El sol comenzaba a asomarse por el horizonte, pero para los seis estudiantes, la luz del día no traía claridad, sino un nuevo tipo de pesadilla. Tras la explosión, todos habían logrado regresar a sus apartamentos en un estado de aturdimiento profundo, creyendo que el dolor de cabeza era solo una secuela del "accidente eléctrico" de la universidad. No podían estar más equivocados.
Madisson fue la primera en notar que algo iba mal. Al entrar en su edificio, se cruzó con su vecino. Sin que él abriera la boca, Madisson escuchó un grito ensordecedor en su mente: "¡Llego tarde, el jefe me va a matar, mi esposa me va a dejar!". Se llevó las manos a los oídos, pero el ruido no cesaba; eran las emociones y miedos de cada persona en el bloque golpeándola como olas. Su carrera en Psicología la había preparado para escuchar mentes, pero no para sentirlas vibrar dentro de la suya. Allí había nacido Insight.
En el otro lado de la ciudad, Carter intentaba abrir la ventana de su habitación para tomar aire. Al hacerlo, sintió que su cuerpo perdía peso. Sus pies se despegaron del suelo apenas unos centímetros, y un impulso instintivo lo lanzó hacia adelante. En un parpadeo, atravesó el marco de la ventana pensando que moriría, pero de repente se encontró flotando a diez metros sobre el asfalto. El futuro piloto ya no necesitaba un avión; él era el dueño del cielo.
Keith, por su parte, vivía un horror distinto. Al mirarse al espejo para lavarse la cara soltó un grito al ver que sus manos desaparecían y luego sus brazos. Llena de pánico, intentó tocarse el rostro, pero su reflejo ya era un vacío absoluto. La estudiante de Optometría, que quería que todos vieran, ahora no podía ser vista por nadie. Se había convertido en un punto ciego en la realidad.
Mientras tanto, Layla se desplomó en su sofá, frustrada por el dolor de cabeza. Al extender la mano hacia la mesa para alcanzar su medicina, algo increíble ocurrió: el frasco no se movió hacia ella, sino que flotó en el aire, rodeado por un tenue brillo púrpura, y voló directamente a su palma. Sus ojos se abrieron de par en par sin poder creer lo que acaba de suceder. La Neurociencia que estudiaba se había manifestado físicamente; su mente ahora podía mover el mundo sin tocarlo.
Ethan, el criobiólogo, sintió un frío que nacía desde su médula ósea. Al intentar sostener un vaso de agua, el líquido se solidificó al instante, rompiendo el cristal. Su piel adquirió un matiz pálido y de su boca salía vapor frío a pesar del calor del verano. La terapia genética que tanto soñaba investigar ahora corría por sus venas, congelando todo a su paso. El mundo de ahora en adelante sería bajo cero.
Finalmente, Logan despertó con una sensación de vértigo espacial. Al tocar el mapa antiguo de su escritorio, el papel pareció rasgarse, pero no era el papel, sino la realidad misma. Un círculo de energía vibrante se abrió frente a él, mostrando por un breve segundo las pirámides de Giza. El estudiante de Turismo ya no necesitaba pasaportes ni guías; el mundo entero era una puerta abierta.
Seis jóvenes, seis soledades y un poder que ninguno pidió, pero que todos debían aprender a controlar antes de que los destruyera a ellos mismos.
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Editado: 30.01.2026