The King of Kingdoms: El Reino del Dragón

Capítulo XI: La Sombra de Francesca

Kael no durmió aquella noche, con el recuerdo del sello grabado en su memoria como una brasa que se negaba a apagarse: un círculo dividido en tres secciones, cada una marcada con un símbolo que no correspondía a ningún emblema oficial de las familias que Kael había aprendido a reconocer en sus años catalogando registros del Senado, y que sin embargo le resultaba, de un modo que no lograba explicar del todo, inquietantemente familiar. Había algo en la disposición de aquellos trazos, en la forma en que las tres secciones se entrelazaban sin tocarse del todo, que despertaba en él una sensación parecida al reconocimiento, como si una parte muy antigua de su memoria, anterior a su propia vida consciente, hubiera visto antes aquel símbolo y supiera, de algún modo que su mente racional no alcanzaba a comprender, que no se trataba de una marca cualquiera.

—¿Estás seguro de que es el mismo sello? —preguntó Doren, a la mañana siguiente, examinando el documento confiscado que Kael había apartado, con cierta discreción, del resto de la evidencia recién llegada de la operación militar en las cuevas costeras.

—Completamente seguro. Lo vi hace semanas, en la Torre de Estudios Arcanos, en uno de los documentos que Vaelith me mostró de pasada. En aquel momento no le di importancia, pero después de lo que escuché entre Kestrel y Vycto Lasmec en el Senado, no puedo evitar pensar que hay una conexión.

Doren examinó el sello con una atención minuciosa, girando el pergamino bajo la luz de la lámpara para observarlo desde distintos ángulos, y su expresión se ensombreció progresivamente a medida que el examen se prolongaba. Sus dedos recorrían el contorno del círculo sin tocarlo directamente, como si temiera que incluso el simple contacto con el pergamino pudiera transferirle algo indeseable.

—Este símbolo no pertenece a ninguna familia registrada oficialmente en el Senado —murmuró finalmente, más para sí mismo que para Kael—. Lo cual significa que quienquiera que lo use, lo usa deliberadamente fuera de los canales formales de reconocimiento, precisamente para evitar que se le pueda vincular con facilidad a ninguna facción concreta.

—¿Qué hacemos con esto?

Doren se quedó en silencio un largo momento, sopesando las opciones disponibles con la misma cautela metódica que aplicaba a cualquier decisión relacionada con el secreto de Kael. Finalmente, con un movimiento deliberadamente lento, guardó el pergamino en el estuche de cuero que usaba para documentos sensibles, cerrando la tapa con un chasquido que resonó en la sala de trabajo como una sentencia.

—Por ahora, nada directo. Pero conozco a alguien que podría reconocer este símbolo mejor que cualquiera de los dos. Alguien con acceso a información que ni tú ni yo podríamos obtener por nuestros propios medios. —Doren se puso en pie, ajustándose la túnica con un gesto nervioso que Kael no le había visto antes—. Dame un par de días. Voy a intentar hacer llegar esta información a quien pueda hacer algo útil con ella.

—¿Quién es ese alguien?

—Un viejo amigo. Alguien en quien confío lo suficiente para pedirle ayuda en esto, y lo suficientemente alejado del castillo como para que su implicación no despierte sospechas de inmediato. —Doren hizo una pausa, mirando a Kael con una expresión que combinaba determinación y una advertencia silenciosa—. No quiero que menciones esto a nadie más, Kael. Ni siquiera a los aprendices con los que sueles almorzar. Este descubrimiento es más peligroso de lo que parece a simple vista, y cuantas menos personas sepan de su existencia, más seguros estaremos todos.

A varios pisos de distancia, en el Salón de las Rosas Negras, Francesca Kaziu recibía esa misma mañana una visita que llevaba semanas esperando: un mensajero anónimo, vestido con ropas comunes sin ningún emblema identificable, que le entregó un pequeño rollo de pergamino sellado con cera simple, sin marca alguna, antes de retirarse sin pronunciar palabra.

—¿Otro de tus contactos misteriosos? —preguntó Ariel, observando el intercambio desde la puerta del salón con una ceja arqueada.

—Un contacto muy particular, esta vez. —Francesca rompió el sello y desenrolló el pergamino, leyendo su contenido con una concentración creciente que Ariel reconoció como señal de que la información recibida era, en efecto, tan relevante como Francesca había anticipado—. Parece que mi paciencia por fin empieza a rendir frutos.

—¿Qué dice?

Francesca no respondió de inmediato, releyendo el mensaje una segunda vez antes de doblarlo cuidadosamente y guardarlo en un compartimento oculto de su escritorio, uno de los muchos secretos arquitectónicos que había mandado construir en su propio salón sin que la mayoría del servicio del castillo lo supiera jamás. El compartimento se cerró con un mecanismo de madera y metal que solo Francesca sabía accionar, un detalle que Ariel había aprendido a respetar sin preguntar.

—Dice, Ariel, que un archivero del castillo ha descubierto un documento relacionado con un símbolo que llevo meses intentando identificar: la marca de una facción que opera fuera de los canales oficiales del Senado, con conexiones que podrían llegar hasta Salamer. —Francesca se levantó, acercándose a la ventana con una expresión pensativa, contemplando sin verlo realmente el jardín este que se extendía bajo su ventana—. Y dice, también, que ese mismo archivero podría ser considerablemente más interesante de lo que su posición modesta dentro del castillo sugiere a primera vista.

—¿Interesante en qué sentido?

—Todavía no lo sé con certeza. Pero llevo tiempo con la sensación de que algo se mueve bajo la superficie de Draxcan, Ariel, algo más profundo que la simple política de facciones que llevo años observando. Y cada vez que tiro de un hilo nuevo, ese hilo parece conducir, de un modo u otro, hacia el mismo castillo en el que vivimos, hacia secretos que ni siquiera mi propio hermano sospecha que existen bajo sus pies.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.