The King of Kindoms: El Legado de las Cadenas

Capítulo IV: El Archivo Prohibido

Osric llegó a Draxcan al amanecer, tras tres días de cabalgata casi ininterrumpida, y Kael lo recibió personalmente en las puertas del Distrito Imperial apenas recibió la notificación de su llegada, sintiendo una mezcla de esperanza y aprensión que apenas lograba contener mientras el soldado, visiblemente agotado, desmontaba de su caballo cubierto de polvo del camino. El animal, un corcel de guerra de pelaje oscuro que había recorrido con Osric cada kilómetro de aquella misión clandestina, respiraba con dificultad, y sus flancos brillaban con el sudor de un esfuerzo que ningún caballo debería haber soportado sin consecuencias.

—Mensaje de la capitana Rosmar —dijo Osric, extrayendo de su mochila un paquete cuidadosamente envuelto—. Y esto.

Kael tomó el fragmento con manos que apenas lograba mantener firmes, sintiendo de inmediato aquella resonancia familiar recorrerle el pecho, la confirmación silenciosa de que aquel objeto pertenecía, efectivamente, a la misma colección dispersa que había estado buscando durante meses. La piedra, oscura y fría, vibraba débilmente contra su palma, y Kael sintió que su tercer corazón respondía a aquel contacto con un latido ligeramente más intenso, como si reconociera en el fragmento una parte de sí mismo que había estado separada durante demasiado tiempo.

—¿Cómo está ella? —preguntó, con una urgencia que trascendía cualquier consideración estratégica sobre el fragmento mismo.

—Bien, considerando las circunstancias. —Osric dudó un momento antes de continuar, evidentemente sopesando cuánta verdad resultaba apropiado compartir con alguien que, a pesar de su posición como asistente real, no poseía autoridad militar formal sobre él—. Aunque debo informarle, Kael, que la capitana desobedeció directamente una orden del Consejo Especial para asegurar que este fragmento llegara hasta usted, en lugar de hacia Vycto Lasmec. Actualmente enfrenta una investigación disciplinaria por esa decisión.

El estómago de Kael se encogió considerablemente. La palabra «investigación disciplinaria» resonaba en su mente con un peso que trascendía cualquier consideración formal: significaba que Lyssara, la mujer que había arriesgado su vida por él en incontables ocasiones durante los últimos meses, enfrentaba ahora consecuencias potencialmente devastadoras para su carrera precisamente por haber elegido protegerlo.

—¿Qué consecuencias podría enfrentar?

—No lo sé con certeza. —Osric negó lentamente con la cabeza, con una expresión que reflejaba tanto respeto genuino hacia su comandante como una preocupación evidente—. Pero la capitana me pidió que le transmitiera que no se arrepiente de su decisión, sin importar el resultado.

Kael sintió una mezcla compleja de gratitud profunda y preocupación creciente, comprendiendo que Lyssara había arriesgado deliberadamente su propia carrera militar, quizás incluso su libertad, precisamente para proteger un fragmento cuya importancia trascendía considerablemente cualquier consideración institucional. Aquel sacrificio, aunque profundamente conmovedor, añadía también una capa adicional de responsabilidad que Kael sentía pesar sobre sus propios hombros con una intensidad renovada. Si Lyssara había pagado aquel precio por él, entonces él tenía la obligación absoluta de asegurarse de que aquel sacrificio no resultara en vano.

—Gracias, Osric. —Kael guardó el fragmento con cuidado en el compartimento interior de su chaqueta, junto a la gema que llevaba siempre consigo—. Descansa. Te has ganado el descanso más que cualquier otro soldado de este reino.

Convocó de inmediato a Talaida y Paul, junto con Airoon, para examinar el nuevo fragmento y considerar las implicaciones de la situación de Lyssara, pero fue Talaida quien, tras un examen inicial del objeto, notó algo que capturó completamente la atención de todos los presentes.

—Este fragmento es distinto a los anteriores —dijo, examinando las inscripciones con una atención meticulosa. Sus dedos recorrían las líneas talladas con la delicadeza de quien teme dañar algo irremplazable—. Las líneas talladas siguen un patrón ligeramente diferente, más antiguo en su ejecución. Y hay algo más: una pequeña marca en el reverso que no había visto en ningún otro fragmento.

Kael se inclinó para examinar la marca que Talaida señalaba: un símbolo pequeño, casi imperceptible, que representaba lo que parecía ser un ojo cerrado rodeado de líneas radiantes. El símbolo, tallado con una precisión que contrastaba con las inscripciones principales del fragmento, parecía haber sido añadido en un momento posterior, quizás por una mano diferente a la que había creado el objeto original.

—¿Qué significa? —preguntó.

—No estoy segura. —Talaida frunció el ceño, considerando la pregunta con su habitual rigor académico—. Pero me recuerda algo que vi hace semanas, en uno de los textos que Cordelia Chimer me mostró durante mi última visita a su archivo. Necesito comparar ambos símbolos directamente.

La visita a la mansión Chimer, realizada esa misma tarde con la urgencia que la situación exigía, resultó considerablemente más reveladora de lo que Talaida había anticipado inicialmente. Cordelia, tras examinar el fragmento con una atención igualmente meticulosa, condujo a Talaida y Kael hacia una sección de su biblioteca privada que no habían explorado durante encuentros anteriores, un área considerablemente más restringida incluso que el resto de su ya considerable colección de textos prohibidos. Aquella sección, protegida por una puerta de hierro forjado que requería una llave que Cordelia llevaba colgada al cuello, parecía más antigua que el resto de la mansión, como si hubiera sido construida en una época anterior y luego integrada en la estructura principal sin modificaciones significativas.

—Este símbolo pertenece a un texto específico que mi familia ha custodiado con particular cuidado —explicó Cordelia, extrayendo de un compartimento sellado un volumen encuadernado en un material oscuro que Kael no logró identificar completamente, ni piel animal convencional ni pergamino ordinario—. Un registro que documenta, con considerable detalle técnico, múltiples casos históricos del procedimiento que se realizó en usted, joven Kraxter.




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