The Biology of Loving You

GENETICS

GENETICS

Parte I

(24 años)

La genética estudia la información que heredamos.

Los rasgos.

Las características.

Los patrones que pasan de una generación a otra.

Lo fascinante es que gran parte de esa información permanece oculta durante años.

Existe.

Está ahí.

Pero nadie la ve.

Hasta que algo la activa.

Hasta que algo la revela.

Y entonces todo comienza a tener sentido.

La verdad sobre Caspian Walker funcionó exactamente igual.

Permaneció escondida durante más de una década.

Y cuando finalmente salió a la superficie, descubrí que había estado equivocada durante años.

La conversación ocurrió una noche cualquiera.

Las más importantes siempre ocurren así.

Sin preparación.

Sin discursos.

Sin advertencias.

Simplemente llegan.

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas del apartamento de Caspian mientras ambos permanecían sentados en el suelo del salón. Los apuntes universitarios estaban abandonados sobre la mesa de café, los libros de Summer ocupaban la mitad del sofá y una película llevaba casi una hora reproduciéndose sin que ninguno prestara atención.

Aquello se había vuelto normal.

Extraordinariamente normal.

Y quizás por eso Summer se permitió formular una pregunta que llevaba demasiado tiempo guardando.

No porque necesitara la respuesta.

Porque ya no estaba segura de necesitarla.

Sino porque había llegado el momento.

Algunas heridas no cicatrizan correctamente hasta que entiendes cómo fueron hechas.

Durante varios minutos observó el reflejo de las luces sobre los ventanales antes de hablar.

—¿Puedo preguntarte algo?

Caspian levantó la vista del teléfono.

—Depende.

—Te estás copiando de mí.

—Lo hago desde hace años.

La respuesta provocó una pequeña sonrisa.

Pero desapareció rápidamente.

Porque ambos comprendieron que aquella no era una conversación ligera.

No iba a serlo.

—¿Por qué me ignoraste?

El silencio fue inmediato.

Y pesado.

Mucho más pesado de lo que Summer esperaba.

La expresión de Caspian cambió de forma tan evidente que por un instante sintió deseos de retirar la pregunta.

Pero era demasiado tarde.

Porque ambos sabían exactamente a qué se refería.

No hacía falta explicar nada.

No hacía falta mencionar el beso.

Ni los años.

Ni las fiestas familiares.

Ni los veranos.

Ni la distancia.

Todo estaba allí.

Entre ellos.

Sentado en la habitación.

Esperando.

Caspian tardó mucho tiempo en responder.

Tanto que Summer llegó a preguntarse si realmente lo haría.

Finalmente dejó el teléfono sobre la mesa y apoyó los antebrazos sobre las rodillas.

La postura de alguien preparándose para una conversación difícil.

La postura de alguien cansado de cargar algo demasiado pesado.

—Porque era un cobarde.

La respuesta la tomó completamente desprevenida.

No porque fuera dramática.

Porque era sincera.

Y la sinceridad suele ser más dolorosa.

—Eso no explica mucho. —murmuró ella.

Caspian soltó una pequeña risa.

Una de esas risas sin humor.

—Lo sé.

Durante unos segundos observó el suelo.

Luego cerró los ojos.

Y cuando volvió a hablar, su voz sonó distinta.

Más joven.

Más vulnerable.

Como si una parte de él hubiera regresado a los catorce años.

—Después del accidente del baloncesto no pude dejar de pensar en ti.

Aquello hizo que Summer olvidara respirar.

Porque no era la respuesta que esperaba.

Ni siquiera cerca.

Durante años había imaginado cientos de posibilidades.

Ninguna se parecía a aquella.

—¿Qué? —susurró.

—Lo escuchaste.

Y sí.

Lo había escuchado.

Perfectamente.

Simplemente no sabía qué hacer con ello.

Caspian permaneció varios segundos observando la oscuridad detrás de la ventana antes de continuar.

Las palabras parecían salir lentamente.

Como si hubieran estado atrapadas durante años.

—Fue un accidente, lo sé, pero después de aquello empecé a notarte en todas partes. En las cenas. En la escuela. En las reuniones familiares. De repente siempre estabas ahí. Y cuanto más intentaba dejar de pensar en ello... más lo hacía.

Summer permaneció inmóvil.

Porque la imagen que había construido durante años comenzaba a agrietarse.

Poco a poco.

Pedazo a pedazo.

—Tenía catorce años. —continuó él.

—Era un idiota. Probablemente uno bastante más grande que los demás y no entendía qué me estaba pasando. Solo sabía que eras la hermana pequeña de mi mejor amigo. Y que cada vez que aparecías me comportaba como un completo imbécil.

La sinceridad de aquella confesión resultaba casi absurda.

Porque era exactamente lo contrario de lo que Summer había creído toda su vida.

Durante años pensó que Caspian apenas la notaba.

Que simplemente no le importaba.

Que había sido invisible.

Ahora descubría que había sido todo lo contrario.

Y aquello era mucho más difícil de procesar.

—Entonces te alejaste. —murmuró ella.

Caspian asintió lentamente.

—Pensé que funcionaría.

—¿Funcionó?

La sonrisa que apareció en su rostro fue triste.

Terriblemente triste.

—No.

La respuesta fue inmediata.

Honesta.

Definitiva.

Y por alguna razón aquello le rompió un poco el corazón.

Porque significaba que ambos habían sufrido los mismos años.

Los mismos silencios.

La misma distancia.

Solo que desde lados distintos.

Y aquello era una tragedia tan absurda que parecía inventada.

La lluvia seguía cayendo detrás de las ventanas cuando Summer apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá y soltó una pequeña carcajada incrédula.

Después de tantos años.




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