The Biology of Loving You

MUTATION

Parte I

(12 años)

Las mutaciones suelen tener muy mala reputación.

Cuando la mayoría de las personas escucha la palabra, piensa inmediatamente en enfermedades, errores genéticos o problemas.

Pero la realidad es mucho más interesante.

Una mutación es simplemente un cambio.

Algunas son pequeñas.

Otras alteran organismos completos.

Y algunas son tan insignificantes al principio que nadie nota su importancia hasta años después.

La mía comenzó cuando tenía doce años.

Y, como casi todos los desastres importantes de mi vida, empezó con los Huracanes.

Para entonces ellos ya tenían catorce.

La diferencia de edad nunca había parecido tan evidente.

Cuando éramos pequeños apenas se notaba.

Dos años no significaban gran cosa.

Pero a los doce y catorce...

Dios.

Era una distancia enorme.

Los chicos parecían haberse convertido en adolescentes de la noche a la mañana.

Kenji ya era más alto que papá.

Luke tenía hombros capaces de bloquear la luz del sol.

Marc comenzaba a llamar la atención de prácticamente cualquier chica con pulso.

Damian seguía siendo Damian, aunque ahora las profesoras parecían suspirar cuando él sonreía.

Y Caspian...

Bueno.

Caspian se había convertido en un problema nacional.

Al menos para mí.

Lo peor era que ni siquiera parecía consciente del efecto que provocaba.

Simplemente existía.

Y eso ya era suficiente.

Aquella primavera toda la escuela parecía haberse vuelto loca.

Las chicas hablaban de chicos.

Los chicos hablaban de chicas.

Y yo hablaba de genética.

Como era evidente, aquello seguía sin ayudarme a hacer amigos.

—Summer, tienes que salir más.

La voz de Veska me encontró una tarde mientras estudiaba en la terraza.

Levanté la vista de un libro sobre evolución.

—Salgo.

—Eso no cuenta.

—Estoy literalmente afuera.

—Sabes perfectamente a qué me refiero.

Summer sonrió.

Veska llevaba intentando convertirla en una persona sociable desde que tenía memoria.

Era una batalla perdida.

—Hay una fiesta en la playa esta noche.

—No.

—Ni siquiera te he dicho quién va.

—Siguen siendo personas.

—Qué tragedia.

—Lo sé.

Veska suspiró dramáticamente.

—Algún día vas a enamorarte.

Summer volvió la vista hacia su libro.

—Eso suena agotador.

—Ya veremos.

Si Veska hubiera sabido.

Si hubiera sabido que llevaba cuatro años enamorada del mismo chico.

Si hubiera sabido que dicho chico estaba actualmente jugando rugby junto a mi hermano en la playa.

Si hubiera sabido que mi corazón se comportaba como un laboratorio clandestino cada vez que Caspian Walker aparecía.

Probablemente se habría reído durante una semana completa.

La fiesta terminó ocurriendo de todas formas.

Porque cuando los Huracanes decidían hacer algo, normalmente el resto del vecindario acababa involucrado.

Las familias instalaron mesas cerca de la arena.

Las luces comenzaron a encenderse cuando el sol empezó a ocultarse.

Los adultos conversaban.

Los niños corrían.

Y el océano parecía una enorme mancha azul oscura extendiéndose hasta el horizonte.

Summer estaba sentada sobre una de las tumbonas leyendo.

Otra vez.

Porque algunas cosas nunca cambian.

—¿Sabes?

La voz apareció tan cerca que casi dejó caer el libro.

Levantó la cabeza.

Damian.

Por supuesto.

Siempre era Damian.

—¿Qué?

—Empiezo a pensar que ese libro es una excusa.

—¿Para qué?

—Para evitar personas.

—Funciona bastante bien.

Damian soltó una carcajada.

A los catorce años ya era imposible no fijarse en él.

Tenía esa clase de carisma que llenaba espacios enteros.

Y sin embargo, por alguna razón, siempre encontraba tiempo para sentarse junto a ella.

—Deberías hablar con más gente.

—No me gusta la gente.

—Mentira.

—No es mentira.

—Te agradamos nosotros.

Summer cerró el libro.

—Ustedes son diferentes.

—¿Por qué?

Porque uno de ustedes es el amor de mi vida y todavía no lo sabe.

Por suerte no dijo eso.

—Porque sí.

Damian sonrió.

—Respuesta muy científica.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Durante unos segundos ambos observaron el mar en silencio.

Y entonces Damian habló otra vez.

—Te estás poniendo bonita.

Summer parpadeó.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Damian.

—Summer.

—Estás raro.

—Y tú sigues sin darte cuenta de nada.

Aquello la confundió todavía más.

Pero antes de que pudiera preguntar, Damian se levantó.

—Tengo que salvar a Marc de sí mismo.

—Buena suerte.

—La voy a necesitar.

Y se alejó.

Dejándola sola con una sensación extraña.

Porque aquella noche sería la primera vez que alguien la miraría de una forma distinta.

Y también sería una de las últimas noches antes de que todo cambiara.

Antes del baloncesto.

Antes del accidente.

Antes del beso.

Antes de la mutación.

Porque algunas alteraciones genéticas ocurren en segundos.

Pero las más importantes...

llevan años preparándose.




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