Recuerdo mi niñez muy bien. Sé que he estado solo desde que nací, no recuerdo haber conocido a mi familia, pero eso no me importaba realmente, seguí mi vida, solo. En el transcurso del tiempo iba creciendo, me volvía más salvaje, aprendí a defenderme solo, también aprendí a valerme por mí mismo. De verdad que si era lo que decían los humanos, yo era un zorro muy astuto. Iba creciendo, como mi madurez. Conocía a todos en el bosque, como todos me conocían a mí, no tenía problemas con nadie, amaba mi vida y no la cambiaría por nadie, pero algo que sí odiaba, eran a los humanos.
Como recuerdo muy bien mi niñez, sé muy bien lo crueles que pueden ser estas criaturas, que se hacen llamar "superiores", o eso es lo que creen ellos. Realmente esta especie no me agrada en lo absoluto, ellos son tan crueles con nosotros los animales. Ellos cazan a mi especie para hacer sus tapetes, o a los lobos para hacerse vestimentas, y la caza sigue y solo daños nos hacen. Nosotros no podemos vivir en paz ni tranquilos, realmente apreciamos el poco momento que tenemos de paz como de libertad, por eso trato de mantenerme alejado lo más que pueda de ellos.
Amo salir todas las mañanas a olfatear los hermosos tulipanes, ellos me dan una paz cuando los olfateo, son tan maravillosas esas flores.
Cuando terminaba de olfatear los tulipanes, seguía mi camino, iba a un lago a beber agua, luego buscaba algo para comer, luego seguía con mi camino por todo el bosque, mirando a todos alrededor, mirando a quién podía ayudar o sabiendo las nuevas noticias.
Llegué a un campo, este lugar era uno de mis favoritos para descansar un rato, cuando miré algo que me dejó muy sorprendido: era una cría de humano, la cual estaba con unas crías de conejo que a mi parecer se las estaba comiendo.