GENETICS
Parte III
(24 años)
Existe una teoría bastante conocida dentro de la genética que afirma que algunas mutaciones permanecen ocultas durante generaciones enteras antes de manifestarse.
La información siempre estuvo allí.
Simplemente nadie sabía dónde buscar.
La culpa funciona de una manera muy parecida.
Puede permanecer dormida durante años.
Esconderse detrás de sonrisas.
De rutinas.
De relaciones.
Y aun así seguir creciendo.
Silenciosamente.
Hasta que finalmente ocupa todo el espacio disponible.
Cuando Caspian volvió a hablar, Summer comprendió inmediatamente que aquella culpa había estado viviendo dentro de él durante demasiado tiempo.
La lluvia continuaba golpeando los cristales del apartamento mientras el silencio llenaba la habitación. Ninguno parecía dispuesto a interrumpirlo. Caspian observaba algún punto invisible sobre el suelo, como si estuviera viendo una escena ocurrida años atrás. Y quizás lo estaba haciendo.
Porque algunas memorias nunca terminan realmente.
Simplemente aprenden a esconderse.
—Fue dos semanas antes. —murmuró.
Summer no necesitó preguntar antes de qué.
Lo sabía.
Los dos lo sabían.
La muerte de Damian había dividido la vida de todos en dos partes.
Un antes.
Y un después.
—Habíamos salido. —continuó. —Solo nosotros dos. Algo normal. Algo que habíamos hecho cientos de veces.
La voz de Caspian sonaba extraña.
Como si estuviera recordando cada detalle demasiado claramente.
Como si hubiera revivido aquella conversación tantas veces que ya formara parte de él.
—Al principio todo iba bien. Hablamos de la universidad. Del equipo. De Luke. De Marc. De las mismas estupideces de siempre. Y entonces apareció tu nombre.
Summer permaneció inmóvil.
Porque ya podía imaginar hacia dónde iba aquella historia.
Y aun así dolía.
Dolía incluso antes de llegar al final.
—Yo había estado bebiendo. —reconoció. —No mucho, pero lo suficiente. Y él me preguntó algo increíblemente simple. Me preguntó si todavía estaba enamorado de ti.
La lluvia golpeó con más fuerza las ventanas.
O quizás fue solo imaginación.
Porque durante un instante todo pareció detenerse.
—¿Y qué respondiste? —preguntó Summer.
Caspian soltó una risa amarga.
Una risa vacía.
—Nada. Porque no pude. Porque sabía la respuesta. Y él también. Los dos la sabíamos.
El silencio regresó.
Pesado.
Lento.
Como una marea oscura avanzando hacia la costa.
—Entonces me dijo que era un imbécil.
Aquello provocó una pequeña sonrisa involuntaria en Summer.
Porque sonaba exactamente a Damian.
—Sí, eso suena a Damian.
—Lo era. Y añadió que llevaba años siendo un imbécil.
La sonrisa desapareció rápidamente.
Porque detrás de aquella anécdota había algo mucho más profundo.
Algo que todavía estaba llegando.
—Me dijo que tú habías pasado media vida creyendo que no te veía, que habías sufrido por mi culpa, que te habías convencido de que no eras suficiente. Y que todo aquello había ocurrido porque yo era demasiado cobarde para admitir lo que sentía.
La mandíbula de Caspian se tensó.
Incluso ahora.
Años después.
—Y tenía razón.
La frase quedó suspendida entre ellos.
Simple.
Brutal.
Verdadera.
—Pero en aquel momento no quise escucharlo porque era más fácil enfadarme. Más fácil culparlo. Más fácil verlo como el problema.
La voz se quebró ligeramente.
Y por primera vez Summer comprendió que aquella conversación había perseguido a Caspian durante años.
No porque hubiera sido cruel.
Porque había sido honesta.
Y las verdades suelen doler más.
—Le dije cosas horribles. —confesó. —No porque las creyera. Porque estaba enfadado. Porque estaba celoso. Porque era un idiota. Y porque tenía dieciocho años.
Aquella última frase resultó tan triste que Summer sintió el corazón romperse un poco.
Porque sí.
Tenían dieciocho años.
Solo dieciocho.
Demasiado jóvenes para cargar con ciertas cosas.
Demasiado jóvenes para perder a un mejor amigo.
Demasiado jóvenes para entender cómo salvar a alguien que se estaba ahogando.
—¿Qué cosas? —preguntó suavemente.
Caspian cerró los ojos.
Durante varios segundos no respondió.
Cuando finalmente habló, su voz apenas fue un susurro.
—Le dije que había ganado.
Summer sintió que algo se tensaba dentro de ella.
—¿Qué?
—Que había ganado, que se había quedado contigo. Que podía dejar de preocuparse porque yo jamás iba a interponerme. Y que podía disfrutarlo. Porque él tenía lo que quería.
El silencio posterior fue devastador.
Porque incluso Summer comprendió inmediatamente lo que aquello significaba.
No era una frase cruel.
Era una frase desesperada.
Pronunciada por alguien que intentaba convencerse de que ya había perdido.
Y aun así...
seguía siendo horrible.
—Caspian...
—Lo sé.
La interrumpió antes de que pudiera continuar.
—Lo sé. Créeme, lo sé.
Las manos le temblaban ligeramente.
Solo un poco.
Pero Summer lo notó.
Y entonces llegó la parte que verdaderamente había destruido a Caspian.
La parte que llevaba años repitiéndose una y otra vez en su cabeza.
—¿Sabes qué hizo? —preguntó.
Summer negó con la cabeza.
La sonrisa que apareció en el rostro de Caspian fue tan triste que resultó insoportable.
—Se rio. Nada más, no me golpeó. No me insultó, no discutió conmigo.Simplemente se rió y después me dijo algo.
La habitación parecía contener la respiración.
Incluso la lluvia parecía más distante.
Más lejana.
Más suave.
—¿Qué te dijo? —susurró Summer.
Caspian bajó la vista.
Y cuando habló, lo hizo con la voz completamente rota.