El ambiente en la base cambió de forma drástica. La estática violenta que repelía a los chicos se transformó en una vibración armónica, un zumbido grave que hacía temblar los cimientos del edificio. El meta de la realidad retrocedió, su rostro, una amalgama de galaxias y sombras, mostró por primera vez un rastro de duda.
—¡Imposible! —rugió el villano. —He reescrito sus neuronas. He moldeado sus corazones. ¡No deberían ser capaces de rechazar mi verdad!
—Tu verdad es solo un dibujo en la arena —respondió Carter, poniéndose en pie con un crujido de metal. Sus grietas se cerraban, selladas por la voluntad recuperada. —Y nosotros somos la marea.
Madisson se puso de pie junto a él, cerrando los ojos. Ya no buscaba la mente de Ethan; se sumergió en la de Carter con una profundidad que hizo que ambos soltaran un suspiro al unísono.
—Carter, ahora —susurró ella.
Fue la señal. El equipo se movió como un solo organismo en una maniobra de seis niveles que desafiaba cualquier lógica de combate previa.
—¡Esto es por cada segundo que nos robaste, imbécil! —gritó Carter.
Su puño de titanio, potenciado por la vibración sónica de su pareja y el frío de Ethan, impactó en el centro del pecho del metahumano. La colisión no produjo una explosión de fuego, sino una onda expansiva de realidad pura. El color ámbar del mundo paralelo que aún teñía los bordes de la visión de los chicos saltó en pedazos como un cristal roto.
El villano emitió un grito que se fragmentó en mil voces antes de colapsar sobre sí mismo. Sin una realidad que manipular y enfrentado a un vínculo que no podía corromper, su esencia se desintegró, siendo succionada por los portales de Logan hasta que no quedó ni un solo rastro de su presencia.
El silencio volvió a la base, pero esta vez era un silencio auténtico. Carter se dejó caer sobre una rodilla, y Madisson lo atrapó antes de que tocara el suelo, fundiéndose en un abrazo que olía a victoria y a verdad.
A unos metros, Keith sostenía a Layla, ambas riendo con una mezcla de histeria y alivio mientras el ritmo de sus corazones volvía a sincronizarse. Ethan y Logan se juntaron en medio de la sala, uniendo sus frentes, compartiendo ese espacio privado que solo ellos entendían.
—¿Están todos aquí? —preguntó Logan, con la voz temblorosa. — ¿Los de verdad?
—Estamos aquí, Logan —respondió Madisson, mirando a Carter con una sonrisa que borraba cualquier rastro del lavado de cerebro. —Y esta vez, no vamos a dejar que nadie nos diga quiénes debemos ser.
La Cipher Guard había sobrevivido a la prueba definitiva: la pérdida de sí mismos. Y al encontrarse de nuevo, se habían vuelto invencibles.
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Editado: 30.01.2026