Parte III
(12 años)
Las mutaciones rara vez anuncian su llegada.
No aparecen acompañadas de música dramática.
No avisan.
No piden permiso.
Simplemente ocurren.
Y cuando finalmente notas el cambio, ya es demasiado tarde para volver atrás.
Mi mutación ocurrió un sábado.
Y comenzó con una pelota de baloncesto.
Lo sé.
No es particularmente romántico.
Pero tampoco lo era yo a los doce años.
Aquella tarde los Huracanes habían invadido nuestra casa una vez más. Los adultos estaban reunidos en una de las terrazas que daban al océano, Petra cocinaba para un ejército entero y Veska intentaba evitar que Damian destruyera algo costoso.
Como siempre.
El partido comenzó porque Marc aseguró que podía vencer a cualquiera.
Terminó convirtiéndose en una competencia absurda donde todos gritaban, discutían reglas inventadas y se acusaban mutuamente de hacer trampas.
Como siempre.
Yo estaba sentada cerca de la cancha exterior leyendo un libro.
Como siempre.
—¿Vas a pasar toda tu vida escondida detrás de esos libros?
La voz me obligó a levantar la vista.
Caspian.
El corazón le dio un salto tan fuerte que resultó ofensivo.
Porque aquello seguía ocurriendo.
Después de cuatro años.
Después de cientos de conversaciones imaginarias.
Después de miles de miradas robadas.
Su organismo seguía reaccionando exactamente igual.
—Estoy leyendo.
—Lo veo.
—Entonces la respuesta es sí.
Para sorpresa de ambos, Caspian soltó una carcajada.
Una carcajada real.
No una sonrisa.
No una risa educada.
Una carcajada.
Y Summer sintió que iba a morir.
Probablemente por combustión espontánea.
—Ven a jugar.
—No.
—¿Por qué?
—Porque me gusta vivir.
—No vamos a matarte.
—Eso es exactamente lo que diría alguien que planea matarme.
—Damian lleva veinte minutos intentando derribar a Marc con la pelota.
—¿Ves?
—Tienes un punto.
Summer sonrió sin querer.
Y Caspian sonrió también.
Durante un segundo pareció que el mundo entero se detenía.
No ocurrió nada importante.
Solo dos personas sonriendo.
Pero años después seguiría recordando aquel momento.
Porque fue una de las pocas veces que Caspian pareció verla realmente.
No como la hermana pequeña de Kenji.
No como la niña rara.
No como la chica obsesionada con los libros.
Solo Summer.
Contra toda lógica, terminó jugando.
No porque quisiera.
Porque Caspian insistió.
Y desgraciadamente Summer jamás había desarrollado inmunidad contra Caspian Walker.
—Pásala.
—No.
—Summer.
—No.
—Summer.
—No.
—¡SUMMER!
Damian apareció detrás de ella y le robó la pelota.
—Traición.
—Estrategia.
—Te odio.
—Mentira.
—Un poco.
—Mentira.
Luke observó la escena desde el otro extremo de la cancha.
—Es increíble que ninguno de ustedes haya muerto todavía.
—Todavía queda la tarde.
—Eso me preocupa.
Kenji negó con la cabeza.
Marc seguía riéndose.
Todo era normal.
Hasta que dejó de serlo.
Porque las mutaciones ocurren así.
En un segundo todo parece igual.
Y al siguiente...
ya no.
Summer corrió tras la pelota.
Damian intentó interceptarla.
Marc gritó algo.
Kenji protestó.
Y alguien tropezó.
Todavía no estoy completamente segura de quién fue.
Lo único que recuerdo es perder el equilibrio.
Y recordar que iba a caer.
Después recuerdo unos brazos intentando sujetarme.
Y luego...
silencio.
Porque cuando abrí los ojos, Caspian estaba allí.
Demasiado cerca.
Ridículamente cerca.
Sus manos seguían sujetándola.
Sus ojos estaban abiertos de par en par.
Y sus labios...
Sus labios estaban sobre los de ella.
El mundo dejó de existir.
No hubo océano.
No hubo cancha.
No hubo Huracanes.
No hubo nada.
Solo aquel instante.
Un instante absurdamente corto.
Un accidente.
Una equivocación.
Una casualidad.
Y aun así...
el momento más feliz de toda mi vida de doce años.
Entonces Caspian se apartó.
Tan rápido como si hubiera tocado fuego.
El silencio alrededor fue inmediato.
Marc fue el primero en reaccionar.
—Oh.
Damian dejó caer la pelota.
Luke parecía haber olvidado cómo parpadear.
Kenji simplemente observaba.
Y Summer...
Summer estaba convencida de que acababa de morir.
Probablemente de felicidad.
O de vergüenza.
O de ambas.
—Yo...
Caspian retrocedió.
Visiblemente alterado.
—Lo siento.
Aquello fue lo primero que dijo.
Lo siento.
No hola.
No estás bien.
No fue tu culpa.
Lo siento.
Summer sintió algo extraño.
Pequeño.
Casi imperceptible.
Como una grieta microscópica.
—No pasa nada. —Mintió.
Porque sí pasaba.
Pasaba muchísimo.
Caspian asintió.
Y luego hizo algo que ella jamás olvidaría.
Se marchó.
Sin decir nada más.
Sin mirarla otra vez.
Sin quedarse.
Simplemente se fue.
Y aunque en aquel momento no lo sabía...
aquello sería mucho peor que el accidente.
Mucho peor que el beso.
Mucho peor que la vergüenza.
Porque ese fue el día que comenzó la distancia.
El día que Caspian Walker empezó a desaparecer lentamente de su vida.
Y lo más doloroso de todo era que, mientras observaba cómo se alejaba por el jardín, Summer todavía no entendía qué había hecho mal.
Años después descubriría que algunas mutaciones producen cambios visibles inmediatamente.
Otras tardan semanas.
Meses.
Años.