The Biology of Loving You

GROWTH

(10 años)

Según los libros de Biología, el crecimiento es un proceso ordenado.

Las células se multiplican.

Los tejidos se desarrollan.

Los órganos aumentan de tamaño.

Todo sigue un patrón lógico.

Una secuencia.

Un plan.

Lo que los libros jamás explican es por qué algunas personas parecen crecer exactamente como deberían mientras otras quedan atrapadas observando.

Cuando tenía diez años estaba convencida de que el universo se había olvidado de mí.

No de una manera dramática.

Bueno.

Quizás un poco dramática.

Pero era difícil no sentirse así cuando convivías diariamente con los Huracanes.

Aquel año fue especialmente cruel porque todos parecían haber decidido crecer al mismo tiempo.

Kenji ya no parecía un niño.

Luke tampoco.

Marc comenzaba a ensanchar los hombros.

Damian tenía una sonrisa tan encantadora que incluso algunas profesoras parecían soportar más tonterías de las que deberían.

Y Caspian...

Bueno.

Caspian era un problema completamente distinto.

A los doce años ya medía más que la mayoría de los chicos de cursos superiores. El uniforme parecía quedarle mejor cada mes, el cabello rubio se había oscurecido ligeramente con el tiempo y sus ojos seguían teniendo esa extraña capacidad de hacer que Summer olvidara cualquier pensamiento coherente.

Lo cual era injusto.

Profundamente injusto.

Porque mientras ellos crecían como personajes principales de una película adolescente, Summer seguía observando cómo lo único que parecía desarrollarse en su cuerpo eran sus pecas.

Más pecas.

Más cabello.

Y absolutamente nada más.

Una tarde incluso permaneció varios minutos frente al espejo del baño examinándose con detenimiento.

Giró hacia la izquierda.

Luego hacia la derecha.

Después volvió a girar.

Nada.

Absolutamente nada.

—¿Qué haces?

Summer casi saltó del susto.

Kenji acababa de aparecer apoyado en el marco de la puerta.

—Nada.

—Te estabas mirando como si fueras una criminal.

—Vete.

—¿Estás enferma?

—No.

—¿Te duele algo?

—No.

—Entonces deja de actuar raro.

Summer tomó una toalla y se la lanzó.

Kenji la esquivó riéndose.

—Mamá dice que ya llegó Odiseo.

—Ya voy.

—Y Petra hizo lasaña.

—Ya voy.

—Y Damian intentó convencer a Luke de que saltara desde el techo del gimnasio.

—Eso sí me interesa.

—Lo sabía.

Aquellas tardes seguían siempre la misma rutina.

Cuando terminaban las clases, el señor Odiseo recogía a todos.

Los Walker.

Los Petrov.

Los Vietrovvi.

Los Cross.

Los Nakamura.

Era una decisión que los padres habían tomado años atrás y que, según ellos, era mucho más práctica.

Según Summer, también era una forma muy eficiente de impedirle escapar.

Porque después del trayecto todos terminaban en casa.

Siempre en su casa.

Los adultos casi nunca estaban.

Su padre trabajaba demasiado.

Su madre viajaba constantemente.

Y por eso Veska y Petra habían terminado convirtiéndose en una especie de segundo sistema operativo familiar.

Petra cocinaba cantidades absurdas de comida.

Veska vigilaba que nadie destruyera la propiedad.

Y los Huracanes devoraban todo lo que encontraban.

Aquella tarde no fue diferente.

Summer llegó al comedor y encontró a los cinco ya instalados alrededor de la enorme mesa.

La residencia Nakamura era lo suficientemente grande como para que cada uno tuviera una habitación propia cuando se quedaban a dormir. Tenía ventanales que daban al océano, una piscina infinita y acceso privado a la playa.

Ninguno de ellos era consciente de lo privilegiados que eran.

O quizás sí.

Simplemente no hablaban de ello.

—Llegas tarde.

Damian señaló la silla vacía junto a él.

—Estaba ocupada.

—¿Haciendo qué?

—Ciencia.

—Mentira.

—¿Cómo sabes?

—Porque tienes diez años.

—La ciencia no discrimina por edad.

Damian soltó una carcajada.

—Me agradas, científica.

—Eso es porque tienes mal gusto.

—Probablemente.

Summer sonrió por primera vez en toda la tarde.

Damian tenía esa habilidad.

Años después entendería cuánto dolor escondía detrás de aquella sonrisa.

Pero entonces solo era Damian.

Divertido.

Caótico.

Imposible de ignorar.

Y quizás por eso siempre fue el primero en notar cosas.

Fue el primero en darse cuenta cuando Summer estaba triste.

El primero en darse cuenta cuando estaba enfadada.

Y también el primero en notar que cada vez que Caspian hablaba, ella dejaba de comer para escucharlo.

Por suerte para ella, nunca decía nada.

Todavía.

La escuela tampoco ayudaba.

Porque los Huracanes estaban empezando a convertirse en celebridades locales.

Kenji destacaba en rugby.

Luke comenzaba a sobresalir en fútbol americano.

Marc era bueno prácticamente en cualquier deporte.

Damian tenía facilidad para todo.

Y Caspian parecía destacar incluso cuando no lo intentaba.

Las chicas hablaban de ellos constantemente.

Durante los recreos.

En el comedor.

En los pasillos.

En los clubes.

Era agotador.

Especialmente porque Summer siempre terminaba escuchando conversaciones que no quería escuchar.

—Dicen que Marc salió con una chica de secundaria.

—Damian también.

—¿En serio?

—Los vi detrás del edificio de artes.

Summer levantó la vista de su libro.

No quería escuchar.

De verdad no quería.

Pero escuchó igualmente.

Y durante los meses siguientes siguió escuchando cosas parecidas.

Novias.

Besos.

Citas.

Rumores.

Historias.

Era como si todos estuvieran creciendo más rápido que ella.




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