Disfruto verla siendo así, tan gentil con todos. Ella es tan diferente, pero eso la caracteriza a ella, siendo una niña buena y gentil. Ella, a pesar de ser una princesa, ama la naturaleza, y si fuera por ella estaría aquí en el bosque siempre, pero sus deberes como princesa y futura reina se lo impedían. Por eso siempre iba a su palacio a verla. Adelaida, esa niña que me hizo feliz, cada vez crece más y me llena de alegría y nostalgia. Verla crecer y poder estar con ella siempre es uno de mis más grandes anhelos.
Ella, entre tantas estrellas, es la más brillante, radiante y sorprendente. Si ella está feliz, yo lo estoy; si ella está triste, yo la haré sonreír. Quiero que ella sepa que siempre contará conmigo, aunque tal vez no pueda hacer mucho, haría hasta lo imposible para poder hacer lo que no puedo hacer, y así cumplir sus sueños y anhelos. Mientras tanto dejaré que ella me siga protegiendo y yo la seguiré amando.
Recuerdo ese día como si hubiera sido ayer, el día en el cual se me rompió el corazón. Dormía en su cama feliz, y escuché risas. Abrí los ojos y era ella con su amiga, una de sus empleadas. Hablaban sobre un príncipe el cual vendría en unos dos días. Por lo que escuché, Adelaida lo conocía desde niña, y ellos dos eran muy buenos amigos, por lo cual sus padres los habían comprometido. Y eso a ella le alegraba, ya que no hace mucho ellos se habían visto y a ella le parecía tan... lindo. Claro que escuchar eso me entristeció y me enojó, que solo huí de ahí y ni siquiera me despedí de ella como lo hacía comúnmente.
Estuve durante un tiempo sin ir a verla. Claro, me decaí mucho, me sentía muy mal, sentía que mi mundo se estaba desmoronando. Ya no quería ni comer ni beber agua, solo estaba ahí echado en mi cueva pensando en lo que ella dijo, y cada vez me ponía más triste recordar eso. En serio que el amor puede doler; es hermoso amar, pero es horrible no ser amado de la manera en la que uno quiere ser amado.
Salí de mi cueva, ya que la escuché llamarme: "Zorrito, zorrito lindo, ¿qué te has hecho, pequeño?" Su voz se escuchaba quebrada y muy triste. Llegué donde estaba ella, llorando. Me le acerqué por la espalda, la miré, y ella me sonrió de inmediato, mientras seguía llorando y balbuceando: "Qué bueno que estés bien, tenía miedo de que te haya sucedido algo, pequeño. Me hace feliz verte, mi zorrito, aunque estás muy delgado, parece que no has comido bien, ni dormido. Te miras muy mal, pequeño". Esas eran sus palabras, y me sentía feliz de escucharla decir eso, ya que sabía que ella me quería y se preocupaba por mí. Pero otra parte de mí sabía que solo se preocupaba por mí, ya que solo era su amigo... mejor dicho, su mascota...
Me hacía feliz verla, y me ponía triste saber que yo la hice llorar solo porque no me despedí y no la fui a ver durante un tiempo. Pero necesitaba un poco de espacio, estuve reflexionando: si de verdad yo la amaba, debía aceptar que si la hace feliz estar con ese tal Hassan, yo debería estar feliz por ella. Ya que su felicidad es la mía, y si él la hará feliz, pues aceptaré que ella no es para mí. Aunque yo ya lo sabía desde el principio, desde que me enamoré de ella, que nuestro amor era imposible...