueran algodón de azúcar.

Entonces él respiró profundo.

—Jisoo...

Ella lo miró con el corazón latiendo a mil.

—Me gustas.

El cerebro de Jisoo dejó de funcionar.

Literalmente.

Se apagó como una computadora vieja.

Parpadeó.

Retrocedió por reflejo.

Y el hielo dijo:

"No, mi cielo".

Se fue hacia atrás, resbaló y se cayó completa, dando un gritito agudo.

—¡Jisoo! —Dohan intentó sostenerla.

Pero ella, en un acto de puro instinto, lo agarró por el cuello de la camisa.

Dohan perdió el equilibrio.

Cayó encima de ella.

Ambos quedaron tirados en el hielo, mirándose a centímetros.

Ella primero sintió el golpe...

y luego...

Empezó a reír.

A carcajadas.

—Ay, Dios mío... —gimió entre risas— ¡Qué vergüenza! ¡Estoy hecha un desastre!

Dohan también se rió, sin moverse.

—¿Te hiciste daño?

—No... pero creo que maté mi dignidad.

Él negó suavemente.

—A mí me gustas así —dijo con una voz tan dulce que Jisoo dejó de reír.



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En el texto hay: romance, kdrama, jefeyempleada

Editado: 11.05.2026

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