CAPÍTULO 36—
La mañana de la cena llegó más rápido de lo que Ha-eun hubiera querido. Después del encuentro dramático con Sera Han la noche anterior, había dormido apenas unas horas, dando vueltas, recordando lo protectivo que había sido Kang al abrazarla frente a su ex.
Pero no dejaba de pensar también en esa situación en el centro comercial y como esa Barbie falsa le había dicho entre líneas que ella no era suficiente para Kang, y lo peor del caso es que Ha-eun en cierto modo se sentía así por dentro, temía que su torpeza y diferencia social fuera un muro que pudiera separarla de Kang Min-jae.
En el auto, camino a casa de la abuela, Kang iba sorprendentemente tranquilo.
Cosa rara, considerando que su abuela era... su abuela.
—¿Nerviosa? —preguntó él sin despegar la vista del camino.
—¿Yo? Pff. No. Para nada. ¿Por qué estaría nerviosa de contarle a tu abuela que somos novios oficiales? Es solo tu abuela. Una mujer adorable. Ultra inteligente. Brutalmente intuitiva. Capaz de leer almas... —su voz se quebró—. Ok, estoy nerviosa.
Kang soltó una risa suave.
—Ella te quiere, no tienes nada de qué preocuparte.
—¿Seguro? Porque si se da cuenta de que no soy lo suficientemente elegante para ti, me va a lanzar con chancla tradicional coreana.
—No usa chanclas —dijo él encogiéndose de hombros—. Lanza cucharas de metal.
—AH. PERFECTO —respondió Ha-eun hundiéndose en el asiento.
Llegaron al lugar: la casa acogedora, llena de lámparas cálidas, plantas y la clásica decoración antigua que mezclaba encanto, historia y un poco de caos organizado.
La abuela los esperaba en la puerta.
—Llegaron tarde —dijo con una ceja levantada.
—Son cinco minutos —respondió Kang.
—Cinco minutos es tiempo suficiente para que el arroz se pase. O para que tu abuelo se quedara dormido en el sofá de por vida —comentó la abuela con ironía.
Ha-eun tragó saliva.
Uf. Así empezábamos.
Pero apenas cruzaron la entrada, la abuela abrazó a Ha-eun con fuerza, como si fuera una nieta más.
—¡Mi niña! Mira qué bonita viniste. Kang, cuida esta joya o yo te desheredo —le dijo, dándole un manotazo suave en el brazo.
Kang resopló.
—Abuela, no puedes desheredarme antes de cenar.
—Puedo hacer lo que quiera, soy vieja.
Se sentaron a la mesa, y aunque todo parecía normal, había una tensión dulce, un "tenemos que decir algo" que flotaba entre Kang y Ha-eun.
Kang carraspeó, nervioso.
—Abuela... hay algo que queremos contarte.
La abuela levantó la mirada con una sonrisa MUY sospechosa.
—A ver... sorpréndanme.
Ha-eun tomó aire.
Era el momento.
—Bueno... nosotros... Ha-eun y yo... estamos saliendo. Somos... novios. Pero... —Kang hizo una pausa un poco larga que parecía darle drama a la espera. Respiró hondo y prosiguió—. Te engañé al principio Abuela, Ha-eun no era mi novia antes, yo solo la llevé para que me dejaras en paz con eso de los nietos, pero ahora sí estamos saliendo de verdad.
Hubo un silencio. Uno bastante aterrador para Ha-eun quien ya estaba buscando visualmente, algo con que proteger su cabeza, en caso de que la abuela decidiera lanzarles cucharas de metal.
La abuela dejó los palillos en la mesa lentamente.
Los miró.
Miró la sopa.
Los volvió a mirar.
Y luego sonrió como villana de K-drama.
—Ay, por favor. Yo ya lo sabía.
Kang se atragantó con su propia respiración.
—¿Qué?
—¿Cómo que qué? —respondió ella—. ¿Crees que soy tonta? Ustedes han sido obvios desde el primer día. Pensé que me estabas haciendo una broma.
Ha-eun parpadeó incrédula.
—¿Entonces... la idea de que Kang y yo durmiéramos juntos?
La abuela asintió con una sonrisa diabólica.
—¿Y las preguntas incómodas del desayuno? —preguntó Kang, señalando con el dedo como acusación.
La abuela volvió a asentir.
—¿Y... la idea de ir a pescar? —preguntó Ha-eun desesperada.
La abuela no solo asintió, sino que golpeó la mesa como si fuera obvio.
—¡Por supuesto! Ustedes querían engañarme, así que no se quejen. Además, se les notaba en la carota que estaban enamorados. Solo necesitaban un empujón.
Kang y Ha-eun se quedaron mirándola con expresiones idénticas: un grito silencioso de ¿pero qué demonios?.
La abuela solo bebió su té feliz de la vida.
A pesar del choque inicial, poco a poco la cena tomó un aire cálido. La abuela, entre comentarios sarcásticos, empezó a contar historias de su difunto esposo.
—Tu abuelo siempre me llevaba flores —dijo con una sonrisa nostálgica—. Una flor cada aniversario. Siempre la misma: una pequeña flor blanca. Decía que esa flor era "yo". Pequeña pero imposible de olvidar.
Ha-eun sintió un nudo en la garganta. Tenía los ojos brillosos y trató de disimularlo mirando su plato, pero una lágrima se escapó traicionera.
La abuela la miró y sonrió con ternura.
—Ay, niña... tú tienes un corazón hermoso.
Kang observó esa interacción.
Y algo dentro de él se derritió.
De pronto, Ha-eun se levantó.
—Abuela... yo... tengo algo para usted.
Kang abrió los ojos sorprendido.
—Pensé que no hacía falta...
—Shh —lo calló ella suavemente—. Yo voy a hacer lo que quiera. También soy pequeña pero imposible de olvidar.
Kang sonrió sin querer.
La abuela recibió la cajita con curiosidad. Cuando abrió el estuche y vio el collar con la flor de plata... se quedó inmóvil.
Sus dedos tocaron la forma delicada del colgante.
Y sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
—Esta... esta es la flor que él siempre me regalaba —susurró, con la voz quebrada.
Ha-eun sintió que el corazón se le apretaba del orgullo y la emoción.
La abuela la abrazó, fuerte, como si la adoptara oficialmente en ese instante.
—Gracias, Ha-eun. No sabes... cuánto significa esto para mí.
Ha-eun la rodeó con los brazos, y ese momento quedó grabado en el alma de Kang.