HOMEOSTASIS
Parte III
(20 años)
Existe una teoría que afirma que los ecosistemas siempre intentan recuperar el equilibrio.
No importa cuánto daño sufran.
No importa cuántas especies desaparezcan.
La naturaleza siempre busca una nueva estabilidad.
Lo que nadie menciona es que algunas veces esa estabilidad es artificial.
Algunas veces no estás sanando.
Simplemente estás aprendiendo a disimular mejor.
Aquella noche yo estaba disimulando.
Y probablemente todos los demás también.
La fogata había comenzado horas antes.
Al principio parecía una reunión normal.
Una de tantas.
Música.
Comida.
Alcohol.
Risas.
Personas entrando y saliendo de la playa privada.
Chicas universitarias.
Compañeros de deporte.
Vecinos.
Amigos.
Desconocidos.
Todos mezclados alrededor del fuego.
Y durante unos minutos, si alguien observaba desde lejos, podría haber pensado que éramos felices.
Quizás incluso normales.
Pero las personas felices no observan constantemente el lugar vacío donde debería estar alguien.
Y todos nosotros lo hacíamos.
Aunque fingíamos que no.
Kenji fingía riéndose demasiado fuerte.
Marc fingía coqueteando.
Caspian fingía bebiendo.
Luke fingía que nada le afectaba.
Y yo fingía que el alcohol sabía bien.
Lo cual era una mentira terrible.
Sabía horrible.
Pero ayudaba.
Un poco.
Lo suficiente.
La botella estaba medio vacía cuando me alejé de la fogata.
O medio llena.
Nunca entendí la diferencia.
Solo sabía que necesitaba respirar.
Porque las risas empezaban a doler.
Porque cada vez que escuchaba a alguien reírme parecía escuchar también a Damian.
Porque una parte de mí seguía esperando verlo aparecer desde alguna parte.
Con aquella sonrisa.
Con algún comentario ridículo.
Con alguna explicación absurda sobre por qué había llegado tarde.
Pero Damian nunca volvía.
Y aquella era una realidad que seguía sin aceptar completamente.
La playa estaba tranquila.
Las olas rompían suavemente contra la arena.
El viento era fresco.
Y el océano parecía extenderse infinitamente frente a mí.
Por un momento pensé en la carta.
Pensé en la palabra mitocondria.
Pensé en los años que me había regalado.
Pensé en todas las veces que me había escuchado cuando nadie más parecía hacerlo.
Y pensé en la última vez que lo vi sonreír.
Aquello fue suficiente para que las lágrimas regresaran.
No muchas.
Solo algunas.
Las suficientes.
—Sabía que te encontraría aquí.
La voz apareció detrás de mí.
No necesité girarme.
—Hola, Luke.
—Hola, Summer.
Durante unos segundos ninguno habló.
Luke terminó sentándose a mi lado sobre la arena.
Llevaba una cerveza en la mano.
Y el cabello rojo más desordenado de lo normal.
Lo cual era impresionante.
Porque Luke parecía incapaz de peinarse correctamente incluso en las mejores circunstancias.
—Estás borracho. —murmuré.
—Tú también.
—No tanto.
—Mentira.
—Un poco.
—Mucho.
Aquello provocó una pequeña sonrisa.
La primera de toda la noche.
Permanecimos observando el mar durante varios minutos.
Sin hablar.
Sin necesidad de hacerlo.
Hasta que Luke suspiró profundamente.
Y dijo algo que no esperaba.
—Peleé con Damian.
Sentí que todo mi cuerpo se tensaba.
—¿Qué?
Luke bajó la vista hacia la botella.
—El verano que cumpliste catorce.
Y entonces recordé.
Dios.
Lo recordé inmediatamente.
Damian había llegado una noche con un ojo morado y sangre en sus labios.
Había dicho que se cayó.
No le creí, pero tampoco insistí.
Pensé que habría tiempo.
Porque los idiotas nunca creen que algo malo va a ocurrir.
—Fuiste tú. —susurré.
Luke asintió.
Lentamente.
Como si aquello todavía le pesara.
Y probablemente lo hacía.
—¿Por qué?
La respuesta tardó en llegar.
Mucho.
Luke observó el océano.
Luego las olas.
Luego la arena.
Cualquier cosa menos a mí.
—Porque pensé que estaba siendo egoísta.
La frase sonó extraña.
—No entiendo.
—Sí entiendes.
Negué con la cabeza.
Y durante un instante Luke pareció debatirse consigo mismo.
Como si estuviera intentando decidir cuánto decir.
Cuánto confesar.
Cuánto dolor soportaba recordar.
Finalmente soltó una carcajada amarga.
—Todos queríamos un pedazo de ti, Summer.
Aquello me tomó completamente desprevenida.
—¿Qué?
—No de esa manera. Bueno, no todos. Pero me refiero a que... todos queríamos estar cerca de ti. Todos.—Hizo una pausa y continuó— Tú eras parte de nosotros, siempre lo fuiste.
Me quedé inmóvil.
Porque jamás me había visto así.
Jamás.
Durante años me había sentido invisible.
La hermana pequeña.
La niña rara.
La chica de los libros.
Y ahora Luke estaba describiendo una realidad completamente distinta.
—Pensé que Damian quería quedarse contigo solo para él. —continuó.
—Pensé que estaba alejándote de nosotros, pensé que se estaba volviendo posesivo, pensé que estaba siendo injusto.
La voz comenzó a quebrarse.
Solo un poco.
—Y después entendí algo.
Tragué saliva.
—¿Qué?
Luke finalmente me miró.
Y vi lágrimas en sus ojos.
Por primera vez en toda mi vida.
—Tú eras lo único que tenía.
El mundo pareció detenerse.
—Luke...
—No lo entendí hasta que fue demasiado tarde. No tenía nada, Summer, nada. Resulta que su casa era un infierno, su padre era un monstruo, su madre estaba rota. Y nosotros... Nosotros teníamos familias, dinero, universidades, planes, un futuro. Y éll te tenía a ti. Y ninguno de nosotros lo vio. Nadie. Ni siquiera yo.