El caos mental en la sala alcanzó su punto de ruptura. Logan (ignorando la imagen distorsionada de un Ethan que le gritaba reproches), se abalanzó hacia Madisson. No lo hizo con violencia, sino con una determinación desesperada.
—¡Carter! ¡Keith! ¡Ahora! —rugió Logan, envolviendo a Madisson en un abrazo mientras proyectaba toda su voluntad en mantener la conexión con la realidad.
Siguiendo su instinto, los demás se unieron. Carter sujetó las manos de Madisson, ignorando las descargas de estática neuronal que le quemaban los guantes, mientras Keith, en su forma más pura de intangibilidad, rodeó la cabeza de su amiga, intentando filtrar la señal externa. El Sr. Miller tenía razón: Jacob se alimentaba de la discordia. Al unirse físicamente y rechazar las visiones, el equipo creó una saturación de lealtad que el sistema nervioso de Madisson no pudo sostener.
Con un grito que hizo estallar las pantallas de la base, Madisson se arqueó violentamente y luego se desplomó en los brazos de Carter. El silencio que siguió fue absoluto, pero no era un silencio de paz; era el silencio de una antena que se ha roto para siempre.
—Madisson, por favor habla conmigo —suplicó Layla, arrodillándose a su lado.
La chica abrió los ojos. Estaban claros, libres del brillo eléctrico de Jacob, pero su mirada estaba apagada. Intentó concentrarse, buscó en ese rincón de su mente donde solía sentir los pensamientos de sus amigos como un suave murmullo constante, pero solo encontró un muro de granito.
—No escucho nada —susurró Madisson, con una voz aterrada. —No los siento. Mi mente... está en blanco. Está muerta.
El costo de expulsar al heredero de Patterson había sido el sacrificio de su propio don. La defensa mental de la Cipher Guard, su radar contra emboscadas y su vínculo de comunicación, había desaparecido.
—Alerta de proximidad de nivel uno —la voz de Bot sonó grave y sin las interferencias de antes, pero cargada de una urgencia gélida. —Estructura externa comprometida. Se detecta una intrusión de alta energía en el sector del hangar.
Un estruendo sacudió los cimientos de la Cipher Base. No fue una explosión de fuego, sino una implosión de materia. Jacob no iba a esperar a que se recuperaran. Sin el escudo psíquico de Madisson para ocultar la ubicación exacta de sus mentes, la base era un faro en la oscuridad para él.
Las luces de emergencia se tornaron blancas y fijas. En los monitores que aún funcionaban, se veía una figura caminando tranquilamente a través del metal reforzado del hangar, como si las paredes fueran de humo. Jacob vestía una gabardina oscura y sus manos emitían un fulgor blanco que desintegraba todo lo que tocaba.
—Logan, lleva a nuestros padres al refugio de nivel cuatro —ordenó Carter, mientras su cuerpo comenzaba a cubrirse de titanio orgánico con un chirrido metálico. —Los demás, conmigo.
El equipo se posicionó en el pasillo principal, formando una línea de defensa. Sin Madisson para advertirles de los movimientos de Jacob antes de que ocurrieran, se sentían ciegos. La puerta blindada al final del corredor comenzó a brillar al rojo vivo, luego se tornó hacia adentro y finalmente se desintegró en partículas de polvo.
Jacob entró en el pasillo. Tenía el mismo rostro que su padre, pero con una juventud cruel y unos ojos que parecían contener el vacío del espacio. Se detuvo a pocos metros de ellos, ignorando los rayos de energía de Layla o el frío que emanaba de Ethan. Su mirada se fijó en la habitación trasera donde Madisson intentaba ponerse en pie.
—Es una lástima —dijo Jacob, y su voz resonó directamente en los huesos de todos. —Ella era la única que podía entender la sinfonía. Ahora, solo quedan los ruidos molestos.
Levantó una mano y el aire alrededor del equipo comenzó a vibrar con una frecuencia mortal. Sin su escudo mental, la Cipher Guard estaba expuesta, por primera vez, al poder puro de un hombre que no conocía la piedad.
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Editado: 30.01.2026