En cuestión de segundos todo se volvió negro y un gran silencio envolvió a Alister, Antón por otro lado al no haber escuchado ningún motor de auto alejarse del bar decidió salir a ver si todo estaba bien, el camino hasta el estacionamiento parecía ser eterno pero eso no evitaba que un mal presentimiento recorrieron la espalda del cazador. Con paso seguro llegó hasta el estacionamiento pero lo que vio lo paralizó por completo, el parabrisas del auto estaba destruido, el capo se encontraba abollado y un gran charco de sangre se encontraba cerca de la llanta izquierda.
El olor de la sangre lo golpeó segundos después y con algo de duda decidió Llamar al celular de Alister, los segundos pasaron y ninguna de las últimas 5 llamadas habían sido respondidas, el clima poco a poco empezaba a descender, un claro indicio de que el invierno estaba próximo a llegar. En cuestión de segundos si no es menos Antón había llegado a la barra del centro y busco las llaves de su propio vehículo, mientras salía del lugar una llamada entró a su celular, algo no andaba bien generalmente estas llamadas solían ser acompañas por una mala noticia. Con algo de nervios contesto la llamada.
— Alister por fin contestas, ¿dónde estás? — El silencio que le siguió a sus palabras fue algo desesperante. — Alister, estás ahí. —
La estática proveniente del otro lado de la llamada era incómoda. Los dedos de Antón empezaron a golpear frenéticamente el borde del volante mientras conducía, antes de gritar nuevamente al celular una voz aguda y mordaz salió del celular.
— Así que ese es el nombre del cazador… Maravilloso, ¿no crees Antón?— la estática se volvió presente pero esta vez mediante el radio del vehículo.
— Debí suponerlo, las sombras siempre son tan cobardes y deben poseer a alguien para hacer de las suyas. — El giro violento del carro hizo que el celular saliera volando. — Ahora por qué no me ahorras el viaje y me dices donde estás y puedo encargarme de ti con mis propias manos. —
Sin más la llamada se cortó dejando a Antón con un plan a medio hilar, pues aunque tenía ya una buena estrategia para poder llegar hasta donde él suponía tendrían preso a Alister aun dudaba en cómo lo sabría de allí y aún más pensaba si él estaría en condiciones para poder escapar, su plan ya estaba listo ahora wl conducía como un completo maníaco, las Señale de alto solo parecían pequeñas manchas rojas en su camino.
«¡Maldita sea! Debí suponer que había sido secuestrado.»
El celular volvió a sonar y como si de una contestadora se tratara su respuesta fue algo robótica.
— Si diga con quien quiere hablar. — la tensa mirada que Antón mantenía se desvaneció y cambió con velocidad a una de estrés y molestia.
— Si, queremos hablar con el propietario del bar-restaurante conocido como “The last stop” ubicado en Sunset Boulevard. — La voz del policía tenía ese típico tono frío y serio que siempre tenían los policías. — ¿Es usted o sabe donde encontrar al propietario?—
« Por qué todo esto me pasa hoy. »
Un suave y ligero suspiro salió de los labios del cazador el cual se había detenido en medio de un camino solitario para poder contestar de mejor forma al policía que tenía del otro lado de la línea telefónica.
— Si el dueño es mi hermano Paul, tiene algún mensaje para el oficial. — su voz sonaba tan natural y calmada que nadie creería que estuviera mintiendo.
— Si hágale saber que lo estamos buscando para saber sobre el tiroteo en su bar. — de la nada la línea se cortó y el celular salió volando gracias a la fuerza del cazador.
El disgusto en su mirada se notó bastante y el rugido del motor de su auto hizo eco en medio de la joven noche. Tras conducir otro par de minutos llegó hasta la pequeña casa de verano que él y Alister usaban, en base a su plan él sabía que si llegaba con su vehículo él les revelaría su ubicación exacta, por lo que a unos metros dejó el mismo. El frío de la noche lo golpeó con fuerza al bajarse, el camino estaba más silencioso de lo normal por lo que al llegar a la ventana de la casa miro como tanto en las ventanas, puertas, chimenea y el sótano con lugares para escapar estaban cubiertos de sangre de muerto y cenizas de saúco, una de las formas más útiles y algo tramposas de excluirlo a él de su propia casa.
Sin otra forma de entrar tuvo que recurrir al plan b, su paso se detuvo a tan sólo centímetros de la entrada.
— Hasta que por fin llegas Antón, te estamos esperando. — la forma en plural de la que la sombra hablaba lo hizo mirar dentro de la casa y fue allí que se dio cuenta de todas las encarnaciones que se encontraban allí. — Pasa estas en tu casa.—
— Veo que trajiste amigos, no puedes pelear tu sola conmigo y por eso necesitas a tus perros. — El tono tan tranquilo y divertido que tenía su voz parecía molestar con gran empeño a las encarnaciones y a la sombra presente.
Al estar dentro de la casa su mirada noto como la sangre y las cenizas se volvían a reunir en el marco de la puerta, algo extraño pues esos dos materiales no solían comportarse de esa manera. Antes de poder procesar lo que estaba pasando, sintió una fuerza abrumadora que lo lanzaba hasta la silla que se encontraba a tan sólo unos pasos de la escalera al sótano, cuando trato de ponerse de pie sintió como si algo se lo impidiera, un calor en sus manos lo hizo mirar en esa dirección y fue cuando noto como la piel de sus palmas y dedos comenzaba a hervir como si de gota se tratara.
Dos símbolos aparecen en sus manos, la diosa y el dios, uno de los trucos más baratos que tenían las sombras. Ahora estaba obligado a responder y quedarse dentro de esa casa hasta que la sombra lo liberará.
— Nunca pensé que supieras de esto Nalhia. Pensé que eras mejor y me doy cuenta que solo sabes anclar mi sombra y energía a mi propia casa. — aunque su plan fuera algo improvisado iba a servir pues las sombras no eran tan tolerantes como los demonios.
Antes de poder argumentar o decir otra palabra fue golpeado con tal fuerza que la sangre salió de su nariz, fue ahí que logró escuchar como la voz de Alister lo llamaba. Él debía lograr llegar al sótano antes de que la sombra hiciera algo peor. Tras varios golpes y costes nada profundos el cuerpo de Antón se encontraba totalmente magullado y todavía no había conseguido llegar al maldito sótano.