The King Kingdoms: Sombra del Trono

Capítulo IV: La Tela de Araña

La noticia del descubrimiento de la cripta se extendió entre los aliados de Kael con la rapidez de un reguero de pólvora, pero con la discreción de una orden susurrada en la oscuridad. Maelt Rosmar había convocado una reunión de urgencia para aquella misma tarde en su residencia, y uno a uno, los conspiradores fueron llegando por puertas diferentes, tomando precauciones que habrían parecido exageradas si no fuera porque todas y cada una de ellas estaban justificadas.

Aren Elmer fue el primero en llegar. Su padre, Loric, había decidido no asistir —"Cuantos menos sepamos, menos podremos revelar si nos interrogan", había dicho—, pero le había dado instrucciones precisas a su hijo: escuchar, analizar y no comprometerse en nada que pudiera volverse en su contra. La prudencia de los Elmer era legendaria, y Aren la llevaba en la sangre.

—¿Tan grave es la situación? —preguntó al ver el rostro de Maelt.

—Peor de lo que imaginábamos. Mucho peor.

Kaedor Lasmec llegó poco después, vestido con una túnica de viaje y botas polvorientas. Acababa de regresar de una de las minas de su familia en el sur, y no había tenido tiempo de cambiarse.

—He cabalgado toda la noche —dijo, dejándose caer en un sillón—. Más vale que esto sea importante.

—Lo es —respondió Maelt—. Y te agradezco que hayas venido.

—No me lo agradezcas todavía. Depende de lo que tengas que decir.

Illyana Cerevan fue la última en llegar, como era su costumbre. La senadora elfa entró en la sala con la elegancia de siempre, pero su expresión era más seria de lo habitual. Algo la preocupaba. Algo que no había compartido con nadie.

—He tenido que despistar a tres agentes de la princesa para llegar hasta aquí —dijo, tomando asiento—. Francesca ha reforzado la vigilancia. Sabe que estamos tramando algo.

—¿Sabe lo de la cripta? —preguntó Kael.

—No lo creo. Si lo supiera, ya habría actuado. Pero sospecha. Y la sospecha, en esta corte, es tan peligrosa como la certeza.

Cuando todos estuvieron reunidos, Maelt extendió los documentos sobre la mesa y les puso al corriente de lo que Kael y Lyssara habían descubierto la noche anterior. Les habló del tablero de corcho con los nombres de las víctimas, de los mapas de la ceremonia, del diario del Vigía. Les mostró las listas de agentes infiltrados en el castillo, los registros de pagos a los reinos vecinos, las anotaciones sobre el hierro para la forja del norte.

—Esto es una declaración de guerra —dijo Kaedor cuando Maelt terminó—. No contra Kael, no contra el Senado. Contra Draxcan entero.

—Eso parece —asintió Maelt—. El Vigía lleva décadas, quizás siglos, planeando la destrucción del reino. Y ahora, por fin, se siente lo bastante fuerte para dar el golpe definitivo.

—¿Pero quién es? —preguntó Illyana—. ¿Habéis encontrado algún indicio de su identidad?

—Ninguno. El diario está escrito con una caligrafía cuidada pero anónima. No hay nombres, no hay fechas de nacimiento, no hay referencias personales. Es como si el autor hubiera borrado deliberadamente cualquier rasgo que pudiera identificarlo.

—Eso es propio de alguien que lleva mucho tiempo ocultándose —dijo Aren—. Alguien que ha aprendido a no dejar huellas.

—O de alguien que sabe que, si lo descubren, todo su plan se viene abajo —añadió Kaedor—. Un hombre que ha dedicado su vida a una conspiración no va a cometer el error de revelar su identidad por un descuido.

—Pero hay algo que no entiendo —intervino Lyssara—. Si el Vigía es tan cuidadoso, ¿por qué nos ha dejado encontrar la cripta? ¿Por qué ha dejado el candil encendido, el diario abierto, los documentos a la vista? Parece casi como si quisiera que los encontráramos.

—Porque quiere —respondió Kael—. Él mismo lo dice en su diario: "El heredero ha mordido el anzuelo." Quería que encontráramos la cripta. Quería que viéramos los mapas de la ceremonia. Quería que supiéramos lo del atentado.

—¿Por qué? —insistió Lyssara—. ¿Qué gana con eso?

—Gana que centremos toda nuestra atención en la ceremonia —explicó Aren, que había estado analizando los documentos en silencio—. Mirad esto. Los mapas son extremadamente detallados. Marcan las posiciones de los guardias, las rutas de evacuación, los puntos ciegos. Todo está pensado para que parezca un plan de atentado minucioso y creíble. Pero si uno se fija bien...

—¿Qué? —preguntó Kaedor.

—Faltan cosas. No hay indicaciones sobre cómo van a introducir las armas en el recinto. No hay anotaciones sobre los explosivos, si es que piensan usarlos. No hay nombres de los atacantes. Es un plan incompleto. Un plan que parece real pero que no lo es.

—Un señuelo —dijo Illyana—. El atentado es un señuelo. Quiere que nos preparemos para defender la ceremonia, que concentremos allí todas nuestras fuerzas. Y mientras nosotros estamos distraídos...

—Atacará por otro lado —completó Kael—. Lo que no sabemos es por cuál.

—Por Vortham —dijo Maelt, señalando los registros de pagos—. El hierro para la forja del norte. Las armas. Los aliados que esperan instrucciones. Todo apunta a que el verdadero golpe se dará en el reino de los magos.

—Pero Vortham es un aliado de Draxcan —objetó Illyana—. Lleva siglos siéndolo. ¿Por qué iban a volverse contra nosotros ahora?

—No todos en Vortham son aliados nuestros —respondió Maelt—. La Academia Arcana está dividida. Hay facciones que quieren más autonomía, más poder, más libertad para investigar sin las restricciones del Senado. Si el Vigía les ha prometido eso a cambio de su apoyo...

—Entonces tenemos un problema —dijo Kaedor—. Un problema muy gordo.

—Tenemos varios problemas —corrigió Aren—. El atentado, la rebelión en Vortham, los independentistas elfos, los agentes infiltrados en el castillo. El Vigía no ha puesto todos sus huevos en la misma cesta. Ha diversificado. Si uno de sus planes fracasa, los otros seguirán adelante.

—Es lo que haría yo —admitió Kaedor con una franqueza que sorprendió a todos—. Si quieres destruir un reino, no apuestas por un solo golpe. Apuestas por varios. Así, aunque tu enemigo detenga uno, los otros lo desbordarán.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 11.07.2026

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