The Dimensions

Capítulo 3

Regresó a duras penas con las indicaciones que le habían dado —y unas cuantas más— solo para comprobar que el chico no estaba en el salón nuevamente. La clase comenzó, y el profesor dicto su nombre en la lista, lo cual era una actualización rápida, pero el nombre del adonis no, era como un príncipe dentro del salón, nadie hacía notar su ausencia, y el maestro lo pasaría por alto.

Nuevamente estaba hundida entre las tediosas clases, era francés, ella ya sabía francés, lo había estudiado intensivamente por un año. Sería una tonta si no lo supiera. Su mirada se perdió en la ventana. Otros chicos estaban sentados sobre el césped, aparentemente las otras clases no eran tan frustrantes como las de ella. Estaba a punto de quedarse dormida, cuando algo llamo su atención, más allá de la multitud de gente que había en el césped que rodeaba la escuela, un chico corría bastante apurado alejándose de su vista, la situación no parecía normal.

No pudo evitar seguir con la mirada al muchacho. Estiró su cuello todo lo posible, intentando con todas sus fuerzas no perderse ni un segundo. Se sorprendió al comprobar que le era conocido, por supuesto que era el adonis, y la situación, era igual de extraña que la de esa mañana.

—¿Señorita Renninger? ¿Señorita Renninger? — Loewen apenas y escuchaba las constantes llamadas del profesor de nariz afilada y ojos enervantes.

—¿Mmm? ¿Qué decía señor? — le miró con ojos soñadores.

El profesor hizo una mueca desaprobatoria y negó varias veces con la cabeza.

– Faites attention madeimoselle Renninger, viendra dans la prochaine révision. — el hombre le exigía atención, pero como pensaba que iba a poner atención a una clase que ya conocía.

— Oui monsieur… Mais ... Vous pouvez aller à la salle de bain pour un moment?  

El profesor se cruzó de brazos nada satisfecho con la pregunta, pero al comprobar el nivel de la joven, no vio la necesidad de retenerle en el aula, aun así, la joven agrego:

—Es que… me siento un poco mareada —chantajeó Loewen.

—Bien, pero no tarde —Loewen se puso de pie y salió casi corriendo del salón.

No consiguió evitar aquella acción, tenía que saber a dónde diablos iba ese chico, le llamaba la atención algo acerca del adonis, algo más allá de su físico, por supuesto. Se comportaba… lo que seguía de misterioso.

Salió del edificio encontrándose con los pastizales que visualizó desde la ventana del aula. Trato de ubicarse, ¿Desde la ventana que se veía? ¡Oh cielos sí! La cancha de tenis.

Sí, de tenis, los ricos son tan pretenciosos, tenían cancha de todo. Pero no importaba en el momento. Loewen corrió hacia la dirección de la explanada, pero ahí todo estaba normal, los chicos estaban practicando sin darle importancia a nada más que a su juego y a fanfarronear ante las chicas que estaban cerca.

Se desilusionó al pensar que lo había perdido. ¿Cómo pudo ser tan rápido? No era posible, y no se rendiría con esa facilidad. Si estaba corriendo era porque iba tras algo.

Un grupo de chicos pasó por su lado sin quitarle la mirada de encima, especialmente porque no la conocían y después porque era una muchacha lo suficientemente bonita como para llamar la atención.

—¡Eh! ¡Pelirroja! —le llamo un de los chicos de forma divertida.

No se necesitaba ser lista para saber que era la única pelirroja que existía en esa escuela, o tal vez en esa ciudad. Loewen volvió la mirada un poco expectante, ¿qué le dirían esos zopencos?

—¿Buscas a alguien? —sonrió el otro.

No dejaban de ser guapos, pero no le llegaban al adonis. ¡Pero que decía!

—Sí —asintió la joven acercándose a ellos— Busco al adon…—negó varias veces, ellos que iban a saber eso—. Digo, a un tal ¿Winsterneed?

—Ah —si no se equivocaba, una tremenda desilusión cruzo por los ojos de aquellos chicos—. Claro, se fue corriendo por allá, a la última cancha de voleibol. La verdad es que no sabemos muy bien, solo paso de…

Loewen ya comenzaba a alejarse. Volvió la mirada con una sonrisa y se despido con la mano dulcemente. Luego les agradecería. Si es que se acordaba de sus caras.

Muy bien, en la dirección que esos dos le indicaron era la de la última cancha de la escuela, pero dudaba que el adonis resolviera un problema en ese lugar tan publico…aunque rememorando sucesos, nadie podía ver cuando el sacaba su espada rara, y no eran capaces de percibir ruidos como los de la carretera.

Llego a la desolada cancha abriendo la reja que tenía como puerta casi de una patada. Nada. No había nadie, pero no podía ser, si esos chicos le vieron, o tal vez solo buscaban deshacerse de ella, que era una posibilidad.

Loewen decidió no seguir con su aventura, de todas formas, no había nadie ahí. Se giró sobre sus talones, dispuesta a retirarse. Cuando de pronto un estruendo le hizo temblar las rodillas. Miró hacia los lados. Aparentemente los chicos si habían sentido esta vez el ligero movimiento de tierra.

Rápidamente la voz mecanizada comenzó a dar órdenes de evacuación. Y era normal, ¿Recuerdan lo de que vivían cerca del volcán de Yellowstone?, bueno, era obvio que tuvieran medidas de seguridad estrictas. Pero, Loewen sabía que no era el volcán, al menos, no naturalmente.




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