The Biology of Loving You

ADAPTATION

Parte II

(18 años)

Las especies no saben cuándo están viendo algo por última vez.

Los lobos no saben cuál será la última cacería.

Las aves migratorias no saben cuál será el último vuelo.

Los seres humanos tampoco.

Porque si lo supiéramos, actuaríamos diferente.

Diríamos más cosas.

Nos quedaríamos unos minutos extra.

Abrazaríamos más fuerte.

Escucharíamos mejor.

Y yo habría escuchado mejor a Damian.

La llamada llegó un miércoles.

Recuerdo perfectamente que era miércoles porque tenía un examen de biología molecular al día siguiente.

Recuerdo que estaba estudiando.

Recuerdo que tenía abierto un cuaderno lleno de anotaciones.

Recuerdo incluso el color del resaltador que estaba usando.

Lo recuerdo porque después de aquella llamada nunca volví a ser exactamente la misma.

El teléfono sonó cerca de las once de la noche.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Levanté la vista con molestia.

Normalmente ignoraba las llamadas cuando estudiaba.

Pero aquella vez algo me hizo responder.

—¿Hola?

Durante unos segundos no escuchó nada.

Luego una respiración.

Y finalmente una voz.

Luke.

Nunca olvidaría aquella voz.

Porque sonaba rota.

Completamente rota.

—Summer.

Algo dentro de ella se tensó inmediatamente.

—¿Luke?

Silencio.

Otro.

Y otro más.

Hasta que finalmente él habló.

—Necesito que vengas.

—¿Qué pasó?

No respondió.

—Luke.

—Solo ven.

—¿Qué pasó?

La siguiente pausa fue peor.

Muchísimo peor.

Porque cuando Luke volvió a hablar...

estaba llorando.

Y Summer jamás había escuchado llorar a Luke.

Jamás.

—Es Damian.

El corazón se detuvo.

Literalmente.

Durante un segundo completo.

—¿Qué pasa con Damian?

Silencio.

Y entonces llegó la frase que dividiría su vida en dos partes.

Un antes.

Y un después.

—La policía encontró el cuerpo de Damián sin vida. Summer, Damián se suicidó.

No.

La respuesta fue inmediata.

Automática.

Visceral.

No.

Porque no tenía sentido.

Porque hacía apenas unos días habían hablado.

Porque él iba a regresar.

Porque todavía tenían planes.

Porque todavía existía la universidad.

Porque todavía existía el verano.

Porque todavía existía Damian.

—No. —repitió.

—Summer...

—No.

—Lo encontraron esta noche.

—No.

—Summer.

—No.

La palabra comenzó a salir una y otra vez.

Porque era más fácil que aceptar la verdad.

Más fácil que respirar.

Más fácil que pensar.

No.

No.

No.

No.

Hasta que la puerta de su habitación se abrió.

Y Hellen la encontró llorando en el suelo.

Aquella noche fue la primera vez en años que su madre dejó todo para quedarse con ella.

No expedientes.

No llamadas.

No trabajo.

Nada.

Solo Summer.

Solo su hija.

La sostuvo mientras lloraba.

Mientras gritaba.

Mientras repetía que debía haber un error.

Mientras intentaba convencer al universo de devolverle a Damian.

Como si negociar fuera suficiente.

Como si el dolor pudiera revertirse.

Como si la biología pudiera corregir aquello.

Pero la muerte no funciona así.

Nunca ha funcionado así.

Y ninguna cantidad de ciencia iba a cambiarlo.




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