El ambiente en la zona de detención era una mezcla de alivio y terror puro. Cuando Logan logró piratear el panel de control y las celdas se abrieron, los chicos se lanzaron a los brazos de sus padres. Fue un reencuentro breve, empañado por las lágrimas y el sonido de las alarmas que Madisson apenas lograba mantener en silencio dentro de las mentes de los guardias.
—¡Papá, tenemos que irnos ya! —exclamó Carter, intentando levantar a su padre. —El jet de Bot está en espera en la plataforma inferior.
Pero su padre, el Sr. Blackwood, no se movió. Se aferró a los hombros de su hijo y señaló el collar metálico que rodeaba su cuello, idéntico al de los demás padres. Una pequeña luz roja parpadeaba al ritmo de sus latidos.
—No podemos, Carter —dijo con la voz rota. —Estos collares están vinculados al servidor central de la isla. Si nos alejamos más de cincuenta metros de la señal base, o si salimos del perímetro de la isla, se activará una carga termobárica interna. Nos matará al instante... y a ustedes con nosotros si están cerca.
El equipo se quedó helado. La ilusión de Madisson comenzó a flaquear; el sudor corría por su frente mientras el esfuerzo de mantener el engaño la consumía.
—Sterling no quería que nos rindiéramos —susurró Layla, apretando los puños. —Quería que estuviéramos todos aquí, atrapados con ellos, para borrarnos del mapa de un solo golpe si algo salía mal.
—Cipher Guard, tengo una lectura de los collares —la voz de Bot sonó a través del pequeño comunicador oculto de Madisson. —El Sr. Blackwood tiene razón. Es un interruptor de hombre muerto. La única forma de desactivarlos es desconectar el núcleo de datos en el despacho de Sterling, pero él ha activado un protocolo de seguridad física. Sin sus poderes, no podrán atravesar las puertas blindadas.
Carter miró a sus amigos. Estaban cansados, sin sus trajes y con sus poderes bloqueados por los collares que ellos mismos llevaban. Pero algo había cambiado; ya no eran los chicos asustados de la universidad.
—No necesitamos poderes para derrotar a un cobarde que se esconde tras la tecnología —dijo Carter con una chispa de liderazgo que ni el inhibidor podía apagar. — Bot, si no podemos usar nuestra energía, usaremos la de la base. Sobrecarga el sistema de ventilación y los conductos de refrigeración. Crea una distracción masiva.
—Entendido. Iniciando secuencia de inestabilidad térmica en 3, 2, 1...
De repente, las tuberías del techo estallaron en ráfagas de vapor caliente y las luces comenzaron a estallar. Los guardias, confundidos y cegados, empezaron a disparar al aire.
—Logan, Keith, lleven a nuestros padres a la zona más segura de los subniveles —ordenó Carter. —Madisson, deja de proyectar la ilusión y guarda fuerzas. Layla, Ethan... vamos a por Sterling. Usaremos el combate cuerpo a cuerpo que entrenamos en la base. Sin trucos, solo nosotros.
El equipo se dividió con una precisión asombrosa. Mientras Logan y Keith protegían a las familias, Ethan, Layla y Carter corrieron hacia el despacho de Sterling. En el camino, se enfrentaron a dos guardias; sin superfuerza ni hielo, tuvieron que confiar en su agilidad y en los movimientos de defensa personal que habían practicado mil veces con Bot. Layla derribó a un hombre con una patada giratoria perfecta, mientras Ethan usaba una barra de metal para desarmar a otro.
Llegaron al despacho principal. Sterling estaba allí, de pie frente a un gran ventanal, sosteniendo el detonador remoto con una sonrisa de suficiencia.
—Se acabó, Sterling —dijo Carter, jadeando por el esfuerzo físico. —Libera a nuestros padres y apaga los inhibidores.
—¿O si no qué, Dash? —se burló Sterling. —No eres nada sin ese traje de metal. Eres solo un chico con un apellido que vendieron por una beca.
—Tienes razón —respondió Carter, avanzando con paso firme. — Soy solo un chico. Pero este chico tiene algo que tú nunca entenderás: un equipo que confía en él incluso cuando no tiene nada.
En ese momento, Bot ejecutó la fase final del plan. Una descarga eléctrica dirigida desde el techo, sobrecargada por los sistemas de la base que golpeó el panel de control de Sterling. La ráfaga fue tan fuerte que el sistema de inhibición de toda la isla sufrió un cortocircuito masivo.
Los collares de los chicos emitieron un pitido agudo y se abrieron.
Por un segundo, el silencio fue absoluto. Luego, el aire en la habitación se congeló instantáneamente mientras los ojos de Ethan se volvían blancos. El suelo vibró bajo los pies de Carter y el cuerpo de Layla comenzó a emitir un brillo metálico cegador.
Habían recuperado sus poderes. Y Sterling estaba solo.
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Editado: 30.01.2026