Lyssara llegó a Draxcan cuatro días después de recibir la orden de regreso, con el polvo del camino todavía cubriéndole el uniforme y una determinación fría instalada en cada línea de su postura mientras cruzaba las puertas del Distrito Imperial, escoltada, con una formalidad que resultaba casi insultante, por dos soldados designados específicamente para asegurar su comparecencia inmediata ante el tribunal disciplinario del Consejo Especial. El trayecto desde la frontera había sido silencioso, con los dos soldados manteniendo una distancia calculada que sugería instrucciones precisas sobre no entablar conversación con la prisionera —aunque Lyssara se negaba a considerarse a sí misma bajo aquel término— y las noches transcurriendo en campamentos improvisados donde la capitana, despojada temporalmente de su autoridad formal, era tratada con una cortesía gélida que resultaba, en su propia manera, más incómoda que la hostilidad abierta.
Kael la esperaba en el patio principal del Castillo Dracking, incapaz de contener su impaciencia a pesar de las advertencias de Talaida sobre mantener una distancia prudente que no comprometiera aún más la situación legal de Lyssara. Había pasado las últimas horas caminando en círculos por los jardines privados, consultando cada pocos minutos con los guardias apostados en las puertas sobre la llegada inminente de la comitiva, y cuando finalmente la vio desmontar, cansada pero con la cabeza erguida, sintió que el alivio le recorría todo el cuerpo con una intensidad que ningún protocolo cortesano lograba contener completamente.
—Lyssara.
—Kael. —Ella se permitió, apenas un instante, una sonrisa cansada antes de que su expresión recuperara la formalidad militar que la situación exigía—. Veo que el fragmento llegó a salvo.
—Gracias a ti. —Kael quiso acercarse más, pero los soldados que la escoltaban mantuvieron una posición que sugería instrucciones específicas sobre limitar cualquier contacto no autorizado—. Lyssara, sobre el tribunal disciplinario...
—Lo enfrentaré, Kael. —Su voz mantuvo una firmeza que reflejaba la misma determinación que la había llevado a desafiar la orden original—. Tomé una decisión, y estoy preparada para asumir las consecuencias, sean cuales sean.
Los soldados la condujeron hacia el ala administrativa del castillo, dejando a Kael con una frustración considerable ante su propia impotencia para intervenir directamente sin arriesgar comprometer aún más la ya delicada posición de Lyssara. Permaneció inmóvil en el patio durante varios minutos, contemplando la puerta por la que había desaparecido, con el peso de todas las palabras que no había podido pronunciar acumulándose en su pecho como una piedra fría.
El tribunal disciplinario se reunió esa misma tarde en una de las salas administrativas del ala este, presidido por tres oficiales de alto rango designados por el Consejo Especial, ninguno de los cuales poseía conexiones conocidas con las cinco nuevas familias, un detalle que Vycto había calculado cuidadosamente para garantizar la apariencia de imparcialidad. Kael no tenía permitido estar presente durante las deliberaciones, pero Paul, cuyo padre mantenía suficiente influencia dentro del aparato administrativo del Senado, logró obtener un informe detallado de los procedimientos a través de contactos leales.
—El cargo formal es insubordinación directa y desobediencia a órdenes del Consejo Especial de Seguridad Interior —explicó Paul, sentándose frente a Kael en la biblioteca privada del ala real, con notas detalladas que había reunido durante las horas de deliberación—. Según los procedimientos estándar, una violación de esta magnitud conlleva degradación inmediata de rango y una suspensión de funciones de entre seis meses y un año.
—¿Y cuál es la defensa de Lyssara? —preguntó Kael, con una tensión evidente.
—Ha presentado un argumento considerablemente sólido, según mis fuentes: sostiene que la orden original del Consejo Especial contenía una cláusula que exigía no informar a la Corona, lo cual, según ella, constituía una violación del protocolo militar establecido que exige transparencia completa hacia la autoridad real en asuntos relacionados con la seguridad del reino. —Paul consultó sus notas—. Técnicamente, su desobediencia podría interpretarse como una acción legítima de protección de los intereses superiores de la Corona, en lugar de una insubordinación simple.
—¿Crees que el tribunal aceptará ese argumento?
—Es difícil de predecir. Los tres oficiales han sido cuidadosamente seleccionados para evitar cualquier inclinación política evidente, pero eso no significa que no estén sujetos a presiones sutiles desde el propio Consejo Especial. —Paul cerró sus notas con una expresión que combinaba preocupación y una determinación renovada—. Lo que sí puedo decirte, Kael, es que Airoon ha estado moviendo influencias discretamente desde ayer, contactando a senadores cuya autoridad formal podría respaldar la posición de Lyssara.
Fue durante aquella misma tarde, mientras Kael consideraba desesperadamente qué estrategia podría emplear para ayudar a Lyssara sin empeorar su situación, cuando Vycto Lasmec, con una audacia que sorprendió a todos los presentes, solicitó formalmente una audiencia privada con Kael, una solicitud que Airoon, tras considerable deliberación, decidió permitir, aunque insistiendo en que él mismo estuviera presente durante todo el encuentro. La noticia de aquella solicitud se difundió rápidamente por los pasillos del castillo, generando una mezcla de sorpresa, especulación y una tensión considerable entre quienes comprendían la magnitud del conflicto subyacente.
—Joven Kraxter. —Vycto entró en el despacho real con la compostura calculada que Kael había llegado a reconocer como su máscara habitual, aunque esta vez, algo en su expresión sugería una disposición diferente, menos cautelosa que en encuentros anteriores. Vestía de manera impecable, sin la menor arruga en su túnica oscura, y su postura reflejaba la seguridad de quien ha tomado una decisión importante y está dispuesto a defenderla abiertamente—. Majestad. Agradezco que hayan aceptado esta reunión.