The Biology of Loving You

CELL DIVISION

Parte III

(9 años)

Existe una teoría bastante popular que afirma que los seres humanos estamos compuestos aproximadamente por treinta y siete billones de células.

No sé quién fue la persona que decidió contarlas.

Lo que sí sé es que, cuando tenía nueve años, estaba convencida de que todas las mías reaccionaban de manera diferente cuando Caspian Walker aparecía cerca.

Era científicamente imposible.

Y sin embargo ocurría.

Para entonces ya llevaba un año viviendo frente a nosotros.

Un año completo observándolo desde ventanas, barbacoas familiares, fiestas de cumpleaños, reuniones en la playa y tardes junto a la piscina.

Un año entero sin que mi situación hubiera mejorado lo más mínimo.

Los Huracanes seguían siendo los Huracanes.

Y yo seguía siendo simplemente Summer.

Aquella tarde de junio el calor era tan intenso que incluso las piedras del camino parecían derretirse bajo el sol. Desde la terraza principal podía verse la línea azul del océano extendiéndose hasta el horizonte, brillante y tranquila, mientras las olas rompían suavemente contra la arena privada que conectaba las propiedades del vecindario.

La casa de los Walker estaba decorada para una barbacoa.

La nuestra también.

En realidad, ocurría tan a menudo que parecía una tradición no escrita.

Los adultos se reunían.

Los niños desaparecían.

Y Veska terminaba persiguiendo a alguien con protector solar.

Generalmente a Damian.

—¡No necesito más protector!

—La última vez parecías una langosta hervida.

—Era un bronceado.

—Era una emergencia médica.

Summer observó la discusión desde una tumbona mientras fingía leer uno de sus libros sobre biología marina.

Fingía.

Porque llevaba quince minutos leyendo exactamente la misma página.

—Lo estás haciendo otra vez.

Levantó la vista.

Luke estaba de pie junto a ella sosteniendo una lata de refresco.

—¿Haciendo qué?

—Mirándolo.

Summer cerró el libro de golpe.

—No lo estaba mirando.

—Claro.

—No lo estaba.

—Summer.

—Luke.

—Lo estabas mirando.

Ella apretó los labios.

Luke sonrió.

Luke siempre sonreía antes de decir algo horrible.

—Es un poco preocupante.

—¿Qué cosa?

—Que lo observes como si fueras un documental de National Geographic.

—No hago eso.

—El mes pasado tomaste notas.

—Era una investigación.

—¿Sobre qué?

—Comportamiento humano.

—¿Y qué descubriste?

—Que eres insoportable.

Luke soltó una carcajada.

Antes de que pudiera responder, una sombra cayó sobre ellos.

Summer levantó la cabeza.

Y olvidó inmediatamente el resto de la conversación.

Caspian.

Por supuesto.

Era Caspian.

A los once años ya era más alto que la mayoría de los chicos de su edad. Su cabello rubio estaba húmedo por la piscina y llevaba una camiseta blanca que probablemente había estado limpia durante unos diez minutos antes de encontrarse con Damian.

—Luke.

—Caspian.

—Kenji te está buscando.

—¿Por qué?

—Damian quiere construir una catapulta.

Luke suspiró.

—Voy a arrepentirme de preguntar esto.

—Sí.

—¿Qué pretende lanzar?

—Todavía no lo sabemos.

—Fantástico.

Los dos se alejaron conversando.

Y durante unos segundos Summer creyó que había sobrevivido al encuentro.

Entonces Caspian se detuvo.

Giró ligeramente la cabeza.

Y la miró directamente.

—Hola, Summer.

Solo dos palabras.

Dos.

Ni siquiera una oración completa.

Pero bastaron para que su cerebro abandonara toda actividad cognitiva.

—Hola.

Milagrosamente había logrado responder.

Caspian sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Natural.

Como si aquello fuera completamente normal.

Como si no acabara de provocar una crisis existencial.

—¿Qué lees?

Summer bajó la vista.

El libro seguía abierto sobre sus piernas.

—Biología marina.

—¿Es divertido?

—Mucho.

—¿Más divertido que construir una catapulta?

Ella observó a Damian correr por el jardín perseguido por Marc mientras Kenji intentaba detener lo que claramente terminaría siendo una tragedia.

—Sí.

—Tienes razón.

Y entonces volvió a sonreír.

Después se alejó.

Simplemente se alejó.

Como si no acabara de reducir a cenizas las últimas neuronas funcionales que le quedaban.

Summer permaneció inmóvil.

Luke regresó dos minutos después.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Pareces enferma.

—No estoy enferma.

—¿Estás sufriendo de insolación?

—No.

—¿Te picó algo?

—No.

—Entonces ¿por qué estás roja?

Summer se levantó tan rápido que el libro cayó al suelo.

—Voy a buscar limonada.

—Summer.

—¿Qué?

—Estás enamorada.

—Tengo nueve años.

—Precisamente.

—Eres idiota.

—Eso no fue un no.

Y mientras Luke reía como un maniático detrás de ella, Summer caminó hacia la cocina convencida de una sola cosa.

Luke estaba completamente equivocado.

Porque ella no estaba enamorada.

No.

Simplemente pensaba en Caspian todas las mañanas.

Todas las tardes.

Todas las noches.

Y a veces soñaba con él.

Pero eso era totalmente distinto.

¿Verdad?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.