The Hunters

Capítulo 3.

Mientras este trataba de evitar que descubrieran su ubicación había estado dando vueltas por toda la habitación, de un momento a otro las luces parpadearon y sin anticipación su cuerpo ya había reaccionado y un golpe salió disparado al rostro de Dan, quien con poco esfuerzo logró esquivar el golpe, Antón al darse cuenta de quién se trataba bajo los puños y miro atento al doctor, pues este había salido de allí hacia solo unos minutos y ahora se encontraba nuevamente parado frente a él como si nunca se hubiera ido de ese lugar.

— Como diablos volviste aquí. — la duda e insistencia en su voz provocaba algo de molestia en Dan. — Te acabas de ir de aquí y ya volviste. —

Dan ignoro con extremadamente facilidad las palabras de Antón, cuando trato de acercarse a la cama donde la momia Alister estaba fue disparado con fuerza directo hacia una de las columnas de apoyo de la habitación, Antón quien estaba atento a la puerta solo miro a su amigo y rápidamente se acercó para ayudar al doctor quien no tenía daño visible pero la columna de la habitación tenía una gran fractura en la base.

— ¡Qué diablos acaba de pasar! — El grito de enojo y frustración se escuchó con extraña claridad en la habitación. — Qué diablos le hiciste a mi momia. —

La mirada de Antón se endureció y miró a Dan quien se sobaba la cabeza tras su muy fuerte golpe. — Para empezar el no es tu momia, es mi amigo Alister, en segundo son cenizas de halcón las cuales sirven para repeler todo tipo de encarnación, demonio, sombra y al parecer también a dioses. — güiro levemente la cabeza para ver las cenizas las cuales ahora estaban siendo consumidas por fuego. — Pero ahora que veo las cenizas sólo repelen a un dios por ataque. —

Las cenizas terminaron de quemarse y fue cuando los sentidos de Anton lograron escuchar los pasos desequilibrado de la sombra que minutos ante los había capturado, el olor a quemado y el pequeño humo blanco que salía de las cenizas ahora quemadas afectaba los pensamientos de Antón, antes de contemplar la situación Dan estaba semidesnudo con una especie de toga egipcia y tenía el ankh en la mano. La mirada de Antón paso del médico a Alister quien había dejado de ser una momia.

— Tus malditas cenizas tienen más poder de lo que piensas. — en un parpadeo Dan volvió a tener puesto su bata de médico y el ankh había desaparecido.

— Al parecer sí, pensé que no tenían más… — con un reflejo digno de un hunter Antón logró esquivar una flecha negra tal y como la que había atravesado el pecho de su amigo un par de horas atrás. — Maldición, pensé que no podían entrar, Dan corre yo me encargaré de esta perra. — las palabras de Antón bailaron en el aire antes de que un chasquido intenso barrio la habitación.

Tanto la sombra como el resto de ceniza de halcón desaparecieron, un pequeño torbellino de cenizas bailó en la puerta antes de desvanecer en el aire.

« Amo los poderes de este dios.»

— No quiero explicaciones, sólo sácalo de aquí, ve a la recepción y busca a Katherine, dile que yo te envié, si no se lo creé dile la verdad, ella es Bastet. —

Sin rechistar o pedir más explicaciones ayudó a Alister a ponerse de pié, aunque este seguía atentado por la inmensa cantidad de anestesia que aún circulaba por su sistema, pues al ser un hunter su tolerancia a medicamentos como ese era mayor a la de una persona común. El brazo de Alister se deslizaba como mantequilla por los hombros de Antón, quien hacía un doble esfuerzo para mantenerse a él y su amigo de pie y para evitar que su brazo dejará su posición original, pero su esfuerzo parecía ser inútil pues el brazo pasaba de sus hombros a su espalda en cada momento que podía.

— Por favor Alister, resiste los efectos de la anestesia, tenemos que salir de aquí. — su voz sonó baja y algo rasposa pues no quería llamar la atención.

Tras unos pasos ambos lograron llegar hasta la recepción donde una mujer de hermosos cabellos azabache miraba atenta su computadora y unos papeles que tenía allí.

— Hola, espero tu seas Katherine necesito tu ayuda. — la enfermera miro a Antón quien daba un leve brinco para acomodar el cuerpo de Alister en su hombro. — Bueno si de verdad eres Katherine, necesito que me ayudes a llegar hasta mi casa. —

— Si necesitan transporte a unos metros de aquí hay taxis pueden tomar uno. — una sonrisa ladina apareció en su rostro mientras miraba a ambos hombres.

— Sabes no tengo tiempo para esto, el y yo somos hunters, estuvimos con Dan tu lo conoces como Anubis, necesitó nos envíes a nuestra hogar, espero hayas entendido por que nos persigue una maldita sombra asesina y si no quieres que le diga a todo el maldito hospital que eres una diosa egipcia de casi la edad del cosmos dime si puedes ayudarnos o no. — la única mano que tenía libre estaba dando pequeños golpes en la isla donde trabaja Katherine. — Y si quieres saber si se quien eres, eres la diosa Bastet. —

La mujer se puso de pie y miró de manera atenta a ambos hombres, sus ojos parecían penetrar el alma de ambos y al mismo tiempo brillaban de un color celeste y blanco el cual parecía el cielo, con paso firme salió de detrás de la isla y esa pequeña sonrisa desapareció para dejar un semblante serio y tosco.

— Veo que tienes agallas mortal, ahora sólo ten en cuenta el lugar al que quieres ir y no descartes esa idea. — la mujer miró a su alrededor y fue en ese momento que noto lo silencioso del lugar, un mal indicio. — Asegúrate de que el aún respire cuando lleguen. —

— Si si, lo que sea primero dime por qué dioses egipcios están… En un hospital. — el asombro en la cara del cazador fue tan intensa como nunca antes, pues ante sus ojos él había aparecido directo en la sala de su casa.

Rápidamente salió del estado de shock y colocó al noqueado Alister en el sofá en el “L” de la sala y se acercó hacia la puerta, antes de pensarlo su cuerpo ya se encontraba haciéndolo, sus manos regaban cenizas de halcón en la puerta, con un leve trote colocó cenizas en las ventanas y las puertas qué daban al jardín. Con esa misma velocidad esparció cenizas en cada entrada, ventila y ventana del hogar, cuando salía del sótano algo fuera de su plan apareció frente a él, una tarántula negra estaba justo en la entrada, como si de satanás se tratara Antón dio un paso atrás y su cuerpo por instinto y costumbre su cuerpo ya estaba en posición defensiva, antes de hacer algo la araña salió disparada a su cara aunque gracias a sus reflejos pudo esquivarlo y esta cayó al fondo del sótano, al levantar la mirada en el lugar donde estaba la araña encontró los pies de Alister quien reía.




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