The King Kingdoms: Sombra del Trono

Capítulo V: El Heredero y la Corte

El otoño avanzaba sobre Draxcan con la determinación silenciosa de un ejército conquistador. Las hojas amarillentas alfombraban los jardines del castillo, y el humo de las chimeneas se elevaba hacia un cielo perpetuamente encapotado. En las calles, los vendedores ambulantes ofrecían castañas asadas y sidra caliente, y los niños se perseguían entre los charcos que dejaban las lluvias cada vez más frecuentes. La vida en la capital seguía su curso, ajena a las conspiraciones que se tejían en sus entrañas.

Kael Kraxter se había acostumbrado a su nueva rutina con la misma resignación con que un prisionero se acostumbra a su celda. No era infeliz —sería injusto quejarse de una vida de privilegios que muchos envidiarían—, pero cada mañana, al despertar en sus aposentos del Ala Noble, sentía una punzada de nostalgia por su antigua casa en la calle de los Toneleros. Allí, al menos, sabía quién era. Aquí, en el castillo, era un extraño en su propia piel.

Aquella mañana, sin embargo, algo era diferente. Beren, su ayuda de cámara, lo despertó antes del amanecer con una noticia inesperada.

—Alteza, el rey Kaziu solicita vuestra presencia en sus aposentos. Dice que es urgente.

Kael se incorporó de inmediato, apartando las sábanas de un manotazo.

—¿El rey? ¿Está bien?

—Eso parece, alteza. Pero no ha querido dar más detalles. Sólo ha dicho que os espera antes del desayuno.

Se vistió apresuradamente y siguió a Beren por los interminables pasillos del castillo. Los guardias se cuadraban a su paso, y los sirvientes se apartaban para dejarle espacio. Aquellas muestras de respeto, que al principio lo incomodaban, ahora apenas las registraba. Se estaba acostumbrando, y eso lo asustaba más que cualquier conspiración.

Los aposentos del rey estaban en la torre principal, en el piso más alto, desde donde se dominaba toda la ciudad. Kael subió las escaleras de dos en dos, dejando atrás a Beren, que jadeaba intentando seguirle el ritmo. Al llegar a la puerta, los guardias lo dejaron pasar sin mediar palabra.

El rey Kaziu estaba sentado en un sillón junto a la ventana, envuelto en una manta de lana a pesar del fuego que crepitaba en la chimenea. Su rostro estaba más pálido que la última vez que Kael lo había visto, y sus manos temblaban ligeramente sobre el bastón. Pero sus ojos conservaban el brillo de la inteligencia, y su voz, aunque débil, seguía siendo firme.

—Kael. Acércate. Tengo algo que mostrarte.

—Majestad. ¿Os encontráis bien? ¿Necesitáis que llame al sanador?

—No necesito sanadores. Necesito un heredero que sepa lo que hace. Y para eso, tienes que entender cómo funciona este reino. El reino de verdad, no el de los discursos y las ceremonias.

Kael se sentó en un taburete frente al rey. Sobre la mesa que los separaba, Kaziu había extendido un mapa del continente de Daus, con los ocho reinos señalados con alfileres de colores.

—Mira esto —dijo el rey, señalando con un dedo tembloroso—. Draxcan está en el centro. Es el corazón del continente. Pero un corazón no late sin arterias que lo conecten con el resto del cuerpo. Esas arterias son los otros reinos. Si una de ellas se bloquea, el corazón muere.

—Lo sé, majestad. He estudiado los mapas.

—Estudiarlos no es lo mismo que entenderlos. Dime, ¿qué sabes de Vortham?

Kael vaciló. Sabía lo que le habían contado Maelt y Kaedor sobre los envíos de hierro, sobre la fundición clandestina, sobre los magos renegados. Pero no estaba seguro de cuánto debía revelar al rey.

—Es el reino de los magos —respondió con cautela—. Alberga la Academia Arcana, la institución mágica más importante del continente. Es un aliado histórico de Draxcan.

—Aliado, sí. Pero los aliados no siempre son amigos. Vortham está gobernado por un Consejo de Archimagos que lleva décadas dividido. Por un lado están los moderados, que defienden la alianza con Draxcan. Por otro, los radicales, que quieren independencia total y el derecho a investigar sin restricciones. Adivina qué facción está ganando poder.

—Los radicales.

—Exacto. Y si los radicales toman el control del Consejo, Vortham podría convertirse en un enemigo. No declararán la guerra abiertamente —los magos nunca hacen nada abiertamente—, pero empezarán a conspirar. A tejer alianzas con otros reinos descontentos. A financiar rebeliones dentro de nuestras fronteras.

—¿Creéis que eso está pasando ya?

Kaziu lo miró fijamente.

—Tú sabes algo. Llevas semanas reuniéndote con Maelt Rosmar, con Illyana Cerevan, con ese muchacho Lasmec. No soy tan viejo como para no darme cuenta de lo que ocurre en mi propio castillo.

Kael bajó la cabeza. Mentir al rey no tenía sentido; Kaziu siempre había sido más perspicaz de lo que aparentaba.

—Hemos descubierto una conspiración, majestad. Alguien está planeando atentar contra la ceremonia de renovación del Senado. Pero creemos que es un señuelo. El verdadero golpe se prepara en otra parte. Posiblemente en Vortham.

—Lo sé —dijo Kaziu con una calma que sorprendió a Kael—. Lo sé desde hace semanas. Mis propios agentes han estado investigando. Pero no tengo pruebas suficientes para actuar, y mi salud no me permite liderar una investigación como es debido. Por eso te necesito a ti.

—¿A mí?

—Eres el heredero. El futuro rey. Tienes que aprender a moverte en este tablero antes de que yo muera. Porque cuando yo muera, los buitres se lanzarán sobre ti. Y si no estás preparado, te devorarán.

—¿Qué queréis que haga?

—Quiero que asistas al Consejo de Embajadores. Se reúne esta tarde en el Salón de las Columnas. Asistirán representantes de los ocho reinos. Es una reunión rutinaria, de esas que se celebran una vez al año para discutir asuntos comerciales y fronterizos. Pero este año no será rutinaria. Mis agentes me informan que los representantes de Vortham y de las Islas del Alba han solicitado intervenir en el orden del día. Quieren hablar de "reformas en la política de alianzas". Lo que significa que quieren debilitar los vínculos con Draxcan.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 11.07.2026

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