The Dimensions

Capítulo 28

Loewen se sentía como una criminal. Esperaba ansiosa la llegada de Eiden. Hace horas que ella estaba cambiada con su pijama de borregos color azul pastel y un moño bastante gracioso bajo su cuello. Aun así, el príncipe no parecía dar luces de su llegada, ni siquiera a la recamara. Era normal que Eiden se quedara con su padre o con cualquier persona que deseara consultarlo. En ese momento la estaba desquiciando, ¿Por qué justo ese día tenía que demorarse tanto?

De pronto, Loewen escuchó la puerta de entrada ceder. Las voces de Eiden entremezcladas con las de otros hombres se hicieron sonar en la sala que había afuera de las habitaciones. Parecían discutir de algo, pero ella no era capaz de comprender mucho de lo que decían. Sobre todo, porque en ese instante ella había corrido a la cama y se había metido para fingir estar dormida.

Eiden todavía tardo otra media hora en deshacerse de las personas que lo acompañaron hasta su habitación. Y unos quince minutos en abrir la puerta que daba entrada a la recamara de Loewen, donde ella seguía pretendiendo dormir.

—¿Estuviste de espía nuevamente? —preguntó el chico mientras dejaba su bata a un lado.

Loewen suspiró. ¿Por qué tenía que ser tan condenadamente perceptivo? Se sentó sobre la cama y lo miró con ojos cansados.

—No. No escuché nada de lo que tus ruidosos amigos y tú, discutían.

—Bueno, eso es un milagro —la miró mientras tomaba un vaso de agua— ¿A qué se debe?

—A que estaba dormida.

—Ajá, claro, suena lógico.

—Pues sí —se cruzó de brazos—, no todos disfrutan desvelarse hasta las doce de la noche.

—¿Eres un bebe? Son apenas las once.

—Me gusta descansar como se debe.

Eiden soltó una risa poderosa, negó con la cabeza y la miró.

—Por favor, te duermes a la una de la mañana normalmente.

—Bueno, estos días estoy más cansada de lo normal.

Eiden cambió su cara, poniéndose bastante serio. Se acercó a la cama, se sentó en el borde junto a ella y la miró de arriba abajo, inspeccionando algún cambio en su persona.

—¿Por qué? ¿Has hecho alguna otra cosa fuera de lo normal?

Loewen dejó salir el aire de forma poco femenina y se dejó caer en la almohada, mostrándose frustrada y apesadumbrada.

—No he quitado sus poderes a nadie más, si es a lo que te refieres.

Eiden se puso en pie y caminó hacia su lado de la cama.

—No le quitaste los poderes a Jack —ocultó el chico—, no sabemos que es lo que paso.

Loewen sabía que mentía. Era casi imposible que Eiden no estuviera enterado de lo que sucedía. ¡Era Eiden!, el chico era capaz de torturar con quemaduras graves a quien no quisiera revelarle algo que le interesara.

—Como digas.

—¿Por qué piensas que le quitaste los poderes? —inquirió el hombre— ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

—Nada, solo fue una forma de decirlo.

Loewen tenía que pensar más sus palabras. Eiden era un hombre listo —pese a lo que ella dijera—, era capaz de comprender las palabras que salían de su boca, incluso las que salían inconscientemente. Era como tener a un psicoanalista a tu lado todo el tiempo. Parecía comprenderla más de lo que ella se comprendía a sí misma, lo cual era aterrador.

—Claro —dijo en tono de sospecha—, bien, vamos a dormir.

—Sí, ¡Al fin!

Eiden rodó los ojos y se metió en su lado de la cama. Loewen sabía que no sería tan fácil, el hombre que dormía con ella no era una piedra más en el camino. No, Eiden sería más bien como una muralla, una fortaleza inquebrantable. Incluso su maldito sueño era ligero, siempre al pendiente de todo lo que le rodeaba. No sabía cómo saldría de ahí.

—Tu nerviosismo me abruma —dijo el chico con los ojos cerrados—, me impide dormir porque sé que estás planeando algo.

Loewen lo miró. Todavía había algunas luces encendidas en la habitación, se apagaban en cuanto entraban en modo de reposo —lo que significa “dormitando” —, sí, era otra de las cosas que tenía que pensar, esas malditas luces se encenderían si acaso ella se despertaba.

—Lo siento, no todo el tiempo se me pasa por la cabeza que dejé a un hombre sin sus poderes.

Eiden suspiró, aparentemente creyéndose la mentira.

—No sabemos lo que pasó —le dijo—, pero sabemos lo que pasará si no te duermes.

—Te pones de genio cuando no te duermes ¿verdad principito?

Eiden abrió los ojos y miró hacia ella.

—¿Qué te propones? ¿Me quieres cucar, aunque según tu morías de sueño?

—Se me quitó.

—Pues que te regrese. En los días venideros comenzarán a arribar el resto de los elementaristas, por lo cual hay trabajo que hacer.

Loewen se puso de costado y colocó una mano bajo su mejilla, viendo el perfil de Eiden.

—¿Cómo qué cosas?




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