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CAPÍTULO 19: ÍSCAROS Y EL DRAGÓN DEL LLANTO.
- ¿Íscaros… Iscariote? Nunca había escuchado ese nombre. – Admitió Hernesto.
- No me ofende en lo absoluto, se me llama de muchas maneras diferentes, todas mis travesuras tienen una firma distinta.
Íscaros era muy imponente, probablemente el ser más intimidante con el que se hayan topado hasta el momento. Tenía un aura muy particular, no perdía nunca la compostura en sus discursos. Se mantenía con un tono de voz muy suave, no tanto como para que se intuyera que era un pretensioso, pero de alguna manera dejaba ver que nunca decía todo lo que pensaba. Tampoco era para acusarlo de actuar, no obstante, era tan misterioso, que se podía presentir que algo no andaba bien con él. Ese rostro suyo, que era particularmente triste, pero bello al mismo tiempo, se veía vacío. Emanaba carencia de empatía, falta de cualquier ética o valor, y no solo porque acababa de violar el cuello de un hombre como si nada, sino por todo lo que conlleva lo posterior a ese hecho. Literalmente estaba completamente tranquilo en medio de una pila de cabezas cercenadas, en el corazón de un camino que representaba una oda a lo terrorífico. Él estaba allí recostado en esa piedra, solo, completamente desnudo con su piel brillante, como si fuera un día normal.
- ¿Qué eres? – Preguntó Junad.
- ¿No lo ves?, un hombre hermoso, o tal vez… ¡un demonio hermoso!
- ¿Un demonio que habla como humano? – Comentó Teo, y dejó caer su bastón de la impresión mientras se sostenía del hombro del sin vida.
- Esto es malo… Nuestra mejor opción es escapar. – Susurró el joven héroe
- Veo que estás bien informado. – Señaló el ser maquiavélico.
- ¿Qué sabes de él chico? – Preguntó el barbón. Nutri y Efraín estaban aferrados detrás de sus piernas, usándolas como escudo.
- De él en específico no sé nada, pero Clay me explicó algunas cosas del Kolási. En teoría hay dos tipos de demonios, unos hechos a base solamente de oscuridad, y otros creados con almas humanas. Los segundos son mucho más peligrosos, Clay me dijo que, si veía uno tenía que correr…
- Un aplauso para el caballero de capa rayada. – Dijo el engendro chocando sus palmas suavemente. – Es una manera resumida de clasificarnos, pero en los resúmenes siempre se pierde información. Hay otra clase muy importante, que se conocen como “los caballeros decaídos”.
- ¿Los decaídos también son demonios? – Preguntó el joven héroe. - ¿Eso significaría que Bautista era uno… de ustedes?
- Por supuesto que son demonios, y de hecho son los más interesantes. Son aquellos humanos, grandes héroes, que venden su alma al inframundo a cambio del poder de la obscuridad. ¿Son fuertes?, por supuesto que sí, pero si no te acercas a su lecho de muerte nunca serán una amenaza. Pero eso me lleva a otra pregunta, ¿cómo sabes lo de Bautista?, hablas de él como si estuviese muerto. – Alzó una ceja entre sospechas.
- Yo lo liberé de su maldición, lo maté.
El demonio hizo un pequeño gesto de sorpresa, casi imperceptible. - Pero mira nada más – dijo relamiéndose un poco los labios –, a veces creo que mi suerte es infinita ¡Serás mi nueva novia!
- Está loco… - Dijo el rubio de ojos claros.
Íscaros tenía muchas cosas particulares, pero si algo destacaba aparte de su hermosura, era su habilidad para incomodar a los demás. Los guerreros a pesar de mostrarse seguros, por dentro sentían un disgusto inexplicable. Su forma de hablar, su lenguaje no verbal, todo era calcado de un comportamiento de la realeza, pero al mismo tiempo parecía sutilmente amenazante.
- En un mundo de locos al cuerdo lo ven como el que pierde la cabeza. – Se puso de pie, y comenzó a caminar en círculos alrededor de la piedra. – Creo que alguna vez fui parte de este lugar, ya saben… cómo uno de esos decaídos, pero la verdad es que no recuerdo bien, fue hace tanto, hace mucho. – Pisó una de las cabezas cercenadas. – Siento cierta nostalgia por esta pocilga, y a veces vengo aquí a jugar con los juguetes que me encuentro. Ayer me encontré con muchos, muchos juguetes – colocó su dedo gordo del pie dentro de la fosa nasal del rostro -, pero no encontré ninguna novia. Maldito Varonil… él mata a todas mis novias nuevas. – Susurró abriendo sus dorados ojos, había furia en su mirada.
- ¿De qué está hablando este degenerado? – Preguntó el barbón.
- Olvídenlo… solo les diré que no hay nada peor que una exnovia celosa. – Con la fuerza de su pie, ejerció presión en el cráneo y lo aplastó por completo. La sangre, el semen y el cerebro quedaron esparcidos entre la tierra. – Creo que es momento de jugar con mi novia y mis nuevos juguetes. – Caminó hacia ellos.
- ¡Alto ahí bastardo! – vociferó el sin vida apuntándole con el arma-, si das un paso más te juro que el próximo en perder la cabeza serás tú.
- ¿Estás seguro de que quieres oponer resistencia?, domino la obscuridad a la perfección, prácticamente controlo todas sus manifestaciones.
- ¿Manifestaciones?
- El poder de la luz y la obscuridad es muy diferente al de las demás razas. – Intervino Teo. – Tienen demasiadas formas de uso, a las cuales se les denomina como “manifestaciones”.
- El pelirrojo tal vez no esté a la altura de ser una novia, pero lo usaré como un juguete de calidad. – Abrió la palma de su mano y de ella emergió humo negro. – Este poder sirve para alterar el tiempo y el espacio, en pocas palabras, me permite alterar las leyes de la física.
- Todos en guardia. – Ordenó el guerrero de espinas, y el grupo entero desenfundó sus armas preparándose para lo peor.
- Los Vasalios obtienen su fuerza mediante su comunicación con Athlios e Ira. Entre mejor sea dicha comunicación, más poder obtienen de su don. Los más débiles dicen que los sienten al lado, como si pudieran percibir su compañía. Luego están los que perciben que el viento y la temperatura cambian de repente, como si fuesen señales, o más bien, advertencias. Los que son más fuertes escuchan silbidos, y los invencibles reciben susurros. Nosotros, los demonios, obtenemos poder de Helltantine, escuchamos su alma muerta y nos dice como usar nuestra fuerza. Yo lo oigo claramente, él me susurra cuando le hablo, su voz es tan… hermosa. – Le dio una erección mientras explicaba.
- Todos huyan a mi señal. – Susurró el rubio de ojos claros.
- Y antes de que salgan corriendo, les mostraré algunas formas de cómo se usa la oscuridad.
- ¡Ahora! – Exclamó mientras se daba media vuelta
- ¡Masa por cien! – Gritó Íscaros.
Apenas dieron la primera sancada hacia atrás, se sintieron un poco más pesados, pero al dar el segundo paso, cayeron de inmediato al suelo sin poder moverse en lo absoluto. Insistieron en tratar de levantarse con todas sus fuerzas, sin embargo, ni siquiera Nutri podía volar con su cuerpo transparentoso.
- ¿Qué rayos hiciste? – Preguntó el rubio forcejeando con la nada.
- Esta es una de las manifestaciones de la oscuridad, y una de mis favoritas. “Masa por” sirve para multiplicar el peso de tus adversarios impidiéndoles el movimiento. Es muy útil cuando deseo violar a alguien… perdón, jugar con alguien. Puedo disfrutarlo tranquilamente sin preocuparme de nada.
- Siento como si pesara más de 6 toneladas. – Dijo Junad.
El sin vida y Hernesto eran los únicos que parecían poder moverse al menos un poco e intentaron arrodillarse. Sus venas del cuello estuvieron a punto de reventar del esfuerzo.
- Sorprendente, ustedes dos tienen un gran potencial. Veamos cómo reaccionan a esto ¡Gravedad por diez!
Encima de lo pesado que sintieron sus cuerpos, de la nada una presión avasallante los aplastó rompiendo el suelo. El pobre Efraín perdió la consciencia desde el primer momento, su cuerpo se hallaba estático. Aquella presión les agitaba el cerebro, sintieron que iban a morir mientras sus huesos crujían.
- ¡Voy a explotar! – Gritó Teodoro mientras se enterraba cada vez más entre las piedras.
- Creo que con esto quedó claro. – Dijo el demonio, y alzó su mano para desaparecer las manifestaciones que impuso sobre los guerreros.
Junad, con su espadón en mano, brincó rápidamente y en un instante llegó hacia donde estaba Íscaros. - ¡Muérete hijo de perra!
- Humo negro. – Cuando el irresistible dijo aquellas palabras, la zweihander del chico lo tocó, y de inmediato su blanca piel se convirtió en humo, dejando pasar el arma sin lastimarlo.
- ¿Qué mierda? – Preguntó incrédulo mientras veía a su arma cortar el viento.
- Humo negro me permite cambiar el estado de mi cuerpo de sólido a gaseoso, si lo deseo no me tocarás un pelo. – Atrás suyo aparecieron Hernesto y Teodoro para despedazarlo. – Que insistentes, agujero de gusano. – A su costado derecho, como si formara parte de un efecto óptico, se partió la realidad y quedó una grieta negra que se lo tragó en un instante. Apenas lo succionó, los pedazos de realidad volvieron a unirse sin dejar rastro.
- ¿A dónde se fue? – Preguntó el barbón asustado.
- ¡No tengo ni idea!, ¡pero debe de estar cerca, manténganse bien alertas. – Contestó el capi.
Tras unos instantes, la realidad se partió detrás de ambos y apareció Íscaros. De manera muy sutil, tocó la mejilla de Hernesto con su mano derecha. – Negativo. - Dijo suavemente, y después tocó el rostro de Teodoro con su índice izquierdo. - Positivo.
Ambos trataron de lastimarle, pero el escurridizo demonio se deslizó entre sus armas como si estuviese danzando. Aterrizando con gracia, tronó sus dedos, y los cuerpos de ambos guerreros chocaron con fuerza entre sí, quedándose pegados como si fueran dos imanes. – Negativo y positivo me permite darle una carga eléctrica a lo que yo quiera. Si le otorgo una carga positiva a algo y una negativa a otra cosa, los dos objetos terminarán atrayéndose por la fuerza electromagnética.
- ¡Ya verás! – Gritó Teo arrojando la flecha de mageia más grande que había creado hasta el momento con su bastón.
- ¡Transmutación! – Replicó Íscaros y su brazo se estiró más de ocho metros hasta el árbol más cercano. En cuestión de un segundo, se enrolló alrededor del tronco y luego comenzó a recogerse sacándolo del punto de mira. En consecuencia, el ataque del pelirrojo se estrelló contra la montaña, dejando un enorme cráter.
- No me jodas. – Dijo desplomándose en el suelo, su tobillo le dolía un montón.
- También puedo cambiar la forma de mi cuerpo a mi antojo, incluso puedo transformarme en una persona diferente. – Su rostro comenzó a desfigurarse lentamente hasta que se transformó en la cara de Teodoro. - ¡Soy el macho del grupo, me encanta la safylia, la tengo chica, digo estupideces y me acuesto con putas! – Gritó imitando la voz del calvo.
- ¡Despégame bastardo y te sacaré los ojos! – Refunfuñó el armamentista tratando de quitarse a Hernesto de encima.
- Que juguetes tan divertidos. – Admitió entre pequeñas carcajadas. - Doble vista. – Al decir eso, su cuerpo desapareció poco a poco enfrente de sus narices.
- ¿Dónde está ahora? – Preguntó el pelirrojo mientras Junad se lo echaba al hombro.
- No lo sé, parece que se teletransportó otra vez.
- In-co-rrec-to – Pronunció la voz del engendro, y luego el sin vida sintió que alguien le dio un beso en la boca.
- ¿Qué demonios está pasando? – Preguntó mientras se refregaba los labios.
Doble vista me permite hacerme invisible – explicó Íscaros mientras reaparecía a unos cuantos metros -, me encanta observar a la gente sin que lo sepan, se puede decir que es uno de mis fetiches más suaves.
- ¿Cuánto poder tiene este cabrón? – Preguntó Teo.
- ¡Ahora sí te mataré! – Gritó el calvo corriendo hacia a él con su hacha de doble filo. Todo el grupo le siguió, hasta Nutri agarró una piedra y los acompañó mientras Efraín continuaba inconsciente.
- Parece que ya pasó el efecto de negativo y positivo – suspiró decepcionado -, iniciaré la segunda fase del juego entonces… – Se comenzó a acariciar el pecho. - Masa menos 100.
Después de invocar su manifestación, Íscaros fue frente a frente contra sus adversarios, y cómo si fuese una pluma, pasó fácilmente a través de los guerreros sin recibir un rasguño. Mientras esquivaba sus ataques, a cada uno le hizo un pequeño corte con una uña en la piel. - Sangrado. – Susurró el demonio al cortar hasta el último guerrero.
De las pequeñas cortadas que tenían se abrió una herida mucho más grande, y les comenzó a salir sangre a borbotones. Sintieron como su temperatura corporal descendió al instante y cayeron al suelo presionando sus heridas para no morir.
- Maldita sea, no quiere parar por más que lo intente. – Dijo el barbón mientras trataba de tapar la fisura de su brazo.
- Se movió tan rápido… que ni siquiera lo vi. – Admitió el guerrero de espinas cubriéndose la mejilla.
- Puedo alterar mi propio peso también, al hacerlo más ligero me puedo mover mucho más rápido. Es cierto que ustedes Magnos son los más veloces, pero con tanto peso que llevan encima al final esa ventaja les merma. Por otro lado, sangrado me permite mediante cualquier corte, aumentar la presión hidrostática de su circulación, haciendo que la sangre salga disparada incluso de una pequeña herida.
- Creo que me estoy mareando. - Admitió Junad, estaba totalmente pálido y se veía débil.
- Por aquí estamos igual. – Agregó Teo a punto de perder el conocimiento.
- Por favor… los necesito despiertos para la segunda fase, detente sangrado. – Al decir eso, de repente sus heridas se calmaron. – Ahora bien, será mejor tenerlos quitecitos. Masa por cien y gravedad por cinco. – Nuevamente los guerreros se quedaron inmovilizados, estampados en la tierra. – Solo por si acaso… – se acercó y le tocó el cachete al rubio de ojos claros -, positivo – y luego tocó el suelo – negativo. – Su cuerpo se quedó aún más pegado a la superficie.
Repitió el mismo procedimiento con cada uno de los magnos. Parecían llenos de impotencia, incluso a Teo y a Junad les entraron ganas de llorar por sentirse tan insignificantes. El poder de la criatura era tan absurdo, tan diferente a cualquier cosa que hubiesen visto, que les hacía creer que todo formaba parte de una ilusión, o por lo menos, de una pesadilla, de la cual no podían despertar por más que quisiesen.
- Bueno, ahora es el momento más divertido de la noche, la propuesta. – Se sentó en la roca al lado de su arma con ambas piernas recogidas. – Me gusta tu cara, ¿cómo era que te llamabas?
- Her… Hernesto….
- Me suenas de algo… ¿no nos habremos visto antes?, tienes un aroma muy particular. – El capi no respondió ante su pregunta, al parecer no era capaz de gesticular del todo bien. - Tu rostro es ciertamente el más lindo de todo el grupo, obviamente no tanto como el mío, pero está bastante bien. Quiero que me digas cuántos años tienes. – Intentó nuevamente contestarle, pero solo le salieron balbuceos, la presión en su cuerpo era tan exagerada que le impedía mover hasta la lengua. - ¡Oh!, que desconsiderado de mi parte, fuera masa, gravedad y positivo.
En un instante, Hernesto tomó su alabarda, fue directo hacia el enemigo y le lanzó una ráfaga de espinas.
- Masa por cincuenta. – Dijo Íscaros, y todos los proyectiles del rubio se clavaron de inmediato en la tierra, así como sus rodillas, tratando de no desplomarse completamente ante él. – Oye, me estás molestando, ¿prefieres que los mate a todos sin más? – Preguntó mirándolo fijamente a unos pocos centímetros de distancia.
- Tengo treinta años. – Respondió tragando saliva.
- Así está mejor. – Entonó su garganta. – Ustedes no han dejado de preguntarme cosas, ahora viene mi turno. ¿Qué hacen aquí en primer lugar?, solo unos suicidas vendrían acá por su propia voluntad.
Se tomó unos cuantos segundos para responder, pensó en inventar una excusa, pero por el miedo de que se diera cuenta de sus mentiras, decidió contar una medio verdad.
- Venimos a ver al pilar Bastián.
- ¿Al rey de Corfinium?... interesante. ¿Para qué lo buscan?
- Venimos a ofrecerle algo a cambio de su ayuda con un asunto importante para nosotros.
- No hay nada que ustedes puedan darle a ese anciano que sea de su interés. ¿Qué podría ser tan valioso?
- No lo sabemos… aún. Estamos dispuestos a negociar lo que sea.
El demonio pausó un momento para analizar el equipo de los magnos. – Ustedes son bastante peculiares. Hernesto, no puedo evitar sentir que te he visto en alguna parte, ¿quiénes son tus amigos?
- Son unos magnos que trabajan para mí, me protegen hasta llegar a Corfinium a cambio de recibir la ayuda del pilar.
- Este magno es muy raro – pensó -, tiene una mezcla de olores realmente compleja. Por un lado, huele a magno, por otro huele a lyontari, pero hay una tercera cosa que huele… ¿delicioso? De hecho, ahora que lo pienso, ese olor lo desprende también el joven de capa rayada, un poco más amargo diría yo, pero en esencia es lo mismo. – Se rascó la barbilla pensando qué hacer. - ¿Cuál es tu más grande sueño Hernesto?, ¿qué es lo que más deseas?
- ¿Lo que más deseo?
- Verás… el deseo es el sentimiento más complejo que un ser vivo pueda tener. Es aquello que nos impulsa a ser mejores o peores personas, nos lleva a hacer cualquier cosa con tal de hacerlo realidad. Muchos letrados confunden el deseo con el simplismo de querer obtener algo, pero se equivocan profundamente. Tú puedes desear algo sin necesidad alguna de querer tenerlo, simplemente no lo puedes controlar. Es posible que un humano nazca sin amor, inclusive antes de la muerte de Enasdrakos se podía nacer sin odio ¿Pero el deseo?, eso es algo con lo que todos hemos nacido desde que fuimos creados, humanos, demonios y hasta los animales. Por eso te pregunto, ¿cuál es tu deseo?
El capitán se quedó pasmado tras su pregunta, y segundos después de pensar, contestó. – Quiero justicia, mi anhelo es que en mi país… no, que, en el mundo, la justicia sea la que reine por encima de los reyes, incluso, por encima de los dioses.
Por primera vez en toda la batalla, Íscaros fue desequilibrado emocionalmente, y de sus dorados ojos, cayó una lágrima que resbaló por su mejilla entre una pequeña sonrisa. Junad trataba de observar todo desde el suelo, y de un momento a otro escuchó una voz en su cabeza.
- Corre. – Escuchó del guerrero misterioso que lo visitó en sus sueños en el bosque de las emociones.
- Te propongo lo siguiente – dijo el demonio mientras se limpiaba el rostro -, dejaré ir vivos al calvo, al que parece ser su hijo, al fantasmita de la Nutria y al niño que está inconsciente.
- ¿Y el otro chico y yo?
- Ahí está el trato – se levantó aproximándose hacia él -, a Junad me lo llevaré para que se convierta en mi nueva novia, prometo que lo cuidaré muy bien. – Se comenzó a toquetear el miembro en sus narices. – En tu caso, te dejaré vivir solo si me la chupas ya mismo frente a tus queridos amigos, ciertamente tu cuello se me hace muy apetecible. – Los demás quedaron atónitos con su petición.
- ¿Qué pasa si me niego? – Preguntó extrañamente inexpresivo.
- Básicamente les cortaré el cuello a todos y los violaré hasta quedarme seco. Agradece que estoy siendo generoso, usualmente nunca hago esto.
- ¿No tendrás piedad?
- Por supuesto que no. – Respondió mientras le acariciaba el cabello. - Conozco a alguien que tiene exactamente tu mismo deseo, con la diferencia de que él tiene la fuerza de hacerlo realidad. Si tanto quieres crear el paraíso con el que sueñas, deberás estar dispuesto a hacer lo que sea.
- ¿Lo que sea?
- Por supuesto, si te dijera que para lograr lo que anhelas deberás descender al piso más profundo del inframundo, ¿lo harías?
- Sin dudarlo.
- Entonces comparado con eso, chupar una verga no será nada para ti.
- Tienes razón. – Asintió mientras abría su boca.
- Buen chico. – Tronó sus dedos forzando a que sus amigos voltearan con los ojos bien abiertos para ver el show. – Me tomaré el tiempo de disfrutarte, príncipe. - Comenzó a masturbarse más rápido. – Espera un momento, tengo que calentarlo un poco ya que me vacié con mis otros juguetes.
- Hernesto… ¿está llorando? – Pensó Junad.
En efecto, el legendario guerrero de espinas, ex capitán del gran sexto batallón de Tesalónica estaba llorando como un bebé. Era bastante duro de ver, ya que trató de detener el llanto con todas sus fuerzas, reflejando lo frustrado que estaba. Pero no era el único, sus amigos lo acompañaron en su tristeza y comenzaron a llorar con él. La fuerza de la gravedad era tal, que sus lágrimas caían inmediatamente al suelo.
Los magnos intentaron gritar, pero no pudieron, y de todas formas, ¿por qué gritarían?, ¿para intentar que se apiadara de ellos?, ¿para pedirle a alguien auxilio? Ni ellos mismos supieron lo que querían lograr con algo tan inútil. Para rematar, el sin vida comenzó a hiperventilar, le estaba dando un ataque de pánico.
- Abre más la boca, sé que es pequeño, pero tampoco tan pequeño. – Lo tomó por la cabeza, y justo cuando su lengua estaba a punto de hacer contacto con su glande, se detuvo.
- ¡PONLE UN DEDO MÁS ENCIMA Y TE MATO!, ¡TE MATO!, ¡JURO POR TODOS LOS DIOSES QUE TE MATARÉ! – Gritó Junad de pie mientras temblaba. Uno de sus ojos estaba completamente negro, y tenía el símbolo extraño de los tres triángulos unidos por una línea.
- ¿Junad? – Pensó Teo asustado al ver a su amigo.
Su cuerpo luchó por mantenerse erguido, pero incluso fue capaz de dar un paso al frente, hundiendo su pie entre la piedra del suelo. Además, de su cuerpo emergía una sutil nube de humo negro, se parecía a los minutos previos de su transformación en la pelea contra Bautista. En su espalda, comenzó a agitarse violentamente la armadura, como si algo quisiera salir disparado de él.
- ¡Vaya, vaya!, esto no me lo esperaba, con que tenemos a un cole.. – De repente se detuvo y miró al cielo. - ¿Sonriente?, ¿en serio eres tú?
Todo se quedó en silencio por un momento, el demonio parecía desconcertado, escuchando algo que solamente él podía oír.
- Dime, ¿qué quieres? – continuó hablando solo -, en este momento como podrás ver estoy algo ocupado. – Pausó esperando una respuesta. - ¡Ni loco, ellos me pertenecen ahora! Ese fue nuestro trato, yo te obedecía y entonces tú me dejabas salir a jugar. – Abrió sus ojos de par en par. - ¿Lo dices en serio?, ¿el de la profecía? – Se quedó totalmente en blanco por unos segundos, y luego se rio levemente con un gesto poco cuerdo. - ¡Ahora todo tiene sentido!, ¡así que tú eres Junad!, ¡Junad “el sin vida”! – Soltó la cabeza del rubio de ojos claros y se sentó en la piedra, el Magno dio un profundo suspiro de alivio. – Bueno… “sin vida”, no puedo creer que no te haya reconocido, claro tú fuiste el que mató a Bauti. Masa, gravedad, negativo, fuera.
Todos los guerreros se liberaron del poder del demonio y respiraron agitados por el cansancio. Junad se dejó caer y sus ojos regresaron a la normalidad.
- ¿Qué es lo que quieres?, ¿a qué estás jugando? – Preguntó Hernesto.
- Cómo decían antiguamente, “ya os lo he dicho antes”. Soy un demonio de los más antiguos, y además soy uno de sus “colmillos”. – Agarró la espada bracamarte de su lado y la enfundó en su espalda. – Son tan patéticos que ni siquiera tuve que usar mi arma. En fin, parece que nuestro amor es un amor prohibido Junad, creo que tendré que contentarme con tu cadáver cuando mueras ya que no me perteneces… No soy quién para interponerme en el camino de los dioses, pero si te diré algo… La próxima vez que nos veamos, torturaré, violaré y mataré a todos tus seres queridos tan pero tan mal, que desearás haber muerto el día de hoy. No olvides mis palabras hombre maldito, me encargaré de que tu vida sea insufrible el poco tiempo que te queda. – Pateó una cabeza cercenada y se la estrelló al chico en la cara. El rostro muerto de aquel pobre hombre parecía haber visto el horror más cruel posible. – Pero por ahora les traeré un nuevo amigo. – Concluyó dándose media vuelta y marchándose entre la niebla.
- ¿A dónde vas?, ¿crees que te dejaré ir así sin más? – Preguntó el joven héroe colocándose de pie.
- Creo que no has entendido que soy yo el que los está dejando ir a ustedes, no presiones más tu suerte “libertador”. – Se perdió en la oscura niebla.
- Es nuestra oportunidad, debemos marcharnos cuanto antes. – Dijo Teo, pero cuándo se intentó colocar de pie su tobillo se lo impidió.
- No. – Replicó su padre.
- ¡No tenemos tiempo que perder!, ¡deja tus estupideces para después!
- ¿No lo acabas de ver?, ¿crees que correr servirá para escapar de un ser así? ¡Nos encontrará, eso te lo aseguro!
- A pesar de que te falta clase no estás del todo perdido. – Dijo Íscaros reapareciendo.
- No vamos a dejar que sigas jugando con nosotros. – Advirtió el capi.
- Solo déjanos en paz, ya tuviste suficiente. – Solicitó el pelón, y teniendo en cuenta que siempre es el más agresivo del grupo, la situación era más jodida de lo que parecía.
- Me iré, eso lo puedo cumplir, pero por más de que tengan una misión divina, no puedo librarlos de la prueba que les impone este camino desafortunado. – Se sintió un pequeño temblor en el suelo.
- ¿Qué fue eso? – Preguntó el pequeño Efraín abrazando a Nutri mientras se despertaba.
- Lo que les espera no será nada sencillo. – El temblor se sintió gradualmente más fuerte, hasta que se comenzaron a escuchar pisadas enormes aproximarse.
- Si sobrevivimos a esto, nuestros caminos se separarán. – Dijo el pelón, y Junad solo volteó a verlo estupefacto.
- Su última prueba, ¡ya está aquí! – Exclamó el demonio, y detrás suyo apareció un monstruo gigante con una cara desagradable. - ¡Un dragón del llanto!
- ¿No se sienten un poco… nostálgicos? – Preguntó Teo viendo fijamente el rostro de la bestia.
- Sí… - Respondió Hernesto mientras dejaba caer una lágrima por su mejilla.
De repente, sin ninguna razón aparente, todos comenzaron a llorar en contra de su voluntad. Un dragón de más de quince metros de altura les eclipsó la luz del sol a los guerreros, era tan colosal que tenían que inclinar hasta su espalda para poder verlo por completo. A pesar de llamarse dragón, su cara no era como la de un reptil, de hecho, era más humanoide que cualquier otra cosa. Las fosas nasales las tenía enormes, y sus ojos azules tenían una pupila recta, de los cuales no paraban de caer lágrimas como si estuviese llorando. De los lóbulos temporales del cráneo salían dos astas puntiagudas y circulares bastante duras, que parecían formar parte de su deforme cráneo. Su ápex era circular, hasta que en su punta se asomaba otra asta terminando el contorno de su cara. El resto del cuerpo sí que era más reptiliano, de color azul obscuro, lleno de escamas, una cola de más de seis metros de largo, un par de alas gigantes, y garras en manos y pies.
- Se ve muy triste… – Agregó Junad hipnotizado entre su propio llanto.
- Este es el resultado de un demonio hecho a base de toneladas de obscuridad junto con más de cien almas humanas en pena. – Dijo Íscaros acariciándole una garra de su pata. – Él es el último mecanismo de defensa que evita que alguien pase por este camino, y ahora ustedes tendrán que hacerle frente.
- Imposible. – Replicó el pelón.
- Me marcho para dejarlos jugar en paz, no sin antes dedicarle unas últimas palabras al tal sin vida. – Se arrodilló e inclinó su cabeza. – Todo aquel al que le tengas cariño, apártalo, o si no nosotros lo haremos por ti. Libertador de Olimpia… estaré esperando tu ofrenda. Agujero de gusano. – Se partió la realidad detrás suya.
- ¿Por qué a los demonios les interesa tanto la profecía de Olimpia? – Preguntó desconcertado.
- ¿La de Olimpia? – Dio una pícara sonrisa. - Esto es solo el comienzo, pronto lo entenderás. – Terminó con un pequeño guiño de ojo a Hernesto y el agujero lo succionó sin dejar rastro.
Los Magnos, el niño y la pequeña Nutri no podían creer que tuvieran al frente suyo semejante monstruosidad. El dragón estaba quieto, a la expectativa de sus movimientos, mientras ellos por su lado seguían paralizados apreciando su porte. Las leyendas cuentan que aquel demonio tiene la maldición de hacer llorar a sus víctimas, pero no por su apariencia o por el miedo que provoca, sino por su habilidad de transmitir el dolor, el sufrimiento y la tristeza de todas las almas en pena que fueron utilizadas para su creación. Aquel poder hipnótico, podía hacer que el ser más cruel se quedara simplemente observándolo durante horas.
- Mientras más lo veo, más me cuesta despegarme de su mirada. – Dijo Teodoro.
- Zigmund mío, paremos ya. – Replicó su hijo agitando su cabeza, y luego le dio una bofetada a cada uno para que recuperaran la razón.
- ¿Cómo se supone que debemos de afrontar esto? – Preguntó Junad.
- Con dos grandes huevos. – Respondió Hernesto. – Tengo la sensación de que después de enfrentarnos con el otro hijo de puta, esto no se verá tan imposible, tal vez incluso fue bueno que pasara para aliviarnos un poco.
Como si el dragón estuviese entendiendo de qué estaban hablando, emitió un rugido que disparó una corriente de aire acompañada de una peste insoportable. El rugido no fue precisamente grave, fue más bien un grito hecho por un coro de cien personas moribundas.
- ¡Aquí viene! – Alertó el capi.
La bestia mandó un manotazo bastante rápido para su tamaño, destrozando el suelo y arrojando un montón de escombros por doquier. Afortunadamente todos alcanzaron a evadir su ataque justo a tiempo.
- ¡Efraín!, ¡toma a Nutri y escóndanse debajo de esos árboles! – Ordenó Hernesto sujetándole por los hombros.
- ¡Sí señor!
El dragón tiró una llamarada azul directa mientras aquellos intentaban escapar. Hernesto enterró su alabarda al suelo y creó un muro de espinas desde la distancia para protegerse, pero el fuego las hizo trizas en un segundo.
- ¡Mierda! – Exclamó el rubio.
El barbón tomó al pequeño junto al fantasma y los tiró lejos de él, empujó al capitán y agarró un escudo gigante que estaba debajo de las cabezas. Rápidamente trató de cubrirse con el escudo para detener la llamarada, y Teo, con ayuda de su foco, creó un escudo de mageia adicional para reforzar su defensa todavía más. Cuando las flamas azules impactaron con la protección del magno, hubo un momento que parecieron frenarse, pero, todo lo contrario, en un abrir y cerrar de ojos destrozó el refuerzo del pelirrojo.
- ¡Sirvan de algo cabrones!, ¡se me están asando las pelotas!
Aunque las llamas se desviaron, el metal comenzó a corroerse por las altas temperaturas, y poco a poco se fue derritiendo. Todo pasó tan rápido que incluso el mango del escudo se calentó, y le quemó las manos al barbón mientras este no dejaba de aferrarse a él para sobrevivir. Entonces, aprovechando el caos Junad llegó hasta donde estaba el demonio, y con la zweihander a dos manos trató de cortarle el cuello a la criatura. Para su infortunio, las escamas que lo cubrían eran demasiado gruesas, evitando que le hiciera el mínimo rasguño en la piel.
- ¡NO ES POR PRESIONARLOS, PERO YA TENGO MIS HUEVOS TIBIOS EN LA ENTREPIERNA! – El escudo empezó a dejar pasar poco a poco el calor, a la par que de las manos a los antebrazos de Teodoro se formó una quemadura de segundo grado llena de ampollas.
En una medida desesperada del sin vida por salvar a su amigo, guardó su espadón, y dando un brinco potente hacia la bestia le encajó un puñetazo en la mandíbula que desvió su boca hacia la izquierda. El astuto demonio no paró de tirar fuego por la boca, haciendo que mientras su cabeza se desplazaba del golpe quemara todo en esa dirección. Con lo que no contaron, fue que la pequeña Nutri y Efraín estaban escondiéndose justo allí detrás de un árbol.
- ¡CUIDADO CHICOS! – Gritó el guerrero de espinas.
- ¡Jeje! - El fantasmita tomó el cuello de la camisa del niño, y con sus pequeñas alas se elevó todo lo que pudo para evitar el fuego. La llamarada por poco los quema a ambos, pero afortunadamente solo alcanzó a rozar un centímetro de la sandalia de Efraín.
- ¡Padre! – Gritó el pelirrojo mientras corría hacia él. - ¿Estás bien?
- Nada que un poco de sábila no pueda curar. – Dijo mostrando sus heridas, el escudo quedó hecho añicos. De los dedos hasta el codo su piel estaba completamente rosada y brillante, exudando moco amarillento junto con unas ampollas gigantes. Como si fuera poco, la herida de su hombro se abrió, y comenzó a salir sangre de ella nuevamente.
- Estamos acorralados, tenemos que reorganizarnos y pensar en una estrategia. – Analizó Hernesto. - ¿Puedes continuar?
- Tú cierra el pico y dame mi hacha. – Respondió mientras su hijo lo vendaba.
- ¿Por qué se esfuerzan tanto? – Preguntó el dragón con una coral de cien voces distintas.
- Con que habla el muy hijo de puta. – Replicó el sin vida colocándose al lado de sus amigos.
- Están sufriendo, y no dejan que les salve, están sufriendo, y siguen luchando, ¿qué sentido tiene? – Era un poco torpe al hablar, pero se hizo entender. – Unas almas tan tristes como las suyas, tan pecadoras, solo pararán en el inframundo si siguen así.
- ¡No nos conoces de nada! – Protestó Teo.
- Yo veo corazones, y los leo muy bien. – Dijo entre lágrimas. – Impotencia. -Dijo mirando a Teo. – Egoísmo. – Miró Hernesto. – Resentimiento. – Miró a Teodoro. – Mentira. – Miró a Efraín. – Y condena. – Concluyó mirando a Junad. – Todos ustedes acabarán en el inframundo si continúan con sus vidas, dejadme a mí vuestro final, y prometo que pararán en el Megalo.
- Lo siento, tengo un país que liberar. – Arremetió Junad tomando nuevamente el mango de su arma.
- Esa arrogancia… ¿de dónde viene?, si tú solo eres un cascarón vacío. ¿Qué hombre sin recuerdos alberga emociones?, ¿qué ser con menos de un año de vivencias tiene una personalidad? Solo eres un cascarón vacío, adoptando la esencia de un huevo podrido.
- Todos ustedes son iguales - dijo Junad desenfundando su arma -, dicen ser sabios y creen saberlo todo, pero de mí no conocen una mierda. Podré no recordar nada, y puede que en un principio iniciara este viaje por la necesidad de gente ajena. – Apuntó su filo hacia su cara. - ¡Pero ahora estoy claro!, en estos meses este camino se ha vuelto para mí, ¡y para los míos! ¡Gente a muerto por esta causa y he matado gente por esta causa! – Recordó a Menelao, Juaco, Clay, Roma y Joshea. - Mi misión es no dejar que mueran en vano, y hacer que todo aquel que confíe en mí se sienta orgulloso cuando me vea lograr la hazaña. Mataré por esta familia, y por el pueblo de Olimpia.
- Charlatanes valientes ha habido cientos… héroes solo unos cuantos. ¡Enséñame quién eres tú! – Emitió nuevamente esa ráfaga azul de su boca.
El grupo evadió el ataque, pero claramente el dragón siguió apuntándole a Junad para quemarlo vivo. Era impresionante, el fuego maldito quemó todo a su paso sin importar lo que fuera, las cabezas cercenadas, los árboles, hasta las rocas del suelo se consumieron por el fuego. Tomando ventaja de que estaba entretenido con el sin vida, los guerreros se acercaron lo más que pudieron al engendro y lo atacaron.
Hernesto le arrojó su ataque clásico de espinas, Teo disparó rayos de mageia y Teodoro lanzó su hacha con toda su fuerza, ninguno de los tres ataques le hizo algo de daño a sus escamas. Junad corrió por todos lados tratando de no ser chamuscado, incluso se ocultó entre las rocas para evitarlo. Los demás insistieron con más ataques, pero ninguno de ellos logró algo con éxito. El dragón, harto de los magnos, les arrojó un coletazo que los mandó a todos contra el suelo.
El joven héroe se concentró en seguir huyendo sin parar, supo perfectamente que con eso no le sería suficiente al demonio para matar a sus amigos, al fin y al cabo, su única opción era servir como cebo para distraerlo.
- ¿Esta es tu claridad libertador?, ¿huir como un cobarde?
- ¡No te confíes demasiado!, ¡a veces en vez de buscar el momento adecuado, debes crearlo!
- ¡Ahora capitán! – Gritó Teo haciendo una resortera gigante con su bastón y el hacha de su padre.
- ¡Déjame ir! – Ordenó el capi tensando la cuerda de Mageia hasta el tope.
Hernesto salió disparado a una velocidad imperceptible hacia el demonio, y con su alabarda trató de cortarle la piel. Al impactar, surgieron chispas por la fricción, pero sin hacer nada de daño, hasta que en un parpadeo le llegó al ojo y se lo arrancó bañándose en sangre. El dragón gimió de dolor, pero no iba a dejar que las cosas terminaran ahí. Con la palma de su mano arrojó al Magno al suelo, y fue tan duro que la tierra se partió en varios pedazos, dejándolo completamente inconsciente.
- ¡Estoy cansado de arriesgar mi vida sin que me paguen! – Gritó Teodoro mientras era lanzado él también por otra resortera hecha por su hijo, esta vez con la zweihander de Junad.
Al igual que el capi, le arrancó el segundo ojo lloroso, y del mismo modo la criatura le acertó un golpe que lo noqueó al instante.
- ¡Ahora es mi turno! – Vociferó Junad corriendo con su espadón a dos manos. - ¡Como lo habíamos practicado Teo!
- ¡Entendido!
Mientras el chico corría a toda velocidad, el pelirrojo creó una cubertura enorme de mageia alrededor de su zweihander para potenciar su ataque. Sin embargo, aunque la bestia no tuviera ojos, conservaba muy buen olfato, y le arrojó una llamarada azul en contraataque. El chico había quedado vendido a su suerte, y no tuvo tiempo para reaccionar. Teo por la jaqueca del abuso de sus poderes no pudo hacer nada con la mageia para ayudarlo, pero incluso con su tobillo hecho añicos, fue corriendo hacia su amigo como una gacela y le empujó para sacarlo del perímetro del impacto. Antes de lanzarlo totalmente, le sacó el escudo que llevaba en la espalda al sin vida, y lo usó como protección para el fuego. Desgraciadamente, el escudo no era muy grande, y además de que salió volando luego del impacto, sus piernas se alcanzaron a quemar un poco con la brasa azul.
- ¡Teo! – Gritó el joven héroe.
Como acto reflejo gritó el nombre de su amigo de la preocupación, pero eso fue un tremendo error. El dragón detectó de inmediato su posición por el sonido, y preparó una nueva llamarada en su contra. Hernesto se colocó de pie como pudo, y con toda la cara ensangrentada y más de una costilla rota, clavó su alabarda en el suelo gritando como loco.
- ¡Ahhhhhhhhhhhh! – Gritó el rubio con todas sus venas apunto de explotar.
Debajo del dragón aparecieron cientos de espinas de tierra gigantes, que aunque no le hicieron mucho daño lo elevaron varios metros hacia arriba.
Mientras tanto, Teo luchando para no perder el conocimiento, creó nuevamente aquella capa de mageia alrededor de la zweihander. Junad entendió al instante lo que quería su amigo, y armado de valor dio un brinco hacia el demonio con la intención de volarle la cabeza.
El dragón tampoco se daría por vencido tan fácilmente, y trató de lanzarle otra llamarada al sin vida antes de que este lograra alcanzarle. El joven héroe todavía se encontraba demasiado lejos de él, así que como si fuera un balón, sujetó bien fuerte el mango de su espadón y se lo aventó directo al cuello. Era inevitable, aunque lograra darle era seguro que el fuego lo alcanzaría a él también. Sin embargo, de la nada apareció una raíz gigante que emergió de la tierra y amarró el hocico de la criatura, impidiéndole que pudiera emanar su fuego.
- ¡LOS DESAFORTUNADOS DEBEN DE SER SALVADOS! – Gritó el dragón como pudo entre lágrimas.
La zweihander del sin vida impactó en la garganta de más de seis metros de diámetro del demonio del llanto, y logró atravesarla por la mitad haciendo un gran hueco del cual salió disparado un chorro de sangre. La criatura gimió desesperada por el dolor mientras pataleaba para zafarse de la raíz.
Finalmente Junad cayó al suelo, pero mientras lo hacía junto al demonio, vio a una persona encapuchada huyendo del lugar, no alcanzó a ver muy bien quién era, estaba muy lejos y para él todo era borroso.
- ¿Quién eres? – Pensó.
El dragón de cientos de toneladas aterrizó en el suelo, y sacudió toda la montaña del impacto. El joven héroe se puso de pie a la par de que se sacudía el polvo de su armadura, y corrió de inmediato para ver el estado de Teo, pero al llegar vio que sus piernas estaban igual o incluso peor que los brazos de su papá.
- Maldita sea Teo, ¿cómo te sientes?
- De la mierda, pero eso es bueno, sentir dolor indica que podré recuperarme, espero...
- ¿Esa raíz que salió del suelo la sacaste tú? – Preguntó Hernesto cojeando con su alabarda. – De repente se escucharon pasos enormes acercarse.
- Mátenme ya. – Agregó Teodoro parándose mientras observaba al cielo.
Otro dragón del llanto llegó haciendo que el pequeño Efraín y Nutri se acurrucaran mucho más fuerte debajo de la roca en la que se escondían.
- Felicidades, desafortunados. – Dijo con ese coro melancólico.
- Te ruego que nos dejes ir. – Suplicó Junad de rodillas.
- Tranquilos, su batalla ya ha sido superada. – Se dio media vuelta en dirección al cadáver del demonio. Tranquilamente con su boca le mordió el cuello y se lo arrancó. – Me llevaré su cuerpo, la cabeza es vuestra y podéis descansar hasta que recobréis vuestras fuerzas.
Sin decir ni una palabra más, se echó al hombro el cadáver y se marchó entre la niebla.
- Este lugar, es peor que el inframundo. – Suspiró aliviado el pelirrojo.
- Creo que por fin todo ha terminado. – Concluyó el sin vida. – ¡Nutri, Efraín, ya pueden salir!
- Por un momento pensé que nos harían carne asada. – Dijo el niño con la nutria entre sus brazos.
- No bajen la guardia, traten de recuperarse rápido para seguir adelante. – Advirtió el rubio de ojos claros.
Teodoro luego de reforzarse las vendas, tomó algunas mochilas del equipaje, guardó su arma y se acercó hacia su hijo.
- ¿Qué haces padre? – Preguntó Teo mientras el barbón lo alzaba entre sus brazos.
- Nos largamos de aquí, no soporto más esta mierda. – Comenzó a caminar en dirección a Corfinium.
- ¿Qué rayos crees que haces? – Protestó su hijo, pero se cayó de inmediato cuando vio su rostro tan serio, solo lo había visto una vez así, cuando asesinaron a su madre.
- ¡Espera! – Gritó Junad atravesándosele en el camino. - ¿Por qué te vas?, ¿por qué ahora?
- Quítate de mi camino chico.
- ¡Responde!
- ¡Es que estás ciego o qué mierda! – Lo interrumpió de un grito. – ¡Mírame los brazos!, ¡mírale las putas piernas!... ¿acaso has pensado en algún momento todo el sufrimiento que hemos vivido por un viaje que ni siquiera es nuestro?, ¿lo has pensado? – El sin vida guardó silencio y agachó la mirada. – ¡Quise irme después de casi morir por salvarte el culo cuando peleamos contra Clay!, pero ese maldito sentimiento de compromiso, el cual no existe, me hizo querer ayudarte a llegar sano y salvo al menos a Corfinium. ¡Aquel maldito demonio folla-cabezas Junad te lo dijo literalmente!, ¡que si nos querías nos alejaras de ti! ¿Por qué habríamos de quedarnos más contigo?
- Por… porque somos amigos.
- La amistad no lo puede vencer todo en esta vida, no estamos en un maldito cuento donde todos tienen un final feliz y comen perdices y su puta madre, ¡mierda! – Tomó un poco de aire y evitó caer en llanto. – No quiero morir… y tampoco quiero que mi hijo muera frente a mis ojos, él es lo único que me queda chico, no me lo pongas más difícil. – Siguió adelante con un empujón para quitárselo del medio.
El sin vida se quedó estático, reflexionando todo lo que les había hecho vivir por ayudarlo, y lo peor, sin poderles dar nada a cambio. Quiso tratar de convencerle, luchar hasta el último momento, pero la culpa se convirtió en un nudo en su garganta que le quitó el aire. Efraín y Nutri se limpiaron las lágrimas de sus ojos mutuamente.
- Déjalo chico, está claro que la verdadera razón de que se va es por mí. – Dijo Hernesto, e hizo que el pelón se detuviera.
- ¿Y qué si es así? – Preguntó mirándolo por encima del hombro.
- Creo que ha llegado el momento de hablar de ciertas cosas que hemos evitado durante mucho tiempo. – Se sentó sobre un pedazo de tronco quemado mientras escupía un poco de sangre. – Aunque lo haga contra mi voluntad porque será incómodo de huevos. – Suspiró. - El chico no me perdonaría nunca si los dejo ir así como así. Junad, lo que vas a oír a continuación puede que cambie la manera en la que me ves para siempre, por favor, no me lo tengas en cuenta.
Editado: 21.11.2024