The Cipher Guard

Capítulo 48: Una Noche en París

​La purificación criogénica no solo había limpiado sus células, sino que había dejado sus sentidos a flor de piel. Cada caricia se sentía eléctrica, cada mirada era más profunda y sus emociones vibraban con una intensidad casi abrumadora. Decidieron que la mejor forma de estrenar esta nueva claridad era lejos de la tecnología de la base. Gracias a los portales de Logan, el equipo apareció en un callejón discreto. París los recibió con el aroma a mantequilla de las boulangeries y el brillo dorado de la Torre Eiffel.

​Eran solo seis jóvenes disfrutando de la ciudad del amor, dejando atrás, al menos por una noche, el peso del mundo.

​Caminando por la Place Vendôme, Carter y Madisson avanzaban con los dedos entrelazados. La conexión mental entre ambos se había vuelto tan fluida que el silencio no era vacío, sino una conversación constante de sentimientos.

​Al pasar frente a una joyería de época, Madisson se detuvo un segundo. Sus ojos se fijaron en un colgante de plata con una piedra lunar que parecía atrapar la luz de las farolas. No dijo nada, ni siquiera lo señaló; simplemente pensó en lo mucho que esa piedra le recordaba a la claridad que sentía ahora que la oscuridad se había ido.

​Sin soltar su mano, Carter entró en la tienda. Madisson lo miró confundida, pero él solo le sonrió con esa seguridad que la derretía. Minutos después, salió y, con una delicadeza que solo reservaba para ella, le colocó el colgante en el cuello.

​—No necesitabas decir nada, Maddie —susurró él al oído, mientras sus dedos rozaban su nuca, enviando un escalofrío de placer por su columna. —Lo sentí en el momento en que tu corazón dio un vuelco al verlo. Te mereces todo lo que brille tanto como tú.

​Mientras tanto, en el bullicioso Pont Neuf, Keith y Layla se divertían esquivando a los turistas. Keith, con su estilo rebelde y su energía inagotable, no dejaba de hacer reír a Layla. Tras la purificación, la intangibilidad de Keith se sentía más natural, casi como si fuera parte del aire mismo.

​En medio de una multitud de fotógrafos y parejas, Keith tomó a Layla de la cintura. Antes de que los transeúntes pudieran chocar con ellas, Keith activó su poder. Ambas se volvieron una bruma plateada y translúcida, dejando que la gente pasara a través de sus cuerpos como si fueran fantasmas de luz. En ese espacio privado e intangible, en medio del caos del mundo que no podía tocarlas, Keith inclinó a Layla y le robó un beso profundo y apasionado.

​—Aquí solo existimos tú y yo, Layla —dijo Keith al materializarse de nuevo, con una sonrisa traviesa mientras Layla recuperaba el aliento, con las mejillas encendidas. — El resto del mundo es solo ruido de fondo.

​Sentados en la terraza de un pequeño café en Montmartre, Ethan y Logan compartían un chocolate caliente. El frío de la cirugía ya no atormentaba a Ethan; ahora era una extensión de su calma. Logan observaba a Ethan con una devoción absoluta, agradecido de que el hombre frente a él hubiera regresado de la muerte clínica de la terapia.

​—Mira esto —dijo Ethan en voz baja.

​Concentró su energía en la punta de su dedo índice. El vapor que subía de las tazas se condensó y, en segundos, Ethan creó un copo de nieve perfecto, de una geometría imposiblemente compleja, que flotaba sobre la mesa. No se derretía. Era un cristal de hielo eterno, imbuido con su propia fuerza vital.

​—Es para que nunca olvides que, incluso en el frío más extremo, podemos crear algo hermoso —le dijo Ethan, deslizando el pequeño cristal hacia él.

​Logan tomó el copo de nieve, maravillado de que no le quemara la piel.

—No necesito el cristal para recordarlo, Ethan. Pero lo guardaré como el tesoro que eres.

​La noche terminó con los seis reunidos en lo alto de la colina, observando las luces de París. No hablaban de villanos, de partículas oscuras ni de visiones apocalípticas. Se reían de las bromas de Keith, planeaban futuras cenas y se abrazaban con la certeza de que su amor no era una debilidad que los enemigos pudieran usar, sino la armadura más resistente que jamás tendrían.

​Eran la Cipher Guard, y finalmente, se sentían vivos.



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En el texto hay: superpoderes, justicia, amor lgbt

Editado: 30.01.2026

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