El Cipher-Jet cortaba el aire nocturno como una sombra silenciosa sobre el Pacífico. En la cabina no había manos sobre los controles ni pilotos humanos; Bot dirigía la nave con una precisión matemática, ajustando los motores y el camuflaje óptico para ser invisible ante cualquier radar. Los seis miembros de la Cipher Guard eran pasajeros en una máquina que pensaba por sí misma.
En la sección central, Frost y Gateway revisaban los suministros de energía de emergencia. Logan (Gateway) ya no tenía que preocuparse por navegar, así que aprovechaba para estudiar los mapas de calor de la isla que Bot proyectaba en las paredes del jet. Cerca de ellos, Vibe y Blindspot terminaban de ajustar sus equipos. La cercanía entre Layla y Keith era evidente; compartían risas en voz baja y un lenguaje corporal que hablaba de una conexión que crecía con cada misión.
Mientras tanto, en la zona de observación delantera, Skydash e Insight contemplaban la inmensidad del océano bajo la luz de la luna. Carter, libre de la carga de pilotar, se sentó junto a Madisson y tomó su mano con suavidad, entrelazando sus dedos.
—¿Nerviosa? —preguntó Skydash a través del comunicador interno.
Insight lo miró, y por un momento, el ruido mental del resto del mundo pareció desvanecerse.
—Un poco. Pero saber que Bot tiene el control de la nave me permite concentrarme en lo que nos espera allá abajo. Puedo sentir la ansiedad de todos en este jet, Carter... pero tú me das calma.
Skydash apretó su mano, un gesto cargado de una promesa silenciosa de protección. En ese pequeño rincón de tecnología punta, en medio de la nada, el vínculo entre ellos se sentía como lo único real.
De repente, la voz de Bot llenó la cabina, interrumpiendo el momento.
—Atención, Cipher Guard. He iniciado la secuencia de descenso. Estamos entrando en el espacio aéreo de la isla de Patterson. Mis sensores de largo alcance detectan movimientos biológicos masivos cerca de la zona de aterrizaje. No son humanos.
La atmósfera cambió en un segundo. La intimidad fue reemplazada por la adrenalina pura. Todos se pusieron en pie, ajustando sus cascos y activando los sistemas de combate de sus trajes.
—Prepárense —advirtió Bot. — La compuerta se abrirá en sesenta segundos. El Proyecto Quimera nos está esperando.
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Editado: 30.01.2026