Empecé a enfermar y cada vez sentía que mi cuerpo pesaba mucho más, mi mente estaba en un caos. Ella, cuando me vio en este estado, empezó a cuidar de mí, me cantaba. Escucharla cantar sus hermosas canciones, me acariciaba, pasaba sus cálidas y suaves manos por mi pelaje y me llenaba de paz. Si muriera, quería hacerlo entre sus brazos, ese era mi nuevo sueño: morir entre sus brazos y caricias, era lo único que quería.
Ella me llevaba al bosque a pasar el rato, me alegraba estar unos momentos a solas con ella, ya que solo éramos ella y yo. Sentía que en poco tiempo ya no estaría más con ella y que esta tristeza se iría si mi vida llegase a su fin. La tristeza me consumía y yo solo quería estar con ella, aunque fueran unos segundos o minutos. Quería sentir el calor de su cuerpo, sentir sus caricias y sus cálidas manos, eran cosas que me hacían sentir fuera de este mundo, cosas que me alegraban el alma. Solo quería estar entre sus brazos y morir entre su cálido pecho.
Mirar que ella llevaba a su pequeña bebé al bosque y se la mostraba a todos, era algo que me alegraba y me recordó a ella cuando era una niña de 10 y la conocí por primera vez. Creí que se estaba comiendo a los conejos, jeje, fue algo de locos, pero no me arrepiento de haberla conocido, ya que desde que la conocí empecé a sentir amor, a sentir cosas que nunca había sentido y que me hacen feliz, pero también triste. Ya tenía tiempo de estar con ella, pero ya sentía mi fin. Quise salir un rato del palacio y ver la hermosa nieve.
Antes de morir, quería ver los tulipanes, pero debieron de morir por el invierno, pero aunque solo viera la nieve me recordaré de ellos. Ella llegó a mí y me acarició, yo solo me dejé acariciar por sus cálidas manos. Ella me alzó y me decía: "No deberías salir, está muy frío afuera y estás enfermo, pequeño zorrito". Me llevó de vuelta al palacio y me acostó en su cama. Yo solo la miré y sonreí, en serio que ella era hermosa, le agradecía tantas cosas que hizo por mí y por todos los demás.
Fui cerrando mis ojos poco a poco, ya que mis párpados pesaban mucho, pero mientras los cerraba la miré a ella con su pequeña en brazos y a su esposo abrazándolas. Era una escena hermosa y dolorosa a la vez, pero aunque doliera, estaba feliz porque ella tenía una gran familia, y mientras ella fuera feliz, yo también lo sería. Mi relación con ella siempre sería sempiterno hasta el fin.
Fin.