The King Kingdoms: Sombra del Trono

Capítulo XII: La Semilla de la Duda

El pasillo del Ala Noble permaneció acordonado durante el resto de la mañana. Los guardias de la heredad, los mismos que se suponía debían proteger el sueño del futuro rey, fueron relevados y puestos bajo arresto temporal mientras se investigaba cómo un intruso había podido entrar en los aposentos de Kael Kraxter sin ser detectado. El puñal, una daga de hoja estrecha con empuñadura de cuero gastado, fue examinado por los peritos del castillo en busca de huellas, pero no encontraron nada. El mensaje, escrito en una caligrafía anónima, fue analizado por los calígrafos del Senado, que tampoco pudieron identificarlo. Y el sello de la serpiente alada —el sello antiguo, con las alas hacia arriba— fue comparado con los registros de la cancillería, confirmando lo que Kael ya sabía: era idéntico al que había usado Darian Vehl ochenta y siete años atrás, y al que seguía usando quienquiera que estuviera moviendo los hilos de la conspiración desde las sombras.

O desde la plena luz.

—Es imposible —dijo Beren por enésima vez, con el rostro pálido y las manos temblorosas—. Yo mismo comprobé la cerradura antes de acostarme. Los guardias estaban en sus puestos. Nadie entró ni salió.

—Alguien sí lo hizo —respondió Kael, que sostenía el puñal en sus manos—. Alguien que conocía mis aposentos, que sabía dónde guardaba yo esta daga y que ha querido mandarme un mensaje muy claro.

—¿Qué vais a hacer, alteza?

—De momento, nada. No informaréis a nadie de esto. Los guardias arrestados quedarán en libertad, pero no volverán a custodiarme. El incidente no ha ocurrido. ¿Entendido?

—Sí, alteza. Pero... ¿y si vuelve a intentarlo?

—No lo hará. Al menos, no esta noche. Quienquiera que haya sido, ya ha conseguido lo que quería: sembrar la duda. Ahora retírate. Necesito pensar.

Beren hizo una reverencia y salió de la habitación. Kael se quedó a solas, con el puñal en una mano y el mensaje en la otra. Leyó las palabras una vez más, como si al releerlas pudiera extraer de ellas un significado oculto que se le hubiera escapado en las lecturas anteriores.

"El enemigo que buscas está más cerca de lo que crees. Mira a tu alrededor, heredero. Mira a los que te rodean. Y pregúntate: ¿quién de ellos nunca ha sangrado por ti?"

¿Quién nunca ha sangrado por ti?

Repasó mentalmente la lista de sus aliados. Maelt Rosmar: el senador había arriesgado su carrera política para apoyarlo, había puesto a su propia hija en peligro, había desafiado a la princesa abiertamente. Pero, ¿había sangrado? No literalmente. Aren Elmer: el joven diplomático había pasado noches en vela investigando, había desentrañado los secretos del sello antiguo, había encontrado la pista de los Holm. Pero no era un guerrero; no había derramado sangre por él. Illyana Cerevan: la elfa había cambiado de bando, había aportado los votos de su distrito, había arriesgado su posición política. Pero, ¿había sangrado? No. Kaedor Lasmec: el comerciante había financiado la resistencia, había enviado refuerzos a Vortham, había encontrado el barco sospechoso en el puerto. Pero nunca había estado en primera línea.

Y luego estaba Lyssara.

Lyssara, que había luchado contra mercenarios en el desfiladero. Lyssara, que se había enfrentado a Zareth en la fundición. Lyssara, que se había lanzado sobre él durante la explosión para protegerlo con su propio cuerpo. Lyssara, que llevaba una venda en el brazo porque una esquirla de piedra la había herido mientras lo cubría.

Lyssara había sangrado por él.

Y, por tanto, según el mensaje, no era la traidora.

Pero, ¿y si el mensaje era una trampa? ¿Y si el verdadero enemigo lo había redactado precisamente para desviar las sospechas hacia otros? ¿Y si pretendía que Kael confiara ciegamente en Lyssara mientras el verdadero traidor seguía oculto?

—Maldito seas —murmuró Kael, sin saber a quién dirigía sus palabras. ¿A Zareth? ¿A Feron? ¿A sí mismo?

Se levantó y guardó el puñal y el mensaje en un cajón cerrado con llave. Luego salió al pasillo y se dirigió a los aposentos de Lyssara. Necesitaba hablar con ella. Necesitaba contarle lo ocurrido. Pero, sobre todo, necesitaba mirarla a los ojos y asegurarse de que seguía siendo la misma persona en la que había confiado desde el principio.

La encontró en el patio de entrenamiento, a pesar de la hora temprana y del frío que calaba los huesos. Lyssara practicaba con su espada contra un poste de madera acolchado, sola, con movimientos precisos pero cargados de una furia contenida. Al ver llegar a Kael, se detuvo y se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano.

—No esperaba verte por aquí. ¿Ha pasado algo?

—Mucho. —Kael le mostró el mensaje—. Alguien entró en mis aposentos anoche. Dejó esto clavado en mi puerta. Con mi propio puñal.

Lyssara leyó el mensaje con el ceño fruncido. Cuando terminó, levantó la vista y lo miró fijamente.

—¿Quién ha sido?

—No lo sé. Los guardias no vieron nada. Beren no oyó nada. Es como si el intruso se hubiera desvanecido en el aire.

—¿Magia? ¿Un sortilegio de invisibilidad?

—Posiblemente. Pero el mensaje no es mágico. Es personal. Alguien que me conoce bien. Alguien que sabe qué daga guardo en mi habitación. Alguien que quiere hacerme dudar de todos.

—Incluyéndome a mí.

—No. El mensaje dice: "¿quién de ellos nunca ha sangrado por ti?" Tú sí has sangrado por mí. En la ceremonia. Cuando me protegiste de la explosión.

Lyssara bajó la espada y se apoyó en ella.

—Eso podría ser una casualidad. O una manipulación. El enemigo podría estar usando el mensaje para que confíes en mí y desconfíes de los demás.

—Lo sé. Lo he pensado. Pero entonces, ¿por qué ibas a protegerlo?

—Quizás porque te necesitan vivo. Por ahora. Un heredero muerto es un mártir; un heredero controlado es un títere. Si el traidor está entre nosotros, le conviene que sigas confiando en alguien. Y yo soy la candidata obvia.

—¿Estás diciendo que podrías ser la traidora?



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 11.07.2026

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