El ambiente en la Cipher Base era gélido, y no por los poderes de Ethan. El descubrimiento de que sus padres habían sido cómplices de Patterson había dejado al equipo en un estado de parálisis emocional. Cada uno lidiaba con la traición a su manera: Layla golpeaba un saco de boxeo con ráfagas cinéticas, Keith se mantenía invisible durante horas, y Logan intentaba en vano consolar a un Ethan que no dejaba de temblar.
Sin embargo, Madisson estaba absorta frente a la pantalla. Sus ojos, iluminados por un suave brillo azulado, escaneaban el video de su madre una y otra vez.
—Hay algo más aquí... —susurró Madisson, captando la atención de todos.
—¿Más mentiras? —espetó Carter, cruzado de brazos y con la mandíbula tensa.
—No. Son micro-expresiones. Mi madre sabía que Patterson grabaría esto y que él lo vería como un trofeo de su control sobre nosotros. Pero ella estaba usando una técnica de parpadeo que me enseñó de niña cuando jugábamos a los espías. Es una clave... es... una ubicación.
Madisson cerró los ojos y proyectó la imagen mental hacia la consola de Bot. Las coordenadas apuntaban a un viejo faro abandonado en la costa norte, lejos del radar de la ciudad.
—Dejaron pruebas —continuó Madisson con un hilo de esperanza. —Grabaciones, documentos... algo que incrimina a Sterling y demuestra que el gobierno forzó el experimento. Si encontramos eso, podemos limpiar el nombre de nuestras familias y sacar a Sterling de nuestras vidas.
—Entonces no hay nada que discutir —sentenció Carter, golpeando la mesa. —Bot, prepara el jet. Vamos a ir allí, arrasaremos con cualquier cosa que Sterling haya puesto en nuestro camino y tomaremos esas pruebas por la fuerza. Es hora de dejar de ser los ratones de laboratorio y empezar a ser los cazadores.
—Espera un segundo, Carter —intervino Logan, levantándose con calma pero con firmeza. —Esto es demasiado conveniente. Sterling acaba de demostrarnos que sabe cómo anularnos. ¿No te parece sospechoso que Madisson encuentre esto justo después de que nos derrotaran? Podría ser una trampa diseñada para que salgamos de la seguridad de la base.
Carter se giró hacia él, con los ojos echando chispas.
—¿Estás sugiriendo que Madisson nos está mintiendo? ¿O que somos demasiado cobardes para pelear?
—Estoy sugiriendo que usemos la cabeza —respondió Logan, sin retroceder. —Si vamos todos y es una emboscada, se acabó la Cipher Guard. Necesitamos un plan, reconocimiento, no solo ir a dar puñetazos.
—¡Mientras tú planeas, Sterling sigue teniendo a nuestras familias! —rugió Carter. —Yo soy el líder de este equipo y digo que vamos ahora.
—Un líder protege a su equipo de riesgos innecesarios, Carter —replicó Logan con una voz gélida. —Y ahora mismo, tu rabia nos está poniendo en peligro. No voy a dejar que lleves a Ethan y a los demás a un matadero.
La grieta se hizo física. El equipo se dividió instintivamente en la sala. Layla, impulsada por su necesidad de acción, se puso al lado de Carter. Ethan, aún temeroso de volver a ver a Sterling, se colocó detrás de Logan. Keith y Madisson quedaron en el centro, mirando con horror cómo los dos pilares del equipo se enfrentaban.
—Si no estás conmigo en esto, Logan, quédate aquí —dijo Carter, dándole la espalda. —Pero no vuelvas a cuestionar mis órdenes delante de los demás.
Layla lanzó una mirada de duda hacia Keith, esperando que su pareja la detuviera o la apoyara, pero Keith permanecía en silencio, con la mirada perdida en el suelo. Sin decir palabra, Layla siguió a Carter hacia el faro. Sus pasos eran rápidos, impulsados por la rabia y el deseo de hacer algo, cualquier cosa, que no fuera quedarse a esperar el siguiente golpe de Sterling.
Ethan se acercó a Logan y le puso una mano fría, pero reconfortante, en el brazo.
—¿Crees que tiene razón? ¿Crees que soy un cobarde por querer esperar? —preguntó Ethan en un susurro.
Logan suspiró, viendo cómo el punto que representaba a sus amigos desaparecía en el radar.
—No eres un cobarde, Logan. Eres inteligente. Pero Carter está dejando que su ego y su dolor piloten esa nave. Y me temo que lo que van a encontrar en ese faro no es la verdad, sino una caída de la que no sé si podremos recuperarnos.
Madisson, sentada frente a la consola, rompió a llorar en silencio. No solo se sentía culpable por haber encontrado el código, sino por ver cómo su "familia" se desmoronaba por su causa.
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Editado: 30.01.2026