CAPÍTULO 35—
Después de la cena, Kang le había recordado a Ha-eun que la abuela los había invitado a su casa al otro día en la noche por su aniversario de bodas. Aunque su esposo había fallecido hacía años, la abuela seguía celebrándolo como si el abuelo estuviera ahí, sonriendo desde la silla de siempre.
—No necesitas comprarle nada —había insistido Kang mientras manejaba hacia el centro comercial.
—Pues yo quiero hacerlo —respondió Ha-eun con la mirada firme. Y cuando ella se ponía así, ni el presidente del país podía convencerla de lo contrario.
Kang suspiró.
—Está bien, pero yo pago.
—No, no, no. Tú pagas la cena mañana, pero el regalo de la abuela lo pago yo.
Kang sonrió apenas.
—Eres imposible.
—Y tú gruñón —replicó ella, haciéndolo reír en voz baja.
Entraron al centro comercial más grande de Seúl, donde las luces brillaban como si fuera Navidad aun cuando faltaban meses. Ha-eun tomó del brazo a Kang y caminaron hacia una tienda elegante, mientras él la miraba como si temiera que se tropezara con el aire en cualquier momento.
En otra parte de la ciudad, casi al mismo tiempo, Jisoo arrastraba a Dohan fuera de la pista de patinaje.
—¡Necesito comprar algo para recordar nuestro día! —exclamó ella con la emoción de quien acaba de ganar la lotería del amor.
—Pero no tienes que gastar por eso —intentó razonar Dohan, que aún tenía hielo en la espalda por la caída épica de hace un rato.
—Sí tengo. Este día es histórico —respondió ella tomándolo del brazo como si temiera que saliera corriendo.
Y así, sin que ninguno de los cuatro sospechara nada... terminaron en el mismo centro comercial.
Ha-eun estaba viendo un collar elegante para la abuela cuando escuchó un chillido suave que solo podía venir de una persona con esa frecuencia específica:
—¿Ha-eun?
Giró la cabeza... y ahí estaba Jisoo, con las mejillas rosas y los ojos brillosos.
—¡¡AMIGAAAA!! —exclamaron las dos casi al mismo tiempo.
Dohan y Kang, a unos pasos detrás, se quedaron mirándose con cara de: ¿en serio? ¿Las dos aquí?
—Esto... es extraño —dijo Kang, alzando una ceja.
—Muy, muy extraño —asintió Dohan.
Ambos hombres caminaron unos pasos hacia atrás para conversar mientras las chicas se lanzaban a abrazarse.
Ha-eun y Jisoo ni siquiera tuvieron que hablar. Con solo verse... se leyeron la mente.
Te veo feliz.
Yo también te veo feliz.
El amor es hermoso.
Somos hermosas.
Estamos viviendo un cuento de hadas real.
Que nadie nos lo arruine.
... lástima que el universo no conoce la palabra "tranquilidad".
Porque justo cuando ambas estaban contándose lo increíble que habían sido sus citas, el aire cambió.
La temperatura bajó tres grados.
Las luces parecieron ponerse más blancas.
Y el sonido de unos tacones resonó como un villano entrando en escena.
Ha-eun sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
Jisoo entrecerró los ojos como un gato detectando a su presa.
Y entonces... la voz.
—Pero qué coincidencia.
Las dos giraron lentamente.
Ahí estaba ella.
Sera Han.
Rodeada por un aura de "soy demasiado fabulosa para respirar el mismo aire que ustedes".
Con un vestido que probablemente costaba lo mismo que el alquiler de un año.
Cabello perfecto.
Piel perfecta.
Sonrisa... venenosa.
Y, por supuesto, mirando a Ha-eun de arriba abajo como si fuera una mancha en el piso recién encerado.
—Pero mira tú... —dijo Sera con una sonrisa demasiado amable para ser real—. Si no es la chica del bakery. ¿Cómo era tu nombre? ¿Hana? ¿Hee-eun? ¿Hue-oon?
Ha-eun respiró hondo.
—Ha-eun —respondió con voz firme.
—Ah, sí. Eso —dijo Sera sin interés alguno.
Jisoo dio un paso adelante.
—¿Necesitas algo? —preguntó con una sonrisa que parecía amable... hasta que veías los ojos asesinos detrás.
—Nada —respondió Sera, poniendo una mano en el pecho de manera dramática—. Solo pasaba por aquí y vi a Min-jae.
Ambas chicas se tensaron.
Ha-eun apretó los labios.
Jisoo apretó los puños.
Y Sera... sonrió como un gato que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
—Ya hablaremos, Min-jae —dijo ella, levantando la mano para saludarlo desde lejos. Kang, que ya la había visto, puso cara de "no por favor otra vez".
Y luego, Sera volvió su mirada a Ha-eun.
—Por cierto —dijo inclinándose un poco hacia ella, como si fuera a compartir un secreto importante—. Es admirable que estés... intentando. De verdad. El esfuerzo es lindo.
Ja.
Intentando.
Ha-eun sintió cómo su cerebro entraba en modo asesina silenciosa.
Jisoo casi saltó encima de Sera para arrancarle una extensión.
—¿Intentando qué? —preguntó Ha-eun con una sonrisa peligrosa.
—Ay, cariño —respondió Sera tocándose el cabello—. Representar a un hombre como Min-jae. Pero no te preocupes, todas empezamos desde abajo.
Jisoo respiró hondísimo.
—Escucha, Barbie reciclada—
—Jisoo —susurró Ha-eun sujetando su brazo antes de que el desastre se desatara.
Sera solo sonrió, complacida por la reacción.
—Bueno, las dejo seguir con sus... compras. Espero que encuentren algo que vaya con tu estilo. —Miró a Ha-eun como si fuera una hoja seca en el piso—. Algo... simple, supongo.
Y se dio la vuelta, moviendo el cabello en cámara lenta, como si hubiera viento especial solo para ella.
Jisoo quedó mirando la espalda de Sera como un dragón a punto de escupir fuego.
—No sé tú —dijo entre dientes— pero yo la agarro y la uso de trapeador.
Ha-eun bufó.
—¿Quién se cree?
—Una modelo barata —replicó Jisoo—. Ay, no, ni modelo. Una actriz secundaria de drama que nadie recuerda.
Las dos respiraron.
Se miraron.
Y luego se acercaron a los chicos.
Dohan notó la expresión de Jisoo.