HOMEOSTASIS
Parte II
(20 años)
Existe un fenómeno que ocurre en algunos ecosistemas cuando desaparece una especie clave.
Al principio parece que nada cambia.
Los árboles siguen creciendo.
Los animales siguen moviéndose.
Los ríos siguen fluyendo.
Todo parece normal.
Hasta que comienzan a aparecer los vacíos.
Y entonces el sistema completo recuerda que alguien falta.
Aquella tarde, frente al océano, todos recordamos que Damian faltaba.
Había sido Caspian quien encontró la caja.
O al menos eso fue lo que nos dijo.
Nadie preguntó demasiados detalles.
Nadie tenía fuerzas para hacerlo.
La caja era pequeña.
Sencilla.
Y había permanecido guardada durante casi dos años.
Esperando.
Como si incluso Damian hubiera sabido que nosotros necesitaríamos más tiempo del que estábamos dispuestos a admitir.
Nos reunimos en la playa privada poco antes del atardecer.
La misma playa donde habíamos crecido.
La misma playa donde aprendimos a nadar.
Donde jugamos fútbol.
Donde discutimos.
Donde nos reconciliamos.
Donde Damian me llamó mitocondria por primera vez.
El océano parecía más gris de lo habitual.
O quizás éramos nosotros.
Kenji permanecía de pie con las manos hundidas en los bolsillos.
Luke observaba el horizonte.
Marc mantenía la mirada fija en la arena.
Y Caspian sostenía la caja.
Nadie hablaba.
Nadie parecía saber cómo empezar.
Por primera vez en toda mi vida, los Huracanes no tenían respuestas.
Y yo tampoco.
—Siempre odié estas cosas. —murmuró Marc finalmente.
La frase tomó a todos por sorpresa.
Porque era exactamente algo que Damian habría dicho.
Luke soltó una pequeña risa.
Kenji también.
Incluso Caspian sonrió.
Y durante unos segundos los Huracanes parecían volver a tener quince años.
Solo unos segundos.
Luego el silencio regresó.
—¿Qué dejó? —pregunté.
Mi voz sonó más débil de lo que pretendía.
Caspian observó la caja durante un momento antes de responder.
—Recuerdos.
—Eso es muy ambiguo.
—Era Damian.
Buen punto.
Muy buen punto.
Aquello provocó otra pequeña sonrisa.
Y por primera vez en meses comprendí algo importante.
Nadie estaba intentando olvidar a Damian.
Todo lo contrario.
Todos estaban intentando recordarlo sin romperse.
Y aquello resultaba muchísimo más difícil.
Dentro de la caja había fotografías.
Entradas de conciertos.
Pulseras.
Notas.
Tonterías.
Objetos absurdamente insignificantes.
Y sin embargo todos parecían pesar toneladas.
Porque cada uno pertenecía a una historia.
A una tarde.
A un verano.
A una versión de nosotros mismos que ya no existía.
—Dios mío. —susurró Luke.
—¿Es eso...?
—La multa del centro comercial. —respondió Kenji.
Marc soltó una carcajada.
—Pensé que la habíamos destruido.
—Pensé que tú la habías destruido.
—Lo intenté.
—Claramente no.
Por primera vez en toda la tarde reímos.
Y dolió.
Porque Damian debería haber estado allí riéndose con nosotros.
Porque Damian era quien normalmente iniciaba aquellas conversaciones.
Porque Damian era el corazón del grupo.
Y todos lo sabíamos.
El sol comenzaba a desaparecer cuando finalmente llegamos al último objeto.
Un sobre.
Uno distinto a mi carta.
Más viejo.
Más gastado.
Más sencillo.
Caspian lo abrió cuidadosamente.
Y durante unos segundos simplemente observó el contenido.
—¿Qué dice? —preguntó Luke.
Caspian tragó saliva.
Después leyó.
—"Cuando finalmente abran esta caja, hagan algo por mí.
Nadie dijo nada.
—>>Dejen de actuar como si estuvieran sobreviviendo.
Aquello golpeó fuerte.
Muy fuerte.
Porque todos sabíamos exactamente a qué se refería.
—>>Y si siguen siendo unos idiotas dentro de diez años, entonces tírenme al océano.
La voz de Caspian se quebró ligeramente.
Solo un poco.
Pero fue suficiente.
—>>Siempre me gustó más el mar que los cementerios.¨
Y entonces nadie volvió a hablar.
Porque aquello era Damian.
Tan dolorosamente Damian.
Las olas avanzaban lentamente sobre la arena cuando nos acercamos al agua.
El viento era fuerte.
Frío.
Salado.
Y por un instante tuve la absurda sensación de que si miraba lo suficiente podría verlo aparecer caminando desde alguna parte.
Sonriendo.
Burlándose de nosotros.
Diciendo alguna estupidez.
Pero no apareció.
Porque las personas no regresan.
Y aquella seguía siendo la verdad más cruel que había aprendido.
Caspian fue el primero en lanzar una parte del contenido al mar.
Luego Luke.
Después Marc.
Después Kenji.
Y finalmente yo.
Observé cómo el agua se llevaba aquellos pequeños fragmentos de una vida.
Y por alguna razón fue entonces cuando algo dentro de mí se rompió.
No durante el funeral.
No cuando leí la carta.
No cuando recibí la llamada.
Allí.
Frente al océano.
Viendo desaparecer los últimos rastros físicos de Damian.
El camino de regreso a casa fue silencioso.
Demasiado silencioso.
Y cuando atravesamos las puertas de la residencia Nakamura, sentí que algo estaba mal.
Muy mal.
Mi respiración comenzó a acelerarse.
Las paredes parecían acercarse.
El aire desaparecía.
Mi corazón golpeaba con demasiada fuerza.
—Summer.
La voz de mamá sonó distante.
Como si estuviera muy lejos.
—Cariño.
Pero yo ya no estaba escuchando.
Porque finalmente estaba entendiendo.
Entendiendo que Damian nunca volvería.