The Biology of Loving You

CELL DIVISION

(8 años)

Summer

La división celular es el proceso mediante el cual una célula se divide para crear nuevas células.

En otras palabras, es el momento exacto en que algo comienza.

No sabía que mi propia división celular ocurriría un martes de verano mientras preparaba limonada.

Tenía ocho años.

Y era completamente idiota.

No porque fuera una niña.

Porque las niñas tienen permiso para ser idiotas.

Era idiota porque todavía creía que mi hermano algún día me dejaría jugar con los Huracanes.

—Summer, cariño, pásame más limones.

Levanté la cabeza de mi libro de biología infantil y observé a mamá desde la isla de la cocina.

Mi madre, Hellen Nakamura, era una de esas mujeres que parecían bonitas incluso cuando estaban cansadas. Llevaba el cabello recogido de cualquier manera y una camiseta enorme de papá, pero aun así parecía salida de una revista.

Yo había heredado exactamente nada de eso.

Mamá era elegante.

Yo parecía un espantapájaros con pecas.

—¿Summer?

—¿Hm?

—Los limones.

—Ah.

Tomé el recipiente y lo empujé hacia ella.

A través de la ventana podía ver a los Huracanes; Kenji, Damian, Luke y Marc.

Saltando dentro de la piscina.

Gritando.

Empujándose.

Intentando ahogarse mutuamente.

Lo normal.

Mi hermano era el mayor.

Dos años mayor que yo.

Había nacido en Japón antes de que mis padres se mudaran definitivamente a Estados Unidos.

De los dos, él había heredado muchísimo más de papá.

Los mismos ojos oscuros.

El mismo cabello.

Los mismos rasgos asiáticos marcados.

Yo, por otro lado, parecía una copia extraña de mamá.

Cabello demasiado largo.

Demasiadas pecas.

Ojos color miel.

Y según todas las personas que me conocían... cara triste.

Siempre cara triste, incluso cuando estaba feliz.

—¿Puedo ir a jugar con ellos? —pregunté por quinta vez.

Mamá ni siquiera levantó la vista.

—Pregúntale a tu hermano.

—Ya lo hice.

—¿Y qué dijo?

—Que no.

—Entonces ya tienes tu respuesta.

Suspiré dramáticamente.

Era injusto.

Muy injusto.

Kenji jamás me dejaba jugar con ellos.

Decía que era pequeña.

Que los molestaba.

Que lloraba demasiado.

Lo cual era mentira.

Bueno.

Lloraba.

Pero no demasiado.

Solo lo normal.

La puerta principal sonó justo cuando mamá terminó de exprimir el último limón.

Unos segundos después apareció Veska.

Veska llevaba trabajando para nuestra familia desde antes de que yo naciera.

Decía que había cambiado mis pañales.

Yo intentaba olvidar ese dato constantemente.

—Señora Hellen —dijo desde la entrada—. Los nuevos vecinos han llegado.

Mamá levantó una ceja.

—¿Los nuevos vecinos?

—La señora está en la puerta. Preguntó por usted.

Mamá dejó el cuchillo sobre la encimera.

—¿Ahora mismo?

—Sí.

—Qué raro.

Yo apenas prestaba atención.

Hasta que escuché la palabra vecinos.

Los vecinos eran importantes.

Los vecinos significaban posibles amigos.

Corrí detrás de mamá antes de que pudiera detenerme.

Y fue entonces cuando lo vi.

A él.

Un niño rubio de aproximadamente unos diez años de edad con ojos claros y bastante alto.

Y una expresión tan seria que parecía estar calculando impuestos.

Se encontraba junto a una mujer rubia muy elegante.

Y por alguna razón mi cerebro dejó de funcionar.

Completamente.

Se apagó.

Como si alguien hubiera desenchufado todos mis órganos.

—Hola —dijo él.

Yo lo miré.

—...

—Hola.

Seguí mirándolo.

—...

—¿Estás bien?

No estaba bien.

Definitivamente no estaba bien.

Porque acababa de olvidar cómo hablar.

La señora comenzó a reír suavemente.

—Caspian, deja a la pobre criatura respirar.

Caspian.

Ese era su nombre.

Recuerdo haber pensado que sonaba como un príncipe.

O como una enfermedad.

No estaba segura.

—Summer —dijo mamá con suavidad—. ¿Podrías enseñarle dónde está el patio?

Yo asentí inmediatamente.

Porque hablar seguía pareciéndome una tarea imposible.

Entonces comencé a caminar.

Y él me siguió.

Sin decir nada.

Gracias a Dios.

Porque yo tampoco podía decir nada.

Atravesamos la casa.

El pasillo.

La terraza.

Hasta llegar a la piscina.

—¡Kenji! —gritó mamá desde atrás.

Mi hermano levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Los vecinos.

Los chicos salieron del agua.

Uno por uno.

Empapados.

Ruidosos.

Exactamente como siempre.

Las presentaciones se extendieron por algunos segundos. Summer apenas prestaba atención; estaba demasiado ocupada intentando recordar cómo funcionaban los pulmones cuando una persona olvidaba respirar. Escuchó nombres, saludos y comentarios que se mezclaban con el sonido del agua de la piscina hasta que la voz de Caspian volvió a sobresalir por encima de las demás.

—Oye, Kenji —preguntó señalándola ligeramente con la cabeza—. ¿Tu hermano es mudo o simplemente muy tímido?

Durante una fracción de segundo el mundo pareció detenerse. Summer sintió cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba mientras observaba la expresión de desconcierto en el rostro de Caspian. Luego llegaron las risas. Primero fue Damian, que soltó una carcajada tan fuerte que casi volvió a caer dentro de la piscina.

Después Marc tuvo que apoyarse en una de las tumbonas porque apenas podía mantenerse de pie, y finalmente Luke comenzó a reírse también, secándose las lágrimas que le habían aparecido en las comisuras de los ojos.

—No es un chico, idiota —consiguió decir Marc entre carcajadas—. Es la hermana de Kenji.

Silencio.

Un segundo.




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