The King of Kindoms: El Legado de las Cadenas

Capítulo I: La Sangre Despierta

La reliquia permaneció sobre la mesa del despacho real durante toda la noche, y Kael la observó durante buena parte de aquellas horas sin lograr conciliar el sueño, sentado en un sillón que Airoon había mandado colocar junto a la ventana, como si el propio rey hubiera anticipado que ninguno de los dos encontraría descanso después de la traducción de Talaida. La pieza de metal oscuro, antigua más allá de cualquier estimación razonable, emitía un resplandor tenue que solo se percibía cuando la luz de las lámparas disminuía, y Kael sintió, en más de una ocasión durante aquellas horas interminables, que la reliquia lo observaba a su vez, con una paciencia que trascendía cualquier comprensión humana del tiempo.

La llave no pertenece al reino. La llave pertenece a la sangre. Y la sangre, dispersa entre generaciones, solo se reúne cuando el propio mundo exige su regreso.

Kael repitió aquellas palabras en su mente una y otra vez, buscando en ellas un significado que se le escapaba constantemente, como agua entre los dedos. Sabía, con una certeza que ya no podía seguir postergando, que aquella frase no era simplemente poética. Era una instrucción, o una advertencia, o quizás ambas cosas a la vez, dejada por alguien —¿Seraphine misma? ¿Otro de los Once Originales?— que había comprendido, hacía mil años, que llegaría un momento como aquel. La noche transcurrió con una lentitud que Kael sintió físicamente, cada hora arrastrándose como si el propio tiempo se hubiera espesado, y cuando el amanecer finalmente comenzó a teñir de gris el horizonte visible a través de la ventana, Kael comprendió que ya no podía seguir evitando la conversación que Airoon evidentemente había venido a sostener.

—No has dormido —dijo Airoon, entrando en la habitación con dos tazas de un té oscuro cuyo aroma amargo Kael reconoció como el mismo que Orwenna preparaba durante las noches de vigilia de su infancia. El rey, vestido con ropas sencillas que contrastaban con su habitual atuendo formal, parecía más vulnerable de lo que Kael lo había visto jamás, como si la noche de insomnio compartida hubiera despojado a ambos de las máscaras que solían usar en sus interacciones diarias.

—No podía. —Kael aceptó la taza, sin apartar la vista de la reliquia—. Cada vez que cierro los ojos, escucho la voz de la entidad de nuevo. "Volveremos a hablar, hijo de Seraphine." No logro sacarme esas palabras de la cabeza.

—Es comprensible. —Airoon se sentó frente a él, con el cansancio de una noche igualmente insomne marcado en cada línea de su rostro—. He estado pensando, Kael, en lo que significa realmente esa inscripción. "La sangre, dispersa entre generaciones, solo se reúne cuando el propio mundo exige su regreso." Eso implica que tu existencia no es una casualidad de las últimas dos décadas. Implica que fuiste concebido, o al menos elegido, precisamente porque el mundo ya comenzaba a necesitar lo que representas.

—Eso es lo que más me aterra. —Kael dejó la taza sin haber bebido, sintiendo que el estómago se le cerraba ante la magnitud de aquella posibilidad—. No haber nacido por azar, sino por necesidad. Como si mi vida entera hubiera sido diseñada por alguien, para un propósito que ni siquiera yo mismo elegí.

Airoon guardó silencio un momento, considerando sus siguientes palabras con el cuidado de quien sabe que está a punto de cruzar un umbral que no admite retroceso. Sus dedos, habitualmente tan firmes, tamborileaban suavemente contra el brazo del sillón, y Kael notó, con una punzada de compasión involuntaria, cuánto peso había cargado aquel hombre durante décadas sin permitirse jamás mostrarlo abiertamente.

—Kael, hay algo que necesito decirte. Algo que he evitado durante dieciocho años, no por crueldad, sino porque temía exactamente esta conversación, temía el peso que representaría para ti.

Kael se irguió en su asiento, sintiendo que el aire de la habitación se volvía más denso.

—¿Qué es?

—La noche en que naciste, Orwenna me llamó al ala privada donde tu madre había dado a luz. —La voz del rey se volvió más grave, cargada de un recuerdo que evidentemente había reprimido durante mucho tiempo—. Los sanadores que la atendieron ya se habían marchado quirúrgicamente rápido, sin dejar rastro, y tu madre, débil pero consciente, me pidió hablar conmigo a solas antes de que cualquier otra persona pudiera intervenir.

Kael sintió que el corazón le latía con una fuerza renovada. La mención de su madre, de aquella mujer cuyo nombre ni siquiera había conocido hasta hacía apenas unas horas, despertaba en él una mezcla compleja de dolor, curiosidad y una necesidad desesperada de comprender.

—¿Qué te dijo?

—Me dijo que sabía exactamente lo que había hecho, permitiendo aquel procedimiento. Que comprendía los riesgos, las implicaciones, el peso que colocaría sobre tus hombros durante toda tu vida. —Airoon cerró los ojos un instante, como si reviviera aquel momento con una claridad dolorosa—. Y me pidió, Kael, que te protegiera. No como rey protege a un súbdito, sino como... como algo mucho más cercano a lo que un padre protegería a un hijo.

El silencio que siguió a aquella revelación se sintió cargado de una intimidad que Kael jamás había anticipado compartir con el rey de Draxcan. Aquel hombre, que había gobernado un reino durante medio siglo, le confesaba ahora algo que trascendía por completo la relación formal entre monarca y súbdito: una promesa personal, hecha a una mujer moribunda, de proteger a su hijo como si fuera suyo.

—¿Por qué a ti? —preguntó finalmente—. ¿Por qué te pidió eso específicamente?

—Porque yo ya sabía, Kael. Antes de esa noche. —Airoon abrió los ojos, sosteniendo la mirada de Kael con una vulnerabilidad genuina—. Tu madre y yo nos conocíamos desde hacía años, a través de círculos que la Corona mantenía informados sobre ciertos linajes antiguos que se sospechaba habían sobrevivido, ocultos, durante generaciones. Cuando descubrió que estaba embarazada, y cuando comprendió las implicaciones de lo que su propia sangre representaba, acudió a mí, no como rey, sino como la única persona en Draxcan que podría comprender la magnitud de lo que estaba a punto de hacer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.