The King Kingdoms: Sombra del Trono

Capítulo XI: El Rastro del Bastardo

Tres días después del atentado, la capital seguía en estado de sitio. Las calles estaban desiertas al anochecer, los mercados apenas abrían y las patrullas de la guardia real recorrían los barrios con el ceño fruncido y las manos en las empuñaduras de las espadas. El miedo era un animal invisible que se había instalado en cada rincón de Draxcan, alimentándose de los rumores que corrían de boca en boca: que el rey estaba muriendo, que el heredero era un impostor, que los magos estaban preparando un segundo ataque, que la princesa Francesca planeaba dar un golpe de estado antes de que terminara la semana.

En la residencia de los Elmer, Aren trabajaba sin descanso. Desde el robo de los archivos en la biblioteca del castillo, apenas había dormido. Su padre, Loric, lo observaba con una mezcla de orgullo y preocupación desde el umbral del estudio.

—Deberías descansar, hijo. Llevas tres días encerrado aquí.

—No puedo, padre. Cada hora que pasa, el rastro de Feron se enfría. Si no encontramos pronto esos archivos, nunca sabremos quién es.

—¿Y si no existe? ¿Y si el rey deliraba?

—Kaziu estaba lúcido. Habló de un medio hermano bastardo, de una amante noble de su padre, de un juramento de venganza. Todo encaja con la conspiración. Feron es la pieza que nos falta.

—Pero los archivos han desaparecido. Y el bibliotecario no vio el rostro del ladrón.

—No hacía falta. El ladrón sabía exactamente lo que buscaba. Eso significa que conoce los archivos tan bien como nosotros. Quizás mejor.

Aren se levantó y se acercó a un mapa de Draxcan que había clavado en la pared. Sobre él, había trazado líneas de colores que conectaban los distintos crímenes de la conspiración: las muertes de Thamior, Aldric, Oren, Eryndor, Bertram; los envíos de hierro; las reuniones secretas; los focos de poder. Todas las líneas convergían en un punto central: el castillo.

—El enemigo está dentro —murmuró—. Siempre ha estado dentro. Zareth era una pieza, importante pero no imprescindible. El verdadero cerebro lleva décadas escondido entre nosotros.

—¿Sigues pensando que puede ser uno de nuestros aliados?

—No lo sé. Pero si Feron es un bastardo real, tiene que tener acceso al castillo. Tiene que ser alguien con un cargo, una posición. Alguien que pueda moverse sin levantar sospechas.

—Eso incluye a docenas de personas. Senadores, oficiales, sirvientes de alto rango.

—Lo sé. Pero voy a reducir la lista. —Aren tomó un pergamino en blanco y empezó a escribir—. El rey Kaziu tiene setenta y cinco años. Si Feron es su medio hermano, debe tener una edad similar. Eso descarta a cualquiera menor de sesenta años.

—Un bastardo podría ser más joven. El padre de Kaziu murió hace treinta años. Si la amante era joven...

—Cierto. Ampliemos el rango: entre cincuenta y ochenta años. Hombres de mediana edad o ancianos. Con acceso al castillo. Preferiblemente nobles o funcionarios de alto rango. Y con algún vínculo con Vortham, porque Zareth operaba desde allí.

—Eso sigue siendo mucha gente.

—Sí. Pero hay otro criterio. El rey dijo que su medio hermano juró venganza contra los Kraxter. Eso implica un odio personal. Algo más que ambición política. Alguien que sintió que le arrebataron algo. Alguien que creció a la sombra del trono sin poder sentarse en él.

Loric guardó silencio. Luego, con voz grave, dijo:

—Conozco a alguien que encaja en esa descripción.

—¿Quién?

—Hace años, cuando yo era joven, serví como secretario en la corte del padre de Kaziu. El rey Aldric II. Era un hombre... de apetitos. Tuvo varias amantes. Una de ellas era una noble del distrito humano, de la familia Holm.

Aren sintió un vuelco en el corazón.

—¿Los Holm? ¿Otra vez?

—Sí. La hermana menor de Garren Holm, el conspirador. Se llamaba Lysa Holm. Era hermosa, inteligente y ambiciosa. Se rumoreaba que tuvo un hijo del rey, pero el niño desapareció poco después de nacer. Oficialmente, murió en la cuna. Extraoficialmente...

—Lo ocultaron. Como ocultaron a los Kraxter.

—Exacto. Si ese niño sobrevivió, si fue criado en secreto por los Holm, educado en el odio hacia la rama legítima de la casa real...

—Entonces Feron es un Holm. O está vinculado a ellos.

—Y eso explicaría por qué los Holm han estado involucrados en la conspiración desde el principio. No eran sólo aliados del Vigía. Eran su familia.

Aren se puso en pie de golpe.

—Tenemos que decírselo a Kael.

—Espera. Aún no tenemos pruebas. Sólo conjeturas.

—Pero es la primera pista sólida que tenemos. Si logramos encontrar los registros de nacimiento de Lysa Holm, si podemos demostrar que tuvo un hijo y que ese hijo sigue vivo...

—Los archivos de los Holm están bajo custodia del Senado desde que se abrió la investigación contra Garrick. Pero Garrick Holm sigue siendo senador. Sigue teniendo aliados. Si intentamos acceder a esos archivos, nos estaremos enfrentando directamente a él.

—Pues tendremos que hacerlo. Porque si no encontramos a Feron pronto, el próximo ataque será aún peor.

Loric asintió lentamente.

—Iré yo. Aún tengo contactos en el archivo del Senado. Viejos amigos que me deben favores. Quizás puedan ayudarnos.

—Ten cuidado, padre.

—Siempre lo tengo. Tú también.

En el puerto de Draxcan, Kaedor Lasmec supervisaba personalmente la descarga de un cargamento procedente de las Islas del Alba. O al menos, eso era lo que parecía. En realidad, el cargamento era una tapadera: cofres llenos de especias y sedas que ocultaban armas para los hombres de Lyssara.

Pero aquella mañana, algo le llamó la atención. Un barco pequeño, de bandera vorliana, atracado en el muelle siete. No era un barco comercial corriente. Tenía las velas remendadas con prisas, el casco sucio de algas y un capitán que evitaba mirar a los ojos.

—¿Quién es el dueño de ese barco? —preguntó Kaedor a su capataz.

—No lo sé, señor. Llegó anoche. El capitán dijo que transportaba mercancías para un noble de la corte, pero no quiso dar nombres. Pagó en oro y pidió que no le molestaran.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 11.07.2026

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