The Dimensions

Capítulo 14

Eiden había buscado desesperadamente a Loewen.

Pero la chica no se encontraba en el comedor, de hecho, ni siquiera se presentó a desayunar. Enfadado, tomó su comida sin mencionar palabra, aunque sus hermanos intentaron entablar conversación, el joven los cortaba, dándoles respuestas secas o monosilábicas.

Ya la encontraría después, eso era lo que tenía en mente. Ahora se enfocaría en entrenar un poco antes de tener que irse a la escuela.

Caminó hacia su lugar favorito. El campo de entrenamiento estaba ubicado un poco lejos ya que su madre odiaba que siempre le quemaran sus flores. Los hermosos jardines decorados únicamente con flores de los colores del fuego, habían terminado carbonizadas en más de una ocasión, por consiguiente, la madre de Eiden rogo por que se pusiera un campo de entrenamiento. A Eiden no se le pudo haber ocurrido una mejor idea, desde que había sido inaugurado, pasaba la mayor parte de su tiempo en ese lugar.

Caminaba a paso firme cuando se encontró nuevamente con Laia. Se vio en la necesidad de pararse en seco frente a ella, ya que prácticamente se había interpuesto en su camino.

—Emm Eiden, he traído algo para el golpe— señalo la mejilla del muchacho. Eiden instintivamente se llevó la mano al lugar señalado, en realidad no le dolía para nada, aunque supuso que debía seguir un poco roja.

—No hace falta, no es nada— Eiden la esquivo y caminó un poco.

—No, yo… Emm, he traído esto para que te pongas— en las manos Laia había un pequeño botecito, lo que seguro seria pomada. A él le resultaba exagerado y sabía que no era precisamente de eso de lo que Laia quería hablar.

—Oh, bueno… gracias—  se quedó quieto en su lugar para que la muchacha hiciera lo que quisiera y lo dejase ir de una vez.

Laia bajó la mirada y abrió el pomo con la pomada que iba a ponerle al muchacho, encontrando ese desvió de tema como una oportunidad para hablar.

—Yo… siento la confusión de hace rato— dijo la muchacha con las mejillas encendidas al rememorar lo que Loewen había dicho. 

Laia se estiró para llegar a la mejilla de Eiden y comenzar a regar la pomada que refrescaba la piel enrojecida.

—Ah eso…— negó con la cabeza —, no importa. Esa Loewen me las va a pagar— frunció el ceño el muchacho.

— De verdad lo siento— lucia claramente avergonzada, así que Eiden poso su mano en el hombro de Laia, haciendo que lo volteara a ver.

—No importa Laia, ella no tenía por qué decir eso. Solo ignórala. — habló monótonamente, casi como si fuera una orden.

Laia observo a Eiden detenidamente. Había estado enamorada de él desde que eran unos niños, anteriormente jugaban seguido, pero al ir creciendo, sus responsabilidades incrementaron, y los espacios en los que estaban juntos eran reducidos.

—Bien gracias. Me tengo que ir Laia— la chica vio cómo se alejaba, pero de pronto se detuvo en seco, dio media vuelta para mirarla de nuevo a los ojos y dijo con una voz de advertencia—: Laia. No quiero que vuelvas a atacar a Loewen, por el motivo que sea, te prohíbo que lo hagas— la muchacha dio un paso atrás por el tono cortante y tan diferente que había empleado con ella durante toda su vida. ¿Por qué la defendía tanto? ¿Qué le obligaba a protegerla de esa forma?

En su mente no dejaba de pensar que Loewen sería una fuerte rival, aunque de momento no lo fuera, podría muy probablemente ocurrir. Pero no dejaría que eso pasara, ella siempre había estado junto a e Eiden, no lo dejaría ir tan fácilmente. Ella era con la que practicaba, salían de misiones, platicaban. Eran amigos desde siempre. No, definitivamente no dejaría que una chiquilla pretenciosa llegara a sus vidas y los alejara. Laia no contesto nada, simplemente vio como Eiden dio media vuelta y caminó a paso firme hacia el campo.

Eiden se dirigía al campo de entrenamiento, pensando en voz alta. Rara vez pasaba que Eiden estuviera tan concentrado en sus cavilaciones.

—Cómo es posible… esa chica… no claro pero mi padre… terminare matándola— estaba tan sumido en sí mismo, que una ráfaga de fuego casi lo saca a quemar espárragos. Solo gracias a sus hábiles reflejos, pudo retenerla con un solo movimiento de su mano, haciendo que el ataque se partiera en dos.

—Siempre me sorprendes— Eiden miró a su amigo, el cual tenía una sonrisa inquebrantable.

—Ah, Ashvend. No te vi en la cena de hace unos días, además ¿Dónde te habías metido? No te había visto últimamente— pronunció distraído.

El chico de cabello un poco largo y un café intenso, se acercó a Eiden pasándole un brazo por los hombros de manera amistosa.

—Sí, tenía cosas que hacer— sonrió de nuevo Ashvend –pero me dijeron que fue todo un espectáculo —Movió sus cejas de manera juguetona.

—Muy gracioso, para mí no fue nada divertido. Tampoco creo que Loewen piense que fue entretenido el tener quemaduras de tercer grado— ironizo Eiden – ¡Me pone los nervios de punta! ¡No la soporto! — miró los ojos de su primo y mejor amigo.

Ashvend lo observo con aquellos ojos cafés intenso que hacían que Eiden no pudiera más que bajar la mirada, era de los pocos que podían hacer que Eiden entrara en razón y era aún menor el rango de las personas que lo hacían bajar la mirada.




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