Las semanas dentro del Refugio Zero se convirtieron en un ciclo implacable de sudor, esfuerzo y asombro. Bajo la fría pero eficiente guía de Bot, los seis jóvenes dejaron de temer a sus habilidades para empezar a moldearlas. Sin embargo, en el aislamiento del búnker, no solo sus poderes evolucionaron; sus corazones también lo hicieron.
En el sector de vuelo, Carter intentaba mantener una altitud constante mientras una serie de ráfagas de viento artificiales lo golpeaban. Madisson lo observaba desde la plataforma usando su telepatía, no para invadir su mente, sino para calmar sus nervios.
—Estás demasiado tenso, Carter. Tu mente vuela más rápido que tu cuerpo —le dijo con una sonrisa suave.
Carter descendió y aterrizó frente a ella, todavía rodeado por una brisa eléctrica.
—Es más fácil cuando estás ahí dándome el curso —respondió él, tomándole la mano. En ese momento, Madisson no necesitó leer su mente para saber que el pulso de Carter se aceleraba por algo más que el ejercicio.
En la zona de precisión, Layla practicaba moviendo objetos pesados con su telequinesis, pero su frustración crecía al no poder ver con claridad el objetivo. Keith, que estaba en su estado invisible para entrenar su sigilo, se materializó justo a su lado, colocando su mano sobre el hombro de Layla para guiar su postura.
—No intentes verlo con los ojos, siente el espacio —le susurró Keith.
Layla se relajó ante el contacto, y un televisor viejo que usaban de blanco se elevó con una ligereza asombrosa. La conexión entre la chica que movía el mundo y la chica que desaparecía de él se volvía más fuerte cada día.
Mientras tanto, en la cámara criogénica, Ethan luchaba por no congelar todo el equipo. Logan estaba allí, abriendo pequeños portales para desviar el aire helado que Ethan expulsaba por accidente.
—Tranquilo, hielito. Si te pasas, te envío al Sahara un segundo para que te calientes —bromeó Logan.
Ethan soltó una carcajada, y el hielo que cubría sus brazos se transformó en un brillo cristalino y controlado.
—No sé qué haría sin tus salidas de emergencia, Logan. —admitió Ethan, mirando fijamente al chico que podía abrirle las puertas del mundo entero.
Después de un mes de entrenamiento intenso, los seis estaban transformados. Ya no eran los estudiantes asustados de la universidad; eran un equipo. Pero el encierro empezaba a pasarles factura. Las paredes metálicas del búnker se sentían como una jaula, por muy segura que fuera.
Esa noche, se reunieron en la consola central frente al holograma de Bot.
—Bot, hemos aprendido lo que nos pediste —dijo Carter, actuando como portavoz. —Pero no podemos vivir en un sótano para siempre. Necesitamos estar donde está la acción.
—Mis protocolos sugieren que la discreción es su mayor defensa —respondió la IA.
—Queremos un lugar en la ciudad, en Central City. —intervino Layla con firmeza. —Pero algo que pase desapercibido. Un lugar con vista panorámica para que Carter y Logan puedan vigilar, tecnología de punta para que tú sigas conectado, y lo más importante: habitaciones individuales equipadas. Si alguno de nosotros tiene un brote de poder, necesitamos un lugar que pueda contenerlo sin destruir el edificio.
—Buscan una base de operaciones, no solo un hogar —analizó Bot después de un breve procesamiento. —Un santuario tecnológico que se oculte a plena vista.
—Exacto —dijo Logan, mirando a sus compañeros. — Merecemos ver el cielo de nuevo, pero bajo nuestras propias reglas.
Bot guardó silencio durante unos segundos, mientras las luces de la consola parpadeaban rápidamente, escaneando el mercado inmobiliario y los registros de edificios fantasma de la ciudad.
—Entendido. Empezaré a procesar la adquisición y la remodelación clandestina. Si vamos a Central City, lo haremos con un nivel de sofisticación que Patterson nunca pudo imaginar.
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Editado: 30.01.2026