The Cipher Guard

Capítulo 34: Exorcismo Exitoso

​La decisión de Carter cayó sobre el grupo con el peso de una sentencia. No eran verdugos, y no permitirían que el último rastro de Patterson los convirtiera en algo que no eran. Madisson se arrodilló frente a un Jacob que se convulsionaba, colocando sus manos sobre las sienes del joven.

​—Confíen en mí —susurró ella, cerrando los ojos.

​Al instante, la realidad física desapareció para Madisson. Se encontró en un vacío blanco, un paisaje mental donde los recuerdos de Jacob flotaban como fragmentos de cristal roto. En el centro, una figura imponente y oscura, con el rostro severo de Patterson, mantenía a un Jacob niño encadenado a una silla de laboratorio.

​—No perteneces aquí —rugió la sombra de Patterson, su voz distorsionada por miles de líneas de código. —Él es mi obra maestra. Mi legado.

​—Él es una persona, no un maldito servidor de datos —replicó Madisson.

​Mientras tanto, en el mundo real, Carter, Logan y Layla trabajaban con una eficiencia militar. Aprovechando que la energía de Jacob se había replegado durante el trance, escoltaron a sus padres hacia la zona más profunda de la base, el búnker de alta seguridad, asegurándose de que estuvieran protegidos de cualquier explosión de energía residual.

​En el plano mental, Madisson no usó fuerza bruta. En lugar de atacar a Patterson, se acercó al Jacob niño y le tomó la mano. Le mostró lo que era la verdadera libertad: la capacidad de sentir sin ser monitoreado, de elegir sin ser programado. Ese destello de humanidad fue el catalizador. El sistema inmunológico cerebral de Jacob, fortalecido por la presencia de Madisson, reconoció por fin a la conciencia de Patterson como un agente extraño, un virus que debía ser purgado.

​—¡Fuera! —gritaron Madisson y Jacob al unísono.

​La sombra de Patterson se deshizo en estática, pixelándose hasta desaparecer en un grito silencioso que se perdió en la nada. El vacío blanco se desvaneció y Madisson regresó bruscamente a su cuerpo, cayendo hacia atrás mientras el aire en el pasillo recuperaba su temperatura normal.

​Jacob se quedó inmóvil unos segundos. Sus ojos, que antes emitían un brillo blanco cegador, recuperaron su color natural, una mirada castaña y profundamente humana. El fulgor de partículas que lo rodeaba se extinguió por completo, dejando tras de sí un silencio absoluto. Sus poderes, vinculados intrínsecamente a la frecuencia neuronal de su padre, se habían ido junto con el virus.

​—Se ha ido —dijo Jacob, con una voz suave y quebrada. Se miró las manos, que ya no vibraban con energía destructiva. —Ya no puedo sentirlo... ni a él, ni al poder.

​Se puso en pie con dificultad, apoyándose en la pared. Miró a los seis jóvenes que lo rodeaban, aquellos a los que había intentado destruir apenas unos minutos antes.

​—Gracias —murmuró, con lágrimas asomando por sus ojos. —Y perdón. Por todo lo que él les hizo, por lo que yo les hice bajo su sombra. Por primera vez en mi vida, el ruido se ha detenido. Patterson ha muerto... esta vez, para siempre.



#2270 en Otros
#414 en Acción
#2061 en Fantasía
#885 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: superpoderes, justicia, amor lgbt

Editado: 30.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.