Solo esperaba que mi pequeña fuera feliz. Yo me dije a mí mismo que si ella era feliz, yo también lo sería. ¿Pero cómo podría ser feliz si ella no está para darme esa felicidad?, esa felicidad que me dio desde que tenía 10 años. En serio que ella era mi motor para seguir viviendo, ella era algo fundamental para mi vida, y verla irse poco a poco con su ser amado me destrozaba el corazón. Pero debía de ser fuerte, porque me había prometido estar en sus momentos felices, y quiero vivir para ver sus momentos más felices de su vida.
Iba a ir a verla como siempre de mañana, cuando vi una escena que me dejó destrozado y muy malherido el corazón. ¿Por qué tenía que ver esta escena?, ¿por qué? Era lo único que mi mente podía pensar o decir: ¿por qué?, ¿por qué no soy él?, ¿por qué no puedo hacerla feliz como él?, ¿por qué? Solo me fui del lugar sin ver atrás, con pequeñas lágrimas saliendo de mis ojos y el corazón hecho trizas.
Los empecé a ver desde lejos, y cada caricia, cada abrazo, cada beso que ella le daba a él, era como un flechazo a mi corazón. Me dolía mucho verlos, pero sabía que ella era feliz, y aunque yo fuera infeliz, me alegraba saber que ella era muy feliz. Esperaba con todo mi ser que ella fuera feliz por siempre y que lograra tener una familia con su ser amado.
Yo era su sombra. A pesar de que no voy seguido a su palacio, siempre la estaba siguiendo para ver si se encontraba bien, para verificar que su vida estuviera en orden. Seguía mirando su perfecta vida con su ser amado. En serio que verla cada día madurar y ser feliz me alegraba, ya que sabía que ella en un futuro sería una increíble esposa, y sus futuros hijos serían tan maravillosos como ella.
Ella es tan perfecta, tan increíble, inteligente, hermosa, sobre todo amigable. En serio que ella es el ser más hermoso que mis ojos hayan visto y que hay en este mundo. Amo verla pasar el rato entre los árboles, con los animales, conmigo, bailar, cantar y jugar. Ella es tan perfecta, quisiera ser él, ese ser que hace que ella sonría, cante y baile. Pero es una lástima que nuestro amor sea imposible y prohibido a la vez.
Pasaban los días, mi corazón se marchitaba cada vez que los veía pasear en el bosque montando a caballo. Su amor cada vez se hacía tan fuerte, ellos cada vez eran más felices. Aunque me lo repitiera una y otra vez, de que si ella era feliz yo también lo sería, me estoy mintiendo. Porque sé mejor que nadie que esto me está matando, que me está consumiendo por dentro este amor por ella. Pero el “nosotros” nunca podrá ser, ni será.